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Inicio Blog

“Cristo nos ha salvado a través del Misterio de la cruz”

Por
Arzobispo de Granada
-
4 Abr 2026
0

Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la celebración de la Pasión y muerte del Señor (Oficios del Viernes Santo), celebrada en la Catedral el 3 de abril de 2026.

Queridos hermanos sacerdotes, diácono, seminaristas;
miembros de la vida consagrada;
queridos hermanos y hermanas, que os habéis dado cita en esta celebración de la Pasión del Señor en la Catedral de Granada;
queridos hermanos y hermanas, que también nos seguís a través de la voz de Televisión Española, desde vuestras casas, especialmente los enfermos, los que estáis impedidos:

Estamos celebrando el Viernes Santo. Y dentro del Viernes Santo, esta celebración peculiar de la liturgia de la Iglesia, que es la celebración de la Pasión del Señor. Acaba de ser proclamada la Palabra de Dios. En la primera lectura, tomada del Libro de Isaías, en concreto del Cuarto Cántico del Siervo de Yahvé, se hace como el boceto de lo que sería la Pasión de Jesús, siglos antes.

Se nos presenta el Siervo de Yahvé el que carga con los pecados del pueblo, el que sufre por el pueblo. Aquel cuyo sufrimiento es redentor, es el sufrimiento vicario. El pueblo en sus pecados, en sus debilidades, el pueblo de Israel tiene un valedor: el Siervo de Yahvé. Él sufre por todos, pero esa figura que fue desdibujándose es en uno de los títulos que precisamente se le atribuye a Jesucristo. Él se llama a sí mismo el Hijo del Hombre Glorioso, pero, a su vez, y no lo entienden las autoridades de Israel, es el Siervo de Yahvé. Por eso, cuando le preguntan a Jesús en el juicio, en el Tribunal Supremo israelita, “te conjuro por el Dios vivo que nos diga si tú eres el Mesías”, Jesús responde con el sufrimiento: “Cómo vas a ser tú, le dicen el Mesías, si eres un simple hombre con quien podemos acabar”.

En su debilidad se presenta el Siervo de Yahvé con toda esa lista de sufrimiento, que nos describe de manera magistral el Evangelista Juan en el Evangelio que ha sido proclamado y es el Evangelio del Viernes Santo. Ese Jesucristo que se entrega por nosotros. Ese Jesucristo como sacerdote y víctima al mismo tiempo. Es el Sacerdote de la Nueva Alianza que con ese sufrimiento redime al pueblo, como nos ha dicho la Carta a los hebreos. No tenemos un sumo sacerdote, nos ha dicho que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino igual a nosotros excepto en el pecado. Y la consecuencia, queridos hermanos y hermanas, es que podemos acercarnos confiadamente al trono de la Gracia, como dice la Carta a los hebreos, “a fin de obtener el socorro oportuno”.

Cristo nos ha salvado y nos ha salvado a través del misterio de la cruz, a través de la entrega y del sufrimiento. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”, nos ha dicho Jesús. Y él da su vida por nosotros. “Si el grano de trigo -nos ha advertido- no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto”. Por eso, de ese anonadamiento, de ese sufrimiento de Cristo hasta la cruz, es exaltado, es el Mesías redentor. Y esa cruz, para el evangelista Juan, no solo es el final, sino que es el trono del Hijo de Dios. Y él realmente es coronado en forma de burla en el juicio. Pero él realmente es rey, como le deja claro en ese juicio político Pilato, cuando le pregunta “¿tú eres rey? – ‘Tú le has dicho, yo soy rey, para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad’”. Y la respuesta de Pilato, “¿y qué es la verdad?”. Una pregunta que se queda precisamente sin respuesta; es la figura del escéptico. Qué contraste. Jesús a partir de entonces, prácticamente calla ante Pilato.

Es el inocente que se entrega por nosotros. Es el Salvador que asume el sufrimiento humano y se hace solidario de todo sufrimiento humano. Por eso, el misterio de la cruz es tan grande. Y es la señal del cristiano, queridos amigos. Cuando de pequeños se nos preguntaba en el Catecismo, ¿cuál es la señal del cristiano?”. Y respondíamos, “la señal del cristiano es la Santa Cruz”. Y la pregunta siguiente era, “¿y por qué la señal del cristiano es la Santa Cruz?”. Porque en ella murió Jesucristo, para redimir a los hombres.

