Acompañados por voluntarios y funcionarios, ocho internos del Centro Penitenciario Murcia II de Campos del Río peregrinaron a Santiago junto a peregrinos de toda España.
Quince peregrinos procedentes del Centro Penitenciario Murcia II de Campos del Río (ocho internos acompañados por voluntarios, funcionarios del centro y el capellán) peregrinaron el sábado a Santiago de Compostela para participar en la quinta edición del Camino de Santiago Penitenciario, organizado a nivel nacional por el Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española bajo el lema Dios te ama como eres, pero te sueña mejor.
Los peregrinos partieron el pasado miércoles desde Campos del Río para completar tres etapas completas del Camino Francés. Al llegar al Monte do Gozo se reunieron con los otros grupos que participaban en este Camino de Santiago Penitenciario: 365 personas en total; 200 de ellas privadas de libertad, procedentes de más de 20 prisiones españolas y acompañadas por funcionarios, voluntarios, sacerdotes y también por representantes de instituciones y autoridades. Desde allí llegaron a Santiago de Compostela y participaron juntos en la Eucaristía.
Es la segunda vez que el Centro Penitenciario Murcia II de Campos del Río se suma en esta peregrinación. Participó el año pasado acompañando a ocho internos y en esta ocasión un nuevo grupo de reclusos ha podido vivir esta experiencia, que el capellán, Antonio Sánchez Martínez, valora como muy positiva. «Ha sido muy emocionante para los que han participado; las etapas eran duras y ha habido lesiones, pero ellos han seguido etapa tras etapa porque querían llegar a la tumba del Apóstol». Una experiencia que ha supuesto para los internos un encuentro con Dios y con los demás: «En el camino tuvimos una celebración penitencial que les ha tocado el corazón, además de muchos ratos de oración, de encuentro, de celebrar la Eucaristía… han visto que en el camino hay otros que los acompañamos y que la libertad se puede conseguir; que se puede ser libre de muchas cosas, no solamente de la cárcel».
Junto al obispo en la fiesta de la Virgen de la Merced
El sábado anterior, el 26 de septiembre, el Centro Penitenciario Murcia II celebró en fiesta trasladada a la Virgen de la Merced, patrona de los reclusos, de las instituciones penitenciarias y de sus trabajadores. Lo hizo junto al obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, que visitó este centro, conversó con internos y funcionarios, y presidió la Eucaristía.
«Se respiraba ambiente de fiesta; el salón que hace de capilla estaba lleno», comparte sor María de Cortes Astasio, hija de la caridad de san Vicente de Paúl y una de las voluntarias de la Pastoral Penitenciaria. «El obispo reveló a los internos que los tiene muy presentes en su oración todos los días y les dijo que no hay nada mejor que acudir al abrazo de una Madre que nunca nos falla; por muy perdidos que nos sintamos, ella siempre permanece, nunca nos olvida y nos lleva hacia su Hijo, que dio la vida por todos sin distinción, porque todos somos hijos y por lo tanto hermanos».
Una noche para encontrarte con Jesús y llevar su luz a las calles de Granada
Una luz en la noche es una propuesta de las Delegaciones de Pastoral Familiar, Infancia y Juventud y Pastoral Universitaria para vivir una experiencia sencilla pero profunda: poner la mirada en Jesús Eucaristía y salir a anunciar su amor en medio de nuestra ciudad.
La noche comienza con la celebración de la Eucaristía en la Iglesia del Sagrario. Después tendremos un tiempo prolongado de adoración ante Jesús Eucaristía, con música, silencio y oración.
Mientras unos permanecen rezando en la iglesia, pequeños grupos de jóvenes salen por las calles del centro de Granada para encontrarse con otras personas, escucharlas e invitarlas libremente a entrar unos minutos en el templo, encender una vela y ponerse ante Jesús.
