Dadas las circunstancias excepcionales de este año a causa del cierre de su basílica por los terremotos, el último domingo de septiembre se celebrará una única Eucaristía de peregrinos a las 8 horas y la de los tres cuerpos de la Hermandad a las 11 horas. La procesión será desde la Catedral.
Como ocurre durante todo este mes de cultos en honor a la Virgen de las Angustias y en su reciente Ofrenda floral, el último domingo de septiembre también trae novedades en la tradicional procesión y misa de peregrinos.
La Sagrada Imagen de la Virgen será trasladada de modo privado a la Catedral, para presidir el domingo día 27 la Eucaristía y, por la tarde, la procesión. Este traslado se realizará una vez concluya los cultos en su víspera, en la tarde del sábado 26.
Esta misa de peregrinos, que tradicionalmente en la Basílica acoge a peregrinos de toda la provincia, se concentrará a las 8 horas el domingo día 27. También la Eucaristía de los tres cuerpos de la Hermandad -Caballeros Horquilleros, Palieros y Hermanas Cofrades- será a las 11 horas.
PROCESIÓN La procesión el último domingo de septiembre saldrá desde la Catedral, comenzando el cortejo a las 16:30 horas. La Sagrada Imagen está previsto que salga a las 17:30 horas. La procesión tendrá el siguiente recorrido, iniciándose en el templo catedralicio: Plaza de las Pasiegas, Marqués de Gerona, Jáudenes, Alhóndiga, Recogidas, San Antón, Puente de Castañeda, Acera del Darro, Puente de la Virgen, Carrera de la Virgen, Plaza del Campillo, Plaza de Mariana Pineda, Ángel Ganivet, Puerta Real de España, Reyes Católicos, Plaza Isabel la Católica, Gran Vía de Colón, Cárcel Baja, Pie de la Torre, Plaza de las Pasiegas, entrada en la Santa Iglesia Catedral Metropolitana.
Según informa la Hermandad, “las promesas que deseen participar en el cortejo están citadas a las 16 horas en la Plaza de la Trinidad”.
CONTINÚAN LOS CULTOS En su templo actual, en la iglesia parroquial del Sagrario Catedral, continuarán los cultos durante este mes de septiembre, a las 12 horas y a las 19:45 horas, con la ofrenda de entidades, corporaciones, asociaciones y grupos diocesanos.
También continúa la Solemne Novena en honor a la Virgen de las Angustias, a las 19 horas con el rezo del Santo Rosario, el ejercicio de la Novena y bendición, para dar comienzo a continuación, a las 20 horas, de la Santa Misa, predicada este año por el religioso trinitario y delegado diocesano de Pastoral Bíblica, D. Ignacio Rojas Gálvez.
Las circunstancias excepcionales de este año se deben al traslado de la Sagrada Imagen con motivo del cierre de la Basílica de las Angustias, a causa de los desperfectos ocasionados por los terremotos de este verano en Granada y que se están atendiendo.
La Sagrada Imagen en su altar de cultos en la iglesia del Sagrario-Catedral.
La Sagrada Imagen de Nuestra Señora de las Angustias permanecerá en la iglesia parroquial del Sagrario Catedral “hasta el total arreglo de su Basílica de la Carrera”, informó la Hermandad, por seguridad mientras se acometen los arreglos necesarios de los desperfectos.
Desde la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, animan a participar en la Eucaristía de ese domingo en la Catedral, bien a las 8 o a las 11 horas, y lamentan “las circunstancias de este año con el cierre de la Basílica a la que acuden cada año tantos peregrinos de Granada y otras provincias en las eucaristías dominicales”.
FOTO: La Sagrada Imagen de Nuestra Señora de las Angustias, en su Ofrenda floral en la Catedral.
El pasado sábado, 19 de septiembre, falleció en la residencia Hogar de Nazaret de las Misioneras de la Sagrada Familia, en Rincón de Seca (Murcia), el sacerdote diocesano Isidro Molino Núñez, a los 85 años.
Isidro nació en Totana el 10 de agosto de 1941 y fue bautizado el día 24 del mismo mes en la Parroquia Santiago el Mayor de su localidad natal. Con 13 años ingresó en el Seminario Menor San José de la Diócesis de Cartagena, pasando después al Seminario Mayor San Fulgencio. Al terminar sus estudios fue ordenado sacerdote el 12 de junio de 1966 en la Santa Iglesia Catedral de Murcia por Mons. Pablo Barrachina y Estevan, obispo de Orihuela-Alicante y administrador apostólico de Cartagena.
Después de su ordenación ocupó los siguientes cargos pastorales:
– 1966-1967: Coadjutor de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Bullas.