Es muy fácil llevar una cruz externa…, aunque hoy a muchos les molesta incluso las cruces en nuestros caminos, aunque de manera externa, en una cultura cristiana, en nuestras calles, en nuestros pueblos, parece que quieren esconder la cruz de Cristo. Pero la cruz está ahí. Está existencialmente en nuestras vidas, aunque nos duele, pero está ahí. Siempre aparece en la vida del hombre, de una manera o de otra, cada uno la suya. Y el Señor nos ha dicho que, si queremos seguir, hemos de tomar la cruz de cada día, esa cruz hecha a nuestra medida. Que, si abrimos los ojos, nos damos cuenta que los demás también la llevan y mucho más grande que la nuestra. Esa cruz, que, cuando somos comprensivos, cuando la sabemos ofrecer en medio del dolor, del sufrimiento, de la soledad, en vez de amargarnos, en vez de escandalizarnos, vemos en ella la sabiduría de Dios, el sacrificio, el amor sacrificado que se entrega por nosotros. Y nosotros a través de ese sufrimiento, de esa entrega, podemos hacerlo por los demás, en la vida de familia, en nuestras relaciones sociales.

Queridos hermanos y hermanas, descubramos la cruz de cada día. En este mundo nuestro, en el que parece que vamos buscando solo el placer, solo el tener, solo el éxito, solo el poder, se nos levanta la cruz para decirnos que es lo más humano, lo más comprensible. Ahí está Cristo. Y sabemos encontrar en las cruces de los demás a ese Cristo sufriente, con el que Cristo se solidariza y carga sobre sí el sufrimiento de la humanidad.

Cristo sabe de nuestros dolores, de nuestras angustias, de nuestras penas, de nuestros sufrimientos. Nada humano le es ajeno. Él le dice al hombre, como dice el Concilio, lo que debe ser el hombre. Él es la suprema vocación del hombre. Por eso, adoramos su cruz. El pueblo cristiano la invoca en el viacrucis y, al fin y al cabo, la vida es un viacrucis, es un camino de cruz. Dice, “te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”. Por la cruz se llega a la resurrección. Por la entrega y el sacrificio se vive el amor más espléndido, el que da fruto. Quien quiera liberarse de la cruz, quien quiera apartar el dolor en su vida, quien no quiera entender nada de la entrega y del sacrificio, va a vivir en la esterilidad, va a vivir en la soledad. En cambio, cuando sabemos ser comprensivos y aceptamos sobre nosotros las cruces de los demás como cirineos, viene la alegría y hacemos un mundo mejor. Ahora, eso sí, no seamos cruces para los demás, no crucifiquemos a los demás.

En esta celebración se nos muestra la cruz. Pero también desde esa cruz que Cristo ora por nosotros, nosotros oramos también por los demás en la oración universal que haremos dentro de un momento. Y ahí va una oración para todo el mundo, para todos. Y os pido que, especialmente, tengamos la intención de pedir por la paz, de pedir para que cesen las guerras, de pedir para que nuestro mundo no entre en la locura del enfrentamiento, que siegue la vida de los más jóvenes, que provoque las catástrofes en las poblaciones más debilitadas.

Queridos hermanos, ahora en la oración universal junto a Cristo, pidamos por la paz, pidamos por las necesidades de unos y otros, y preparémonos para la victoria de Cristo, que, en la Resurrección, el mal no tiene la última palabra. Celebramos la muerte de Cristo. Pero, proclamamos su Resurrección y esperamos Su Venida gloriosa. Cristo ha vencido. Nosotros, si le seguimos, venceremos también.

Que María, junto a la cruz de Jesús, que ha sido entregada como madre nuestra, también nos ayude, también nos acoja, y nosotros a Ella, que, como hemos escuchado en el Evangelio, el discípulo amado, en el que estamos representados todos y cada uno de nosotros, la recibió como algo propio.