No se trata de convencer a nadie ni de tener grandes discursos preparados. Se trata simplemente de salir al encuentro, acoger y ofrecer una invitación. Muchas veces basta una palabra, una sonrisa o decir: «Si quieres, puedes entrar. Hay un lugar para ti».
Una luz en la noche está abierta a todos: jóvenes, universitarios, parroquias, movimientos, grupos, familias y cualquier persona que quiera participar, tanto en la oración como en la misión por las calles.
⛪ 20:00 h – Santa Misa 🕯️ 21:00 a 23:00 h – Adoración y misión por las calles 📍 Iglesia del Sagrario de Granada
Fechas 2026–2027
31 de octubre de 2026 11 de diciembre de 2026 2 de abril de 2027
Como bautizados, todos estamos llamados a ser testigos de Cristo y a dejar que su luz llegue también a quienes encontramos en nuestro camino.
Una noche para adorar. Una noche para salir. Una noche para dejar que Cristo ilumine Granada. Estás llamado a ser santo… ¡no te conformes con menos!
La parroquia de San Isidro Labrador de Almería acogió el pasado viernes 2 de octubre, festividad de los Santos Ángeles Custodios, la celebración del rito de entrega del Salterio a 35 miembros de la segunda comunidad del Camino Neocatecumenal de esta parroquia.
La celebración estuvo presidida por el vicario general de la Diócesis de Almería, Ignacio López Román, en un nuevo paso dentro del itinerario de redescubrimiento del Bautismo que recorre la comunidad. Tras un tiempo de preparación y diversas catequesis, los participantes recibieron de manos del vicario general el libro de la Liturgia de las Horas, profundizando así en la importancia de la oración en la vida cristiana.
Durante la homilía, Ignacio López invitó a los miembros de la comunidad a incorporar a su vida la oración de laudes y vísperas y les animó a no desfallecer en el combate de la fe. Asimismo, les pidió que rezaran especialmente por las vocaciones y les trasladó el saludo del obispo de Almería, D. Antonio Gómez Cantero.
En la celebración de vísperas participaron también Óscar Trujillo, párroco de San Isidro Labrador, y Juan José Muñoz, párroco de Níjar, que acompaña el caminar de esta comunidad, junto al equipo de catequistas del Camino Neocatecumenal de la parroquia.
Cáritas Diocesana de Huelva ha inaugurado este lunes el Refugio Nuestra Señora del Rocío, un nuevo recurso dirigido a personas en situación de sin hogar que nace con el objetivo de ofrecer un espacio seguro de acogida, descanso y acompañamiento a las personas en situación de sin hogar y carecen de una alternativa habitacional.
El acto de inauguración, celebrado en las instalaciones del nuevo recurso, situadas en C/ Cantero Cuadrado, 1 ha contado con la participación de María Macías, directora de Cáritas Diocesana de Huelva; Pilar Miranda, alcaldesa de Huelva; y Joaquín Sierra, vicario general, además de personal técnico, voluntariado de la entidad y otras personas invitadas.
Durante la inauguración se ha presentado este nuevo espacio, que surge para dar respuesta a la realidad de personas que viven en la calle y que no cuentan con una solución habitacional alternativa desde la que poder iniciar un proceso de inclusión, así como de aquellas cuyos procesos de exclusión social dificultan el acceso a otros recursos.
El Refugio Nuestra Señora del Rocío busca además minimizar los riesgos asociados a la vida en situación de calle y convertirse en un primer punto de acogida desde el que establecer vínculos con las personas y facilitar progresivamente su acceso a la red de servicios y recursos sociales, tanto públicos como privados, de la ciudad de Huelva.
Un refugio con 15 plazas
El nuevo recurso dispone de 15 plazas para hombres y mujeres y permanecerá abierto diariamente desde las 20:00 hasta las 8:00 horas. Del total de plazas, dos estarán destinadas a situaciones de urgencia social.