– 1967-1976: Coadjutor de la parroquia San Lázaro Obispo, de Alhama de Murcia. Durante los años 1971-1976 fue director espiritual del IES Valle de Leyva de Alhama de Murcia.
– 1976-1986: Cura regente de la Parroquia Nuestra Señora de los Ángeles de Sangonera la Verde (Murcia).
– 1986: Cooperador de la parroquia La Purísima de El Palmar (Murcia).
– 1986-1997: Párroco de San Ginés de San Ginés (Murcia).
– 1992-2007: Arcipreste del Arciprestazgo nº 7: El Palmar.
– 1993-2021: Capellán del Centro Penitenciario Murcia I.
– 1994-2021: Delegado episcopal de Pastoral Penitenciaria.
– 1995-1995: Administrador Parroquial de La Purísima de El Palmar.
– 1997-2000: Capellán del Hospital General Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia.
– 1999-2021: Director del equipo de pastoral encargado de la Parroquia San Ginés de San Ginés de El Palmar.
– 2000-2021: Delegado episcopal de Pastoral Sanitaria.
– 2000-2001: Capellán del Hospital Morales Meseguer de Murcia.
– 2002-2007: Cooperador de la Parroquia La Purísima de El Palmar.
– 2005-2006: Administrador parroquial de Santa Rosa de Lima de El Palmar.
– 2008: Vicepresidente del Patronato Hospital de la Purísima de Totana.
– 2021: Pasa a Jubilado.
El Seminario Diocesano de Almería ha comenzado un nuevo curso con la incorporación de dos jóvenes al curso inicial propedéutico. Se trata de Gabriel Soler Pleguezuelo, perteneciente a la parroquia de Santa María de Albox, y Darío Rubí Nuño, de la parroquia de la Inmaculada de Balerma.
Ambos inician así la primera etapa de su camino formativo como seminaristas de la Diócesis de Almería. Durante este curso estudiarán y realizarán su formación en el Seminario Diocesano de Cartagena, junto a los seminaristas de aquella diócesis.
El nuevo curso comenzó con unos días de convivencia, celebrados del 6 al 8 de septiembre en la casa Stella Maris, en Los Urrutias. Durante esas jornadas, los seminaristas de Almería compartieron oración, reflexión y vida comunitaria con el resto de seminaristas de Cartagena.
Posteriormente, del 8 al 13 de septiembre, participaron en una tanda de ejercicios espirituales en la casa de espiritualidad Juana María Condesa, de las Esclavas de María Inmaculada, en Almansa. Los ejercicios fueron dirigidos por el jesuita Enrique Climent y estuvieron centrados en la espiritualidad ignaciana y en el discernimiento de la presencia de Dios en la vida cotidiana.
La Eucaristía de inicio de curso tuvo lugar el viernes 18 de septiembre. Durante la celebración, la comunidad del Seminario invocó al Espíritu Santo para que sea guía y ayuda a lo largo de todo el año académico y formativo.
Junto a las nuevas incorporaciones de Gabriel Soler y Darío Rubí, Pablo Torres y Francisco del Valle comienzan el primer curso; Pablo Morales pasa a tercero, y Raúl Torregrosa y José Antonio García continúan su formación en quinto curso.
Con el comienzo de las clases, los seminaristas de Almería retoman así un nuevo año de estudio, oración, convivencia y discernimiento vocacional al servicio de la Iglesia diocesana.
Disponible el informativo diocesano emitido el 20 de septiembre en COPE Granada y COPE Motril. Hablamos de catequesis y misión con motivo del Encuentro diocesano de catequistas que se ha celebrado este fin de semana. Y escuchamos a nuestro arzobispo en su Mensaje con motivo de este mes de la Virgen de las Angustias, Patrona de Granada, y especialmente con ocasión de su fiesta litúrgica el pasado día 15.
Lecturas Is55,3-9 Sal 144 Fil1,20c-24.27a Mt 20,1-16
Hay palabras del Evangelio que conocemos desde siempre y que, precisamente por eso, corremos el riesgo de dejar de interrogarnos. Las escuchamos, las repetimos, las hemos incorporado a nuestra manera de pensar la fe. Pero el Evangelio no está para confirmar sin más nuestras ideas sobre Dios. Está para convertirnos a Dios
Quizá una de las mayores dificultades de nuestra vida de bautizados sea esta: que terminemos creyendo que ya sabemos quién es Dios. Nos hacemos una imagen de Él, construimos nuestros esquemas religiosos y, poco a poco, podemos llegar a defender nuestra idea de Dios más que dejarnos transformar por el Dios que nos revela su hijo Jesús. Santísimo Cristo de la Luz, ilumina nuestras oscuridades. Enséñanos a confiar en Dios, en el Padre al que entregaste tu vida, tu espíritu. Un Padre que acoge, que busca, que espera, que levanta al que cae y que nos llama a vivir desde el amor, incluso cuando ese amor alcanza a quienes nosotros consideraríamos nuestros enemigos.