María forma parte inseparable del Misterio cristiano. Y así la queremos.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

3 de abril de 2026, Oficios Viernes Santo
Catedral de Granada

La Catedral celebra la Pasión y Muerte del Señor presidida por Mons. Mazuelos

Por
Diócesis de Canarias
-
4 Abr 2026
0

La Catedral de Canarias acogió este Viernes Santo la solemne celebración de la Pasión y Muerte del Señor, presidida por el obispo de la diócesis, Mons. José Mazuelos, en una liturgia marcada por el silencio, la contemplación y la centralidad de la Cruz.

Durante la celebración, Mons. Mazuelos destacó el profundo significado de la Cruz como expresión suprema del amor de Dios hacia la humanidad. En su reflexión, subrayó que la muerte de Cristo no es un signo de fracaso, sino la manifestación de una entrega total que abre el camino a la salvación.

El obispo invitó a los fieles a contemplar la Cruz no solo como un símbolo de sufrimiento, sino como un signo de esperanza, donde se revela el sentido del dolor humano a la luz del amor redentor de Cristo.

Asimismo, animó a los presentes a reconocer en la Cruz las realidades de sufrimiento que atraviesan muchas personas en el mundo, especialmente los más pobres y vulnerables, recordando que en ellos se hace presente el mismo Cristo crucificado.

La liturgia incluyó la proclamación de la Pasión según el Evangelio, la adoración de la Cruz —uno de los momentos más intensos de la celebración— y la comunión con las formas consagradas en la Eucaristía del día anterior.

Viernes Santo. «La muerte no tiene la última palabra»

Por
Diócesis de Tenerife
-
4 Abr 2026
0

La Catedral de La Laguna acogió los cultos del Viernes Santo. El obispo, Eloy Santiago, presidió la celebración que comenzaba en silencio, con el gesto de «postración» delante del altar.

En su homilía, monseñor Santiago destacó que hoy la liturgia nos invita a saber mirar. “Mirarán al traspasado, es la invitación del relato de la Pasión. Asimismo, en la adoración de la Cruz se nos invita a mirar el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo”.

Tras este punto de partida, el obispo hizo hincapié en la contemplación del misterio asombroso de la muerte de Jesús. “Cristo, en su actitud filial de Hijo, se ha convertido en sumo sacerdote aprendiendo a obedecer y haciendo la voluntad del Padre. Ante el misterio del sufrimiento y de la muerte, nos quedamos sin palabras, en silencio. Pero un silencio cargado de esperanza ya que sabemos que la muerte no tiene la última palabra”.

Al hilo de esta idea, Santiago añadió que la esperanza cristiana da la fuerza necesaria ante las pruebas de la vida. “Nuestra esperanza tiene sentido en Dios. Cristo, en la cruz, cargó con nuestros pecados. Él nos invita a mantener firme la confesión de la fe, que es promesa de vida eterna”.

El obispo nivariense también tuvo un sentido recuerdo a nuestros hermanos cristianos perseguidos y aquellos que viven en Tierra Santa.

Después de la homilía se realizó la oración universal, la adoración de la Cruz y se pudo comulgar a partir del pan consagrado en la Misa del Jueves Santo.

Sábado santo, el silencio

Por
Diócesis de Málaga
-
4 Abr 2026
0

Cada día de la Semana Santa en diálogo con María, a través de la obra del sacerdote Alfonso Crespo “La Pasión desde una mirada femenina”.

Una tradición popular ha hecho oración contemplativa el inmenso dolor de María. Meditar el misterio del dolor de María es, sobre todo, contemplar su inmenso amor. Un amor a Cristo como no ha existido nunca otro semejante en este mundo. Un amor llevado, a imitación de Cristo, hasta el extremo. El dolor de María se mide con la medida del amor. Y sólo el amor hace creíble y soportable el sufrimiento. Sufrir, si es por amor, es donación y entrega. Al amor hasta el extremo de Jesucristo, responde María con amor desbordado; por ello, también, al dolor sin medida del Hijo responde la Madre con la plenitud de los siete dolores.