Para acceder al refugio no se establecen otros requisitos más allá de encontrarse en situación de calle y respetar las normas básicas de convivencia y funcionamiento del centro. Las personas podrán llegar derivadas tanto desde los servicios y recursos de Cáritas como desde los Servicios Sociales municipales.
El Refugio Nuestra Señora del Rocío quiere ser, además, mucho más que un lugar donde pasar la noche. Las personas que accedan encontrarán un espacio de acogida y atención social básica, con servicios de cena, higiene, ropería y consigna.
La atención social incluirá una primera valoración de la situación personal, información y asesoramiento, así como la coordinación con otros recursos de la ciudad que puedan intervenir en el proceso de cada persona. Como señala María Macías, directora de Cáritas Diocesana de Huelva, “se trata de ofrecer esa mano tendida que permita a las personas encontrar un primer espacio seguro desde el que poder avanzar”.
Una puerta de entrada a un proceso de inclusión
Uno de los principales objetivos del refugio es que esta primera acogida pueda convertirse en el inicio de un proceso de inclusión que contribuya a mejorar la calidad de vida de las personas atendidas.
Desde el recurso se trabajará para facilitar el acceso a los diferentes servicios de la comunidad y avanzar, desde el acompañamiento y atendiendo a las circunstancias y necesidades de cada persona, hacia alternativas habitacionales más estables.
Para desarrollar esta labor, el Refugio Nuestra Señora del Rocío contará con dos integradores sociales a media jornada, personal de seguridad y de limpieza, además de un equipo de voluntariado que participará en la acogida y acompañamiento de las personas.
La colaboración entre Cáritas y el Ayuntamiento de Huelva
La puesta en marcha de este nuevo recurso se enmarca en la colaboración entre Cáritas Diocesana de Huelva y el Ayuntamiento de Huelva, que han firmado un convenio para continuar fortaleciendo la atención a las personas en situación de sin hogar en la ciudad.
Esta colaboración permite sumar esfuerzos para dar respuesta a una realidad compleja que requiere del trabajo conjunto y coordinado entre las administraciones públicas, las entidades sociales y la ciudadanía.
Como señala Pilar Miranda, alcaldesa de Huelva, esto es “un refugio para que las personas en situación de sin hogar puedan estar aquí, poder descansar, poder cenar, ducharse y estar hablando y tener cariño y calor humano”.
Con la apertura del Refugio Nuestra Señora del Rocío, Cáritas Diocesana de Huelva refuerza su trabajo con las personas en situación de sin hogar y amplía los espacios desde los que ofrecer acogida y acompañamiento. Un recurso que pretende ser una primera puerta de entrada para quienes se encuentran en situación de calle y un punto desde el que comenzar un proceso hacia una vida más estable y autónoma.
La Renovación Carismática Católica de Huelva celebrará el próximo viernes, 9 de octubre, a las 18.15 horas, un nuevo encuentro de oración en la parroquia de Santa Teresa de Huelva.
El encuentro será un espacio para reunirse como comunidad, poner la vida en manos del Señor y vivir un tiempo de alabanza, adoración y celebración de la Eucaristía, desde la confianza en la acción del Espíritu Santo.
La jornada estará marcada por la oración comunitaria y el encuentro con Cristo, invitando a los participantes a disponer el corazón para escuchar la voz de Dios y renovar su fe.
Desde la Renovación Carismática Católica de Huelva se invita a todos los que quieran participar a sumarse a este encuentro, especialmente a quienes deseen descubrir o profundizar en la experiencia de la oración comunitaria.
Una invitación a la oración
La cita tendrá lugar el viernes 9 de octubre, a las 18.15 horas, en la parroquia de Santa Teresa de Huelva.