La primera lectura de Isaías nos pone en la puerta del Evangelio: «Mis planes no son vuestros planes, mis caminos no son vuestros caminos». Quizá sea esta la primera llamada que hoy nos hace el Señor, en Dalías: dejad que Dios sea Dios. No lo reduzcamos a nuestras medidas, no lo encerremos en nuestros criterios, no lo convirtamos en una justificación de lo que nosotros somos o pensamos.
¿Comprendéis por qué la parábola de los trabajadores de la viña nos resulta tan incómoda? Porque Jesús nos presenta a un Dios Padre cuya bondad desborda nuestras cuentas. Lo hemos proclamado en el salmo: «El Señor es clemente y misericordioso, bueno con todos, cariñoso con todas sus criaturas». Entonces, si Dios no se ajusta a nuestra manera de pensar, podemos sentirnos como los trabajadores de la primera hora: hemos trabajado, hemos cumplido, hemos estado ahí desde el principio… y nos cuesta aceptar que quien llegó al final reciba también lo necesario para vivir. Justamente antes de contar el Señor esta parábola acababa de decir: Mirad, «que muchos que ahora son primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros».
Pero fijémonos bien en lo que hace el dueño de la viña. No está calculando solamente el rendimiento de cada trabajador. Está mirando a la persona y a su necesidad. No paga únicamente según las horas trabajadas: da, a todos, el jornal completo que necesitan para vivir. Aquí está la novedad del Evangelio. Dios no funciona según una contabilidad de méritos. Dios no deja de ser justo, pero su justicia está atravesada por la misericordia. Dios no hace injusticia a nadie y, al mismo tiempo, es capaz de regalar aquello que nadie puede exigirle como un derecho.
Esta es una de las grandes dificultades de la fe: aceptar que la bondad de Dios no se puede administrar, repartir ni controlar desde nuestras categorías tan humanas. Nadie puede presentarse ante Él con una factura en la mano y decir: «Mira todo lo que he hecho; ahora me corresponde esto». Se nos tiene que quitar de la cabeza que no somos propietarios de derechos. Somos hijos que reciben. Y esto tiene consecuencias muy concretas para nuestra manera de vivir la fe. Debemos ensanchar el corazón.
Jesús cuestiona toda actitud religiosa que convierta la fe en una especie de contrato con Dios: yo cumplo, yo trabajo, yo rezo, yo sirvo, yo me sacrifico… y, por tanto, me debes algo Dios. Pero también cuestiona esa otra actitud, quizá todavía más peligrosa, que utiliza la propia fidelidad para mirar por encima del hombro a quien no vive como nosotros.
Lo vemos en tantas páginas del Evangelio. El hermano mayor, que siempre estuvo en casa, no comprende la alegría del padre por el regreso de su hermano. El samaritano, precisamente aquel a quien otros despreciaban, termina siendo quien se acerca y se hace prójimo. La oveja perdida provoca una alegría que deja desconcertadas a las noventa y nueve. Jesús vuelve una y otra vez sobre la misma pregunta: ¿quién crees que merece más el amor de Dios? El Evangelio nos descoloca: Dios no ama como nosotros clasificamos. No establece fronteras para su misericordia. No convierte a unos en propietarios de Dios y a otros en visitantes de segunda categoría.
Por eso tenemos que mirar también a nuestra comunidad cristiana, a nuestras hermandades, a nuestras parroquias, a nuestras familias y a nuestro propio corazón. Una hermandad no puede ser un lugar donde unos se sientan más cerca de Dios que otros. Una comunidad cristiana no puede convertirse en un espacio cerrado, reservado a quienes ya conocen las palabras, las costumbres y las maneras de hacer. La fe recibida durante muchos años no nos concede el derecho a juzgar la fe de los demás. Al contrario: cuanto más hemos recibido, más llamados estamos a servir.
Y quizá hoy el Cristo de la Luz nos esté preguntando precisamente esto: ¿qué haces con la luz que has recibido? ¿La guardas para ti? ¿La utilizas para señalar las sombras de los otros? ¿O dejas que ilumine tus pasos para salir al encuentro de quien llega tarde, de quien se ha alejado, de quien se siente indigno, de quien está herido o de quien todavía no sabe cómo acercarse a Dios? Hoy, aquí, ante el Santísimo Cristo de la Luz, no necesitamos inventarnos un Dios a nuestra medida. Necesitamos dejarnos encontrar por este Hijo que ha muerto por todos. Esta es la clave, muere por todos. Por nosotros (la humanidad) y por nuestra salvación, que decimos en el Credo.