-Cuéntanos tú, Madre, este mar de dolores, que nos adentra en la historia de tu Hijo. Dinos cómo aprender a descubrir que el dolor y la muerte, cuando es por amor, es dolor de bálsamo, y muerte que engendra vida.

-Quedé en la más profunda soledad… Comenzaban los días más largos. ¡Sin poder contemplar a mi Hijo, para qué me sirve la mirada!

La reflexión diaria de Mons. Satué en Cope Málaga: Viernes Santo

Por
Diócesis de Málaga
-
4 Abr 2026
0

El obispo de Málaga, José Antonio Satué, ofrece cada día de la Semana Santa una reflexión previa a la retransmisión diaria de las procesiones por parte de la Cadena COPE.

Los jiennenses se postran ante la Cruz, en un día “para dejarnos alcanzar por el amor de Cristo”

Por
Diócesis de Jaén
-
3 Abr 2026
0

El Viernes Santo ha comenzado en la Catedral de Jaén con el rezo solemne de Laudes a primera hora de la mañana. Ya por la tarde, a las 17 horas, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha presidido la celebración de la Pasión del Señor en el primer templo de la Diócesis.

Una ceremonia marcada por la sobriedad, con el altar desnudo, el presbiterio sin ornamentación y el templo en penumbra, invitando al recogimiento y a la contemplación del misterio de la Cruz.

El Obispo, revestido con casulla roja y mitra, pero sin anillo ni báculo, ha iniciado la celebración en silencio junto a los concelebrantes. Sin cruz procesional, ciriales, incienso ni Evangeliario, han avanzado hasta el presbiterio. Allí, el Obispo ha dejado la mitra y se ha postrado ante el altar durante unos instantes, gesto que han acompañado los ministros asistentes, mientras el resto de los fieles permanecía de rodillas.

Don Sebastián ha estado acompañado por el Provicario General de la Diócesis, D. José Antonio Sánchez; el Canónigo y Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz; y otros miembros del Cabildo catedralicio como D. Juan García, D. Juan Herrera, D. Antonio Aranda, D. Manuel Carmona, D. Antonio Lara. También han participado el diácono permanente Manolo Rico;los seminaristas, que han acompañado con sus cantos, y el canónigo y organista, D. Alfonso Medina.

A continuación, las lecturas han sido participadas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte y el salmo por el seminarista Guillermo Pérez. El relato de la Pasión, según san Juan, ha sido cantado por D. Juan Francisco Ortiz y los seminaristas Faustine Frolianus y Salvador Ruiz.

Homilía

El Obispo ha comenzado su predicación recordando que “la Iglesia en este día no celebra la Eucaristía. Hoy calla, escucha, ora y contempla; nos pone ante la Cruz del Señor. Y ante ella sobran las palabras vacías. Ante ‘el estupor’ del gran amor contemplado en la Cruz, entramos en un verdadero abismo de adoración y de gratitud”.

Asimismo, ha subrayado que la Pasión según san Juan deja en el alma dolor, pero también una profunda paz. “Porque en medio de la injusticia, de la violencia y del odio, Jesucristo no aparece simplemente como una víctima arrastrada por los acontecimientos, sino como el Hijo que se entrega libremente por la salvación del mundo. Por eso, hoy no recordamos sólo un hecho pasado. Hoy adoramos el amor más grande que ha entrado en la historia: el amor de Cristo, Siervo sufriente, Sumo Sacerdote compasivo y Cordero que quita el pecado del mundo”.

En este sentido, Don Sebastián ha recordado que la Pasión “deja al descubierto la verdad del corazón humano. En torno a Jesús aparecen la cobardía de Pilato, la dureza de los sumos sacerdotes, la violencia de la multitud, la debilidad de los discípulos. Todos fallan. Todos, de un modo u otro, se apartan de la verdad. Y ahí estamos también nosotros. El Viernes Santo no es sólo el relato del pecado de otros. También nosotros cedemos al miedo, al interés, a la comodidad, al respeto humano. También nosotros, muchas veces, no somos fieles”. Para añadir: “Al mirar al Crucificado, cada uno puede decir: soy amado. A pesar de mis caídas, de mis incoherencias y de mi pobreza, soy amado. En Cristo con los brazos abiertos, Dios nos sigue acogiendo, perdonando y llamando”.