EN SEPTIEMBRE, ABRIMOS EL OTOÑO y acompasamos nuestro tiempo a un ritmo cotidiano. Hay un consenso de inicio de curso, no de año, que nos despierta de otro modo los sentidos. Entre ellos la vista, que nos señala el marcador de hojas de un libro que sostiene nuestra curiosidad, pero que impulsa el deseo de trasladarse al libro aún pendiente de abrir. Todos solemos tener deudas con los libros. Cuando me regalan uno, pienso que el agradecimiento a la generosidad del amigo se paga con la lectura del regalo y que sostener entre mis manos sus páginas es una manera delicada de obsequiarle con bienes intangibles: el seductor silencio de la lectura y el bien escaso de nuestro tiempo.
Otoño, cuando caen otras hojas, es una estación propicia para recrearnos en una lectura pendiente: romper el secreto de un libro y acariciar sus hojas con una lectura serena y creativa.
Entre mis lecturas recientes, me han impresionado unas reflexiones sobre dos temas de capital importancia: se trata del sabor del silencio, y el placer de la conversación. No son cuestiones de urgencia periodística, que ocupen primeras páginas, pero estimo que sí son bienes de primera necesidad para recuperar la dulzura de lo humano.
Detengámonos en las dos palabras: silencio y conversación. Aparentemente las dos parecen chocarse y querer vencerse la una sobre la otra, convirtiendo la ilativa que las une en una disyuntiva que las separa: silencio y conversación; conversación o silencio. Pero, no caigamos en la tentación de una elección precipitada y abramos nuestra curiosidad a lo que pueden decirnos estos dos vocablos como pórtico del nuevo curso.
El sabor del silencio
Cuando anuncié a algunos amigos que iba a un retiro largo, que requería estar en absoluto silencio, me miraron con una admiración compasiva y un interrogante de curiosidad: ¡tanto tiempo sin hablar! ¿Se puede soportar? Me gustaría compartir contigo la reflexión de mis respuestas.
El silencio no es la ausencia de palabras, sino la tierra en las que se siembran. «Al principio era la Palabra», nos dice el evangelista Juan. Pero, sin desdecirlo, ¡quién soy para hacerlo!, podemos pensar: al principio era el silencio; en él, el Hijo de Dios se hizo Palabra y la «Palabra se hizo carne». Dios creó el silencio y se recreó en la Palabra.
Vivimos envueltos en ruidos que nos sobrepasan, nos invaden, a veces sutilmente, reclamando nuestra constante atención: las noticias se hacen agresivas por repetitivas; la conversación pública sube de tono en sucesión de gritos; las redes sociales se ofrecen como escenarios impúdicos en los que desnudamos nuestras vanidades; los tonos del móvil nos reclaman una disposición instantánea, recelando si tardamos en responder… El ruido se ha aliado con la prisa. El silencio y el sosiego parece una meta inalcanzable, un delirio de un golpe de calor. El silencio se ha convertido en objeto de deseo.
Señala Espiro Freire, que los Padres del desierto, unos sabios que inauguraron la tradición del acompañamiento espiritual en el siglo IV, señalaban: «el alma solo se encuentra a sí misma cuando calla». Desde entonces, el silencio ha sido el gran maestro invisible de la vida espiritual. San Benito lo convirtió en eje de su Regla, que ha ordenado la vida monástica: los monjes negros benedictinos y los blancos cistercienses, así llamados por el color de su hábito; y los cartujos, una rama que convierte el silencio absoluto en su voto más distintivo.
Los grandes maestros de espiritualidad han dejado hermosos elogios del silencio. San Juan de la Cruz lo ha cantado en una hermosa paradoja: «la música callada, la soledad sonora», desvelándonos que el silencio no es mera ausencia de palabras, sino otro lenguaje que prioriza la escucha atenta y hace hablar, sin palabras, al corazón. El verdadero silencio no se impone por una norma externa, sino que se aprende: al principio, provoca extrañeza, como un cierto desarraigo; después, se abre camino hacia el interior, 1generando un hueco en el que se filtra la luz. El silencio nos enseña que estamos presentes ante nosotros mismos, sin necesidad de afirmarnos ante nadie.
Hoy, existe el riesgo de imponer el silencio como una moda «contra cultural