Nuestro Dios sale a todas las horas a buscar trabajadores para su viña. Nunca se cansa de seguir llamándonos. Nuestro Dios mira la necesidad antes que el mérito. Nunca humilla al último que llega. Nuestro Dios nos pide que nadie quede fuera de nuestra mesa, de nuestra comunidad y de nuestro corazón. Por eso, querida comunidad, quizá la pregunta de este día no sea solamente cuánto hemos trabajado, sino qué clase de viña estamos construyendo entre todos.
Que el Santísimo Cristo de la Luz nos conceda esa gracia: no apropiarnos de Dios, sino dejarnos poseer por su amor; no juzgar a quienes llegan a la viña en la última hora, sino alegrarnos porque también ellos han encontrado un lugar; no vivir pendientes de lo que creemos merecer, sino agradecidos por todo lo que recibimos. Y que esta devoción tan arraigada en Dalías, no sea solamente memoria de una tradición hermosa, sino una ocasión para volver al corazón del Evangelio.
Que el Cristo de la Luz ilumine a nuestros enfermos y a quienes sufren; sostenga a quienes están cansados; acompañe a quienes se sienten solos; fortalezca a nuestras familias; bendiga a nuestras hermandades y a quienes sirven a la comunidad; y haga de Dalías una tierra donde la fe se reconozca, sobre todo, en la capacidad de acoger, perdonar y amar. Que así sea.
La III Semana de Espiritualidad del CESET San Pablo tiene lugar del 13 al 16 de octubre, a las 19.00 horas, y este curso, se fija en la espiritualidad sinodal, profundizando en las actitudes de encuentro, escucha y discernimiento.
Organizada por el Departamento de Praxis e Historia, se celebra de modo presencial en el salón de actos del CESET San Pablo (C/ Abadía de Santa Ana, 4, Málaga) pero también cuenta con la posibilidad de inscribirse y participar de forma online.
El programa de la semana es:
13 de octubre: «Haciéndonos cargo de la sinodalidad, desde el Espíritu», por la Dra. Nurya Martínez-Gayol, de la Pontificia Universidad Comillas.
14 de octubre: «Encontrarnos con Jesús para caminar juntos», por la Dra. Mariela Martínez OP, del CESET San Pablo.
15 de octubre: «La escucha activa como herramienta para una espiritualidad sinodal», por el profesor Daniel Guerrero, del CESET San Pablo
16 de octubre: «»Pues quien poco determina, poco entiende y menos ayuda« (Epp 1, 108): la decisión como paso necesario de la sinodalidad», por el jesuita Javier Gómez SJ, de la Fundación Loyola.
Este curso de extensión busca profundizar en lo indicado por el papa León XIV, en la clausura del Consistorio de Cardenales del pasado 27 de junio, «la sinodalidad no es un conjunto de reuniones ni un método de trabajo; es un estilo espiritual, nace del encuentro, crece en la escucha y madura en el discernimiento». Coste de la inscripción: 40€ (no alumnos del centro) y 28,89€ (precio reducido para alumnado matriculado en el centro y la Escuela Teológica en el vigente curso).
Plazo de inscripción: hasta el 8 de octubre de 2026.
Jesús D. Hurtado Giráldez, profesor de los centros teológicos y consiliario de la Escuela Teológica San Manuel González, es el encargado, este curso, de la lección inaugural de los Centros Teológicos. Llevará por título: «Una Iglesia en conversión, Recepción conciliar y proyección pastoral de la Diócesis de Málaga a la luz de la sinodalidad». La apertura de curso, en la que la pronunciará, tiene lugar el viernes 25 de septiembre, desde las 18.00 horas, en el Seminario diocesano.
Jesús Hurtado es párroco de San Fernando (Málaga), profesor del CESET San Pablo, consiliario de las Escuelas Teológicas San Manuel González y sacerdote referente para los ministerios laicales.
Su lección inaugural parte de su tesis doctoral, una investigación sobre el desarrollo pastoral de la Diócesis de Málaga a partir de la celebración del Vaticano II. ¿Qué le decidió por este tema? Al principio, tenía pensado profundizar en el tema de mi tesina de licencia, sobre la relación entre los conceptos del pueblo de Dios y laicos en Lumen Gentium, entre sacerdocio común de los fieles y sacerdocio ministerial. Pero al cambiar de Universidad, lo hice también de director de tesis, y este me fue orientando hacia aquí. Investigando un poco en la diócesis de Málaga, me di cuenta de que no se había celebrado un sínodo diocesano aquí desde 1909, con el último obispo malagueño, D. Juan Muñoz, que era de Antequera. Empecé a preguntarme por qué no hubo nunca un acto así, ni antes del Concilio Vaticano II, que eran más de la curia, y después, en que empezaron a ser más abiertos y corresponsables.