El Prelado jiennense, además, ha apelado a la conversión y a la esperanza cristiana, afirmando que la cruz nos obliga a reconocer esta verdad: “nuestro mundo no es inocente, y nosotros tampoco. Somos pecadores necesitados de salvación. Pero el pecado no tiene la última palabra. La última palabra la tiene el amor de Dios. El profeta Isaías nos ha presentado al Siervo sufriente que carga con nuestros dolores y pecados. Cristo es el Siervo sufriente, el que se entrega por nosotros. Toma sobre sí nuestra culpa para abrirnos un camino nuevo”.

Finalmente, ha invitado a los fieles a la adoración y a la contemplación del misterio de la Cruz, destacando que “dentro de unos momentos vamos a adorar la Cruz. No adoramos un madero, sino a Cristo que nos ha amado hasta el extremo. La cruz es el lugar donde ‘se revela la gloria de Dios’: una gloria que no aplasta, sino que salva; que no humilla, sino que levanta. Y pidamos al Señor que este Viernes Santo no pase superficialmente por nuestra vida. Que la cruz no sea sólo un gesto externo, sino el lugar donde renace nuestra fe y se renueva nuestra manera de vivir”.

Tras la homilía, y durante la oración de los fieles, se ha pedido por la Santa Iglesia; por el Papa; por todos los ministros y por los fieles; por los catecúmenos; por la unidad de los cristianos; por el pueblo judío, el primero a quien habló Dios; por los que no creen en Cristo; por los que no creen en Dios; por los gobernantes; y por los atribulados.

Adoración de la Cruz

Uno de los momentos de mayor recogimiento ha sido la adoración de la Cruz. El Cristo de las Misericordias, una talla de Gutierre Gierero, ha sido llevado por el diácono permanente, acompañado por dos seminaristas, desde el coro hasta el presbiterio, proclamándose en tres ocasiones: «Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo».

A continuación, el Obispo, despojado de la casulla y descalzo, ha venerado la Cruz, seguido por los presbíteros, seminaristas y fieles.

Posteriormente, se ha distribuido la Sagrada Comunión con las formas consagradas en la celebración del Jueves Santo, reservadas desde el día anterior.

Bendición con el Santo Rostro

Al concluir la celebración litúrgica se ha llevado a cabo una de las tradiciones particulares de la Iglesia de Jaén. El Obispo ha subido hasta los balcones exteriores de la Catedral para bendecir, con el Santo Rostro, la ciudad de Jaén, sus habitantes y sus campos, desde los cuatro puntos cardinales.

La celebración del Sábado Santo comenzará a las 9 de la mañana con el rezo de los Laudes y culminará con la Solemne Vigilia Pascual, que tendrá lugar a las 22:30 horas en la Catedral, presidida, también, por nuestro Obispo.

Galería fotográfica: “Viernes Santo”

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El arzobispo de Sevilla: «Ante la cruz de Cristo, nadie queda fuera del horizonte del amor de Dios»

Por
Archidiócesis de Sevilla
-
3 Abr 2026
0

El arzobispo de Sevilla: «Ante la cruz de Cristo, nadie queda fuera del horizonte del amor de Dios»

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha presidido esta tarde en la Catedral de Sevilla la celebración de la Pasión del Señor, en la que se contempla la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y se adora su Cruz.

En la celebración litúrgica ha participado el nuncio apostólico en Gran Bretaña, monseñor Miguel Mauri Buendía, y el deán del Cabildo Catedral, Francisco José Ortiz Bernal, representantes del clero y laicado sevillano, así como de la vida consagrada. Asimismo, por parte de las autoridades civiles han asistido representantes de la corporación municipal.

«Cristo se entrega por amor; carga con nuestros pecados»

En su homilía, el arzobispo de Sevilla ha recordado a los presentes que «en la tarde del Viernes Santo la Iglesia se recoge en un silencio sobrecogedor. Hoy la Iglesia contempla, adora y se deja herir por el amor de Cristo crucificado».

«La Iglesia proclama cada Viernes Santo que Cristo no padece por azar, ni simplemente por la crueldad de los hombres, ni solo como víctima de una injusticia», ha apuntado. «Cristo se entrega por amor; carga con nuestros pecados; toma sobre sí el peso del mal del mundo para reconciliarnos con el Padre».

Asimismo, monseñor Saiz ha explicado que los misterios del Jueves Santo, Viernes Santo y Vigilia Pascual «son un único misterio», pues lo que comenzó en la Cena del Señor «encuentra hoy su dramático cumplimiento». «La Eucaristía y el Calvario son inseparables- añadió-. El Cuerpo entregado y la Sangre derramada, ofrecidos sacramentalmente el Jueves Santo, son hoy ofrecidos de modo cruento en el sacrificio de la cruz.

El prelado hispalense ha pedido unirse al papa León XIV en su oración por la paz del mundo, especialmente en Oriente Medio: «Nos unimos a su llamada a los gobernantes a deponer las armas, a dialogar, a contemplar a Jesús, Rey de la paz, a vivir la bienaventuranza de la paz, a ser constructores de reconciliación y de paz».

Por otro lado ha apelado a contemplar al Señor en la Cruz «con fe, con amor y con agradecimiento, con humildad» y cargar con la cruz de cada uno, «sabiendo que los sufrimientos que lleva consigo reciben el sentido redentor que la cruz de Jesús proyecta sobre ellos». Por último, ha invitado a los presentes a que la celebración » nos adentre de tal modo en el misterio de la Pasión del Señor, que podamos llegar con alma purificada y corazón renovado a la luz gloriosa de la Pascua.

La liturgia del Viernes Santo

El segundo día del Sagrado triduo Pascual es una celebración litúrgica que consta de tres partes: la Liturgia de la Palabra, la Adoración de la Cruz y la Sagrada Comunión. La liturgia de la Palabra muestra cómo las antiguas profecías mesiánicas se cumplieron en la pasión y muerte de Jesús. De esta manera resonó en las naves de la catedral el canto solemne de la proclamación de la Pasión y Muerte según el evangelista San Juan. A continuación y antes de la adoración de la Cruz, tuvo lugar la oración universal, que expresa el valor universal de la Pasión de Cristo, clavado en la Cruz para la salvación de todo el mundo. Posteriormente, se ha llevado a cabo la entronización y adoración de la Cruz, momento cumbre de estos oficios. Finalmente, ha tenido lugar la Sagrada Comunión, con el Santísimo Sacramento reservado ayer jueves en el Monumento de la Capilla Real. El signo propio de hoy es la imagen del Crucificado.

El Sábado Santo, la Vigilia Pascual comenzará a las once de la noche con el rito del fuego en la Puerta del Príncipe de la Catedral de Sevilla.  La cadena de televisión TRECE retransmitirá la vigilia pascual desde la catedral de Sevilla.

Enlace al canal TV de la Catedral de Sevilla a la Celebración de la Pasión del Señor

Galería de fotos: Miguel Ángel Osuna

 

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Viernes Santo, silencio y adoración de la cruz, ante la muerte del Señor

Por
Archidiócesis de Granada
-
3 Abr 2026
0

Celebrados los Oficios de la Pasión y muerte del Señor, presididos en la Catedral por nuestro arzobispo.

Silencio, recogimiento, sobriedad. Así ha sido la liturgia que se celebra hoy Viernes Santo, en los Oficios de la Pasión y muerte del Señor, en la que se conmemora la expiración del Señor en la cruz, a la espera de la resurrección gloriosa.

En la Catedral, los Oficios han sido presididos por nuestro arzobispo, concelebrada por miembros del Cabildo catedralicio, con la participación de los seminaristas y la comunidad de fieles. En silencio, comenzó una liturgia en la que el arzobispo se postró de cuerpo tendido en el suelo, ante el altar, junto a los sacerdotes concelebrantes, de rodillas.