Con esa ausencia de sínodos diocesanos, ¿cómo hemos avanzado en la recepción de las propuestas del concilio? Tuvo que haber otros elementos que ayudaron a implementar el Concilio Vaticano II y toda la novedad que traía. A partir de los boletines de la diócesis, investigué esos otros instrumentos que ayudaron a la recepción del concilio, que parten de descubrir el valor de los laicos, la corresponsabilidad que tienen en la misión evangelizadora de la Iglesia. Y a partir de ahí, desde esos encuentros del Pueblo de Dios que hubo en la época de D. Ramón Buxarrais, o las Asambleas Diocesanas de Pastoral, que dieron lugar, primero, a unos esbozos de proyectos pastorales, y después a la época de los grandes proyectos pastorales con D. Antonio Dorado. Todo eso dio también lugar al desarrollo de los instrumentos de corresponsabilidad que se han ido implementando después del concilio, hasta la actualidad: el consejo presbiteral, el consejo pastoral diocesano, los consejos pastorales parroquiales… Todos estos instrumentos que nos ayudan también a ver que tenemos que trabajar juntos todos en la misión evangelizadora.
¿Qué aportó la Evangelii gaudium en este camino de ser la Iglesia que Dios quiere y el mundo necesita? Ha sido un soplo de aire fresco. Es verdad que ha habido muchas cosas que han ayudado a la recepción del concilio y a seguir implementándolo en nuestra Iglesia, pero Evangelii gaudium ha dado un nuevo impulso evangelizador, con la frescura que trajo el papa Francisco, y unido a dónde nace Evangelii gaudium, de esa mezcla entre la teología del pueblo, de Argentina, que es una rama de la Teología de la Liberación, y también del documento de Aparecida, meramente evangelizador. Evangelii gaudium nos ayudó también a ver que nuestra Iglesia no puede quedarse encerrada en sí misma, anquilosarse y cerrar las puertas, quedarse solo en celebrar sacramentos y poco más, sino que tiene que ser una Iglesia en salida, hacia las periferias, como decía el papa Francisco, entendidas no sólo como lo más lejanos o los más pobres, sino también ver cómo la conversión pastoral y sinodal, a la que nos invita Evangelii gaudium en nuestra diócesis, parte de las periferias que, como decía Yves Congar, son la base, el pueblo que anima a esa conversión, a ese volvernos también Iglesia en salida, y que tiene que ser corroborado por el centro, sería la jerarquía, la Iglesia también en su totalidad, que asume y acoge toda esta frescura y este proyecto de ser Iglesia en salida.
Pero aún hay mucho camino por hacer. Su trabajo está de plena actualidad, más aún con el impulso de la sinodalidad, que nos llama a ser Iglesia en conversión… ¿qué pasos destaca de este inicio de la implementación sinodal que estamos desarrollando? La Iglesia necesita estar siempre en continua reforma. Y esta reforma, desde la sinodalidad, se da en un doble proceso de conversión, pastoral y sinodal. La conversión pastoral, según la idea de Francisco, busca el paso de una Iglesia autorreferencial a una Iglesia en salida. Y la conversión sinodal, por su lado, busca el paso de una Iglesia clerical a una Iglesia corresponsable, en la que todos los miembros seamos verdaderos protagonistas de esa misión evangelizadora. Por eso, la sinodalidad es el camino hacia donde debe dirigirse esa reforma que necesita nuestra Iglesia hoy en día. Y no comienza por el cambio de estructuras, porque ya las tenemos, sino por el cambio de mentalidad, que es lo más importante. Y ese se da con el tiempo, con paciencia, en los procesos, aprendiendo… Como dice la misma palabra sínodo, caminando aprendemos también a ser Iglesia sinodal. Ya estamos dando pequeños pasos: la Asamblea de final de curso del año pasado, fruto de ese proceso de implementación del sínodo, fue un regalo para nuestra Iglesia diocesana, que se vio que tenía ganas y necesidad de volver a unirse, de seguir caminando en este proceso sinodal, de corresponsabilidad y de querer cambiar esta mentalidad de Iglesia.
Hemos hablado ya en muchas ocasiones de las actitudes de la espiritualidad sinodal, pero el camino se hace al andar. ¿Cuáles considera las herramientas imprescindibles en una comunidad sinodal? ¿Qué signos nos dicen que vamos avanzando por el buen camino? Hay cuatro actitudes básicas que podíamos implementar para seguir caminando en este estilo sinodal que buscamos. Son la escucha, el discernimiento, el diálogo y la toma de decisiones. Son como esos cuatro elementos que nos ayudan a cambiar nuestra mentalidad sinodal. Nosotros tenemos experiencia de eso y vamos avanzando en ese camino. En los últimos meses, en la diócesis se nos ha animado a hacer la conversación en el Espíritu, ese método de discernimiento que comenzó haciéndose en las etapas previas del Sínodo sobre la Sinodalidad y al que también en esta fase posterior se anima a todas las comunidades parroquiales y a todos los grupos. Creo que es una buena herramienta. Y, también, el tema de la toma de decisiones es importante porque los consejos pastorales que tenemos son consejos que no toman una decisión final, sino que lo hace la persona que está encargada de ese consejo, el responsable final. Son consejos consultivos y no deliberativos. Pero eso no quiere decir que en la decisión final que se toma no se tenga en cuenta todo lo que se discierne en ese consejo, siempre sabiendo que es el Espíritu Santo el que inspira también nuestra conciencia y nuestro entendimiento para poder dar la mejor respuesta para el bien de la evangelización de la Iglesia y poniéndose en sus manos para que no sea un proceso solo meramente humano, sino que ahí el Espíritu va actuando.
¿Cómo acoge el comienzo de desarrollo de un nuevo Plan Pastoral a la luz de este momento en que nos encontramos? Creo que nos encontramos en un buen momento diocesano, con muchas ganas de buscar ese horizonte hacia el que podamos caminar, y caminar todos juntos, como afirma la misma idea de la sinodalidad. En este plan pastoral tendremos que hacer un proceso de preparación en el que participamos todos, con esa capacidad que tenemos todos a través del bautismo y por el Espíritu Santo para discernir la mejor manera de evangelizar, de anunciar a Cristo en nuestras parroquias, nuestra diócesis, movimientos, hermandades y cofradía y en nuestras congregaciones religiosas. El Espíritu Santo es el que irá ayudándonos a ir discerniendo la mejor manera. Y después también acogiendo la decisión final que se tome, el proyecto pastoral, el plan pastoral que se realiza, y llevándolo a cabo en cada uno de nuestras parroquias. Para ello es muy necesario que todos -y especialmente los sacerdotes, que estamos ahí al frente de las parroquias, como responsables últimos- nos convenzamos, aunque también sabemos que en esto de la sinodalidad, todos somos corresponsables en la evangelización de la Iglesia.
¿A qué le gustaría ayudar con su lección inaugural? Con mi lección inaugural, me gustaría que la gente cayese en la cuenta de lo mismo que he aprendido y he podido descubrir yo. Que nuestra Iglesia diocesana es una Iglesia muy rica, que en nuestra historia, por lo menos la reciente del posconcilio, hay muchos elementos que nos hablan de este proceso que estamos haciendo, desde D. Ángel Herrera Oria hasta con nuestro obispo actual, D. José Antonio, y que nos va ayudando a conocer nuestra diócesis, una diócesis que ha estado también muy volcada hacia afuera, hacia el ad extra en lo eclesial, pastoral, en la relación de Iglesia-Mundo de la que nos habla Gaudium et spes, pero también una Iglesia que se ha ido fortaleciendo interiormente, que se ido edificando en ese ad intra. Creo que tenemos que aprender mucho de nuestra historia, de todo lo que se ha hecho, para poder también continuar viendo lo que el Señor quiere para nuestra diócesis, pero sabiendo que tenemos una rica historia y unos ricos precedentes de hombres y mujeres que han estado ahí ayudando a desarrollar el mejor estilo para evangelizar, para anunciar a Cristo en todos los rincones de nuestra diócesis.
Los Misioneros Seglares Vicencianos (MISEVI) de toda España han celebrado su 25 aniversario en el colegio de La Marina, en Torre de Benagalbón (Málaga). El encuentro congregó a casi un centenar de integrantes para tomar fuerzas y renovar, desde el bautismo, su compromiso continuo con la misión evangelizadora.
Eucaristía 25 años MISEVI celebrada en el colegio La Marina de Torre de Benagalbón
MISEVI (Misioneros Seglares Vicencianos) nació hace 25 años con el fin de «fomentar, facilitar, apoyar y coordinar la presencia y la labor evangelizadora de los laicos vicencianos en la Misión». Lo que comenzó como experiencias misioneras de verano Ad Gentes para los jóvenes de JMV terminó convirtiéndose en una opción de vida.
Desde entonces, señalan desde MISEVI, «nuestros misioneros han recorrido diversos países para transmitir los valores del Evangelio y contribuir al cambio sistémico por el que tanto trabajó San Vicente de Paúl en el siglo XVII. Nuestra relación con la Congregación de la Misión, la Compañía de las Hijas de la Caridad y otras asociaciones laicas de la Familia Vicenciana se fundamenta en la espiritualidad, el carisma y la colaboración mutua. Asimismo, MISEVI está legalmente constituida como Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD), estando inscrita en el Registro del Ministerio de Justicia y en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Como ONGD, la labor de nuestros miembros se orienta a partir de la opción preferencial por los pobres. Enfocamos nuestras acciones hacia el desarrollo humano e integral, la lucha contra la pobreza y el compromiso activo frente a las situaciones de exclusión social en los territorios donde estamos presentes».
Bajo el lema “Ser y estar en misión”, los miembtos de MISEVI acuden «allí donde el Espíritu nos llame, ya sea en misiones Ad Gentes o Ad Intra». En la actualidad, los misioneros laicos de MISEVI colaboran directamente con las comunidades más vulnerables de Bolivia y Angola, impulsando proyectos de salud, formación e integración social para transformar e impulsar la calidad de vida de las personas.
El obispo acompaña en su toma de posesión a los nuevos sacerdotes que atenderán, a partir de ahora, a la comunidad diocesana que camina en la ciudad autónoma: Antonio Jesús Sosa, párroco de Santa María Micaela; Daniel Gutiérrez, párroco de San Agustín y administrador parroquial de la Medalla Milagrosa, y el también vicario de Melilla, José Luis Pastor, párroco del Sagrado Corazón y de la Purísima Concepción.
Toma de posesión de José L. Pastor en el Sagrado Corazón de Melilla
M. REYES
El Obispo de Málaga, D. José Antonio Satué, llegó a Melilla el sábado 19 de septiembre. Allí presidió, esa misma tarde, la celebración de la Eucaristía en la parroquia del Sagrado Corazón, en una celebración en la que tomaba posesión como párroco el vicario episcopal de Melilla, José Luis Pastor. En la víspera, la comunidad daba su adiós profundamente agradecido al que ha sido su párroco y vicario de la ciudad autónoma durante los últimos ocho años, Eduardo Resa, en su última Misa, en la que participó el Presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda.
Pastor expresó, antes de realizar su juramento, la «gracias a Dios por este regalo», y confesó que llega a Melilla «con un profundo deseo de prestar servicio» a la comunidad, a la que llegan tres sacerdotes para conformar junto al diácono permanente Fernando Moreno, un equipo de cinco en total al servicio de la Iglesia en Melilla. Además, tuvo unas emotivas palabras para su predecesor, «por tanto y tan buen trabajo» realizado.
El Consejo parroquial, en nombre de la comunidad, expresó su acción de gracias también a Eduardo Resa por estos años de entrega y cercanía, y al nuevo párroco y vicario le ofreció su disposición para seguir trabajando por el bien de la Iglesia y la sociedad melillense.
Acompañados por una multitudinaria feligresía, entre ellos también representantes de las autoridades locales, y con la imagen de la patrona de Melilla, la Virgen de la Victoria, que se venera actualmente en dicho templo, la Misa fue concelebrada por los sacerdotes que dejan la ciudad y los que llegan a servir en ella. Tras la Eucaristía, los sacerdotes y el Obispo compartieron un diálogo con fieles de las distintas parroquias de Melilla.
El domingo, por la mañana, se celebró la toma de posesión de Antonio Jesús Sosa como párroco de Santa María Micaela, de cuyo nombramiento dio lectura el nuevo vicario de Melilla. La Eucaristía, también emotiva y en la que los fieles han arropado a su nuevo párroco, ha sido concelebrada junto al Obispo por los sacerdotes de la ciudad. En sus palabras a la comunidad, Sosa ha invitado a «ayudarnos unos a otros a que en nuestro caminar vayamos haciendo entre todos lo que el Señor quiere». En su homilía, D: José Antonio Satué ha destacado que «Dios nos busca, y como dice un amigo, cuando nos perdemos, establece dispositivos de rescate, por medio de personas excelentes, acontecimientos que nos obligan a detenernos y situaciones inesperadas, que nos obligan a mirar al Señor. Dios es constante porque su amor es constante».
Al mediodía, los sacerdotes han compartido el almuerzo con su pastor. Por la tarde, llega el turno de la toma de posesión de Daniel Gutiérrez como párroco de San Agustín, comunidad de la que parte el P. Víctor Hugo Andrade, C.J.M., y como administrador parroquial de la Medalla Milagrosa, que se encuentra temporalmente cerrada al culto.
La Diócesis de Almería estrena Plan Pastoral para los próximos cuatro años. Pero ¿qué significa eso en la práctica? ¿Es un documento más? ¿Qué va a cambiar en nuestras parroquias? ¿Y qué tiene que ver con cada uno de nosotros?
El nuevo Plan nace con una intención bastante sencilla: ayudar a que toda la diócesis camine en una misma dirección. No pretende convertirse en una colección de actividades ni llenar las agendas de nuevas reuniones, sino ofrecer un marco común para renovar la vida cristiana y la misión de la Iglesia en Almería. Así lo presenta nuestro obispo D. Antonio, que habla de una invitación a «caminar juntos».
Estas son diez claves para entenderlo.
Es un camino de cuatro años, no un programa para un curso
El Plan estará vigente entre 2026 y 2030. La idea no es intentar hacerlo todo inmediatamente, sino avanzar progresivamente. De hecho, cada curso tendrá una prioridad especial, aunque sin abandonar las demás: Comunión en 2026-27, Celebración en 2027-28, Caridad en 2028-29 y Evangelización en 2029-30.
Tiene cuatro grandes palabras que conviene recordar
Son el corazón del Plan: Comunión, Celebración, Caridad y Catequesis-Evangelización. No son cuatro departamentos independientes, sino cuatro dimensiones de una misma Iglesia: vivir unidos, celebrar la fe, servir y acoger, y anunciar a Jesucristo. El propio documento insiste en que unas necesitan de las otras.
Este primer año toca aprender a caminar juntos
La prioridad de este curso será la comunión. Y aquí el Plan baja bastante a tierra: mejorar los consejos pastorales, escucharnos más, favorecer la participación de los laicos, fortalecer la relación entre parroquias y diócesis, trabajar entre parroquias cercanas y evitar que cada realidad pastoral funcione por su cuenta.
Juan Antonio Plaza, nuevo Vicario de Pastoral y Evangelización, lo resume en su carta de presentación con una idea sencilla: este curso se profundizará especialmente en la comunión «con pasos concretos que nos ayuden a crecer».
No se trata de que todos hagamos exactamente lo mismo
Comunión no significa uniformidad. El Plan reconoce la diversidad de parroquias, movimientos, comunidades, cofradías, vida consagrada, carismas y sensibilidades. Lo que busca es que esa diversidad no termine convirtiéndose en aislamiento. Cada uno aporta lo suyo, pero dentro de un horizonte común.
Celebrar mejor también evangeliza
El segundo gran ámbito será la celebración. Hay propuestas muy concretas: cuidar la Eucaristía dominical, la acogida, el canto, las homilías y los signos; formar lectores, salmistas y acólitos; crear equipos de liturgia; cuidar el silencio y la belleza sobria de las celebraciones y revisar la preparación de los sacramentos para que no sea simplemente un trámite.
La caridad no es solamente cosa de Cáritas
Esta afirmación aparece con bastante claridad en el documento. La atención a los pobres y vulnerables pertenece a toda la comunidad cristiana. El Plan habla de mayores que viven solos, migrantes, familias heridas, desempleados y nuevas formas de pobreza; y propone pasar de una ayuda simplemente puntual a la acogida, el acompañamiento y la promoción de las personas.
Ya no podemos dar por supuesto que la gente conoce la fe
Aquí aparece uno de los retos más importantes del Plan. No basta con mantener lo que ya existe. La diócesis quiere potenciar el primer anuncio, acercarse también a quienes están alejados o buscando, renovar la catequesis y utilizar un lenguaje comprensible y testimonial. El documento llega a hablar de pasar de una pastoral que únicamente «conserva ritos» a una pastoral de «propuesta activa».
La catequesis no termina con la Primera Comunión o la Confirmación
El Plan quiere pasar de una catequesis pensada fundamentalmente para recibir un sacramento a verdaderos itinerarios de fe. Esto implica continuidad entre sacramentos, mayor implicación de las familias, catecumenado de adultos, formación de catequistas y propuestas para seguir vinculados a la comunidad después de la Comunión o la Confirmación.
Habrá que revisar si realmente estamos avanzando
Esta quizá sea una de las novedades más interesantes. Cada eje no contiene únicamente buenas intenciones: incluye fundamentación pastoral, objetivos, líneas de acción e indicadores de revisión. Es decir, el Plan está pensado para poder preguntarnos dentro de un tiempo qué hemos hecho, qué ha funcionado y qué debemos cambiar.
El Plan será lo que hagamos de él
Juan Antonio Plaza termina su primera carta como Vicario de Pastoral y Evangelización con el conocido relato de los dos lobos: uno alimenta el miedo, el resentimiento y el ego; el otro, la alegría, la esperanza, la generosidad y el perdón. Cuando el niño pregunta cuál vence, el anciano responde: «El que tú alimentes». Y desde ahí lanza una invitación muy concreta: el Plan será lo que queramos que sea y dependerá también de las actitudes con las que lo recibamos.
Quizá esa sea la mejor manera de leer estas páginas. Un Plan Pastoral no cambia por sí solo una diócesis. Puede quedarse en una carpeta, en una estantería o en un PDF. O puede ayudarnos a preguntarnos hacia dónde caminamos y, sobre todo, si estamos dispuestos a hacerlo juntos.
Aquí puedes leer y descargar el plan en distintas versiones: divulgativa, resumida y completa del mismo plan.