Tras el relato de la pasión del Señor, en el que Jesús es condenado a muerte y una muerte en la cruz, la adoración de la cruz ha concentrado el momento central litúrgico, junto a la comunión procedente de la consagración en los Oficios del Jueves Santo, ya que hoy no se ha celebrado una Eucaristía.

Por la nave central, y bajo el himno “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del mundo, venid a adorarlo”, la cruz de Cristo atravesaba la Catedral hasta el altar, portada por el rector del Seminario Mayor San Cecilio y miembro del cabildo catedralicio, D. Moisés Fernández. En ese punto, los fieles fueron desfilando ante la cruz del Señor, adorándola con una genuflexión o inclinando la cabeza, y la oración interior.

En la oración de los fieles, entre otras, se ha pedido por la paz, por las familias, por los enfermos y abandonados, y también por quienes no creen en Dios o no creen en Jesucristo, para que el Espíritu Santo le lleve hasta Él.

La colecta de este Viernes Santo se destina al sostenimiento de los Santos Lugares en Tierra Santa, es decir, los lugares en los que Jesús nació, creció, ejerció su ministerio público, fue condenado en la cruz, padeció, murió y resucitó.

EL SENTIDO DE LA CRUZ REDENTORA
En sus palabras durante la homilía, Mons. Gil Tamayo ha hablado del sentido de la cruz, que todos llevamos en nuestra vida “de un modo o de otro”.

“En este mundo nuestro, en el que parece que vamos buscando solo el placer, solo el tener, solo el éxito, solo el poder, se nos levanta la cruz para decirnos que es lo más humano, lo más comprensible. Ahí está Cristo. Y sabemos encontrar en las cruces de los demás a ese Cristo sufriente, con el que Cristo se solidariza y carga sobre sí el sufrimiento de la humanidad”.

“Cristo sabe de nuestros dolores, de nuestras angustias, de nuestras penas, de nuestros sufrimientos. Nada humano le es ajeno. Él le dice al hombre, como dice el concilio, lo que debe ser el hombre. Él es la suprema vocación del hombre. Por eso adoramos su cruz. El pueblo cristiano la invoca en el viacrucis y, al fin y al cabo, la vida es un viacrucis, es un camino de cruz”, explicó.

Nuestro arzobispo profundizó en el sentido de vida que es la cruz redentora de Cristo, en su entrega amorosa y vicaria por cada uno de nosotros. “’¡Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo!’. Por la cruz se llega a la resurrección. Por la entrega y el sacrificio se vive el amor más espléndido, el que da fruto˝.

“Quien quiera liberarse de la cruz, quien quiera apartar el dolor en su vida, quien no quiera entender nada de la entrega y del sacrificio, va a vivir en la esterilidad, va a vivir en la soledad. En cambio, cuando sabemos ser comprensivos y aceptamos hoy nosotros las cruces de los demás como cirineos, viene la alegría y hacemos un mundo mejor”.

ESCUCHAR HOMILÍA

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Mons. Gómez Sierra invita a contemplar en la Cruz la plenitud de la revelación de Dios en el Viernes Santo

Por
Diócesis de Huelva
-
3 Abr 2026
0

La Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Merced ha acogido este Viernes Santo, 3 de abril, a las 17:00 horas, la solemne celebración de la Pasión del Señor, presidida por el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra. Numerosos fieles, junto al presbiterio catedralicio, se han congregado para participar en esta liturgia central del Triduo Pascual, en la que la Iglesia contempla la entrega de Cristo por la salvación del mundo.

La celebración ha comenzado en silencio, con el altar despojado, signo del despojamiento de Cristo en su Pasión. En la liturgia de la Palabra, la primera lectura, tomada del libro del profeta Isaías (Is 52, 13—53, 12), ha presentado la figura del Siervo sufriente, que carga con los pecados de la humanidad, anticipando el misterio redentor de Cristo.

A continuación, la segunda lectura, de la carta a los Hebreos (Hb 4, 14—7, 28), ha invitado a contemplar a Cristo como el sumo sacerdote que, habiendo pasado por el sufrimiento, se muestra cercano a la debilidad humana y mediador de la nueva alianza.

La proclamación de la Pasión del Señor según san Juan ha constituido el centro de la celebración, vivida por la asamblea en un clima de silencio y contemplación, que ha ayudado a profundizar en el amor extremo de Cristo entregado en la Cruz.

En su homilía, Mons. Gómez Sierra ha recordado que “este relato de la Pasión, Muerte y Sepultura del Señor es un relato que nos sobrecoge”, invitando a los fieles a adentrarse en su profundidad para conocer verdaderamente a Dios. En este sentido, ha subrayado la paradoja del misterio cristiano, al afirmar que “todo lo que diríamos que es opuesto a nuestra imagen de Dios” se manifiesta en la Cruz, donde Cristo se entrega hasta la muerte.

El obispo ha destacado que la Pasión no es un elemento secundario, sino el centro de la revelación, señalando que “la Pasión de Jesús es la plenitud de la revelación de Dios”, y advirtiendo que, si no se comprende a Cristo desde ella, “Dios será un Dios fruto de nuestra ensoñación, pero no el Dios que se nos ha revelado en Jesucristo”.

Asimismo, ha querido acercar este misterio a la vida concreta de los fieles, recordando que Dios no permanece distante ante el sufrimiento humano: “Dios no nos escucha desde fuera, sino desde dentro de ese dolor”, animando a vivir con esperanza las propias cruces y a descubrir en ellas la cercanía del Señor.

El prelado ha concluido invitando a reconocer a Cristo en quienes sufren, exhortando a que “sepamos también reconocer en cada persona que lleva el dolor el rostro de Cristo crucificado”, para salir a su encuentro con caridad.

Tras la oración universal, en la que la Iglesia ha elevado súplicas por toda la humanidad, ha tenido lugar la adoración de la Cruz, uno de los momentos más significativos de la celebración. Los fieles se han acercado con recogimiento para venerar el signo de la salvación, expresión de la fe en el misterio pascual.

La celebración ha concluido con la distribución de la Sagrada Comunión, con las formas consagradas en la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, en un clima de silencio y profunda adoración.

La Diócesis de Huelva continúa así la celebración del Triduo Pascual, que alcanzará su culmen en la Vigilia Pascual, en la noche del Sábado Santo, corazón de la vida cristiana.

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Granada ora a Dios y guarda silencio

Por
Archidiócesis de Granada
-
3 Abr 2026
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Oración de las cinco llagas en el Campo del Príncipe, dirigida por nuestro arzobispo, en presencia de la Imagen de la Soledad de Nuestra Señora y del Cristo de los Favores en piedra. En la oración: los enfermos, los ancianos, las familias, jóvenes y niños, la paz en el mundo…

A las tres de la tarde, la misma hora en que Cristo expiró en la cruz, la tierra tembló y el velo del Templo se rasgó, como nos narran los Evangelios, Granada enmudeció en el Campo del Príncipe.

En la hora nona (tres de la nona), y como es costumbre desde hace décadas, los granadinos guardaron un hondo silencio ante el Cristo de los Favores que preside en piedra la Plaza, y ante la Sagrada Imagen de la Soledad de Nuestra Señora, que desde la iglesia de Santo Domingo partió momentos antes con la Hermandad de la Cañilla. Un silencio anunciado momentos antes con el sonido del cornetín, conmemorando la expiración de Jesucristo en la cruz.

Momentos antes, tenía lugar el rezo de la Hora Nona, en presencia de nuestro arzobispo D. José María, quien, en la oración de las cinco llagas, dirigió unas palabras y distintas peticiones a Dios, en este viernes de silencio.

Mons. Gil pidió a Dios por la paz en el mundo, por los enfermos, los mayores, quienes están en situación de soledad, los jóvenes, especialmente para quienes tienen dificultades en encontrar una vivienda digna, por los más pequeños y por las familias, especialmente aquellas con dificultades para llegar a fin de mes.

Y por todos ellos el arzobispo ha invitado a sumarse en oración a todos los granadinos, además de pedir aquello que cada uno lleva en su corazón, de tal forma que “en Granada, no hay gente que se quede atrás, para que vayamos todos por igual”, siguiendo “la búsqueda del bien común y no de lo particular”.  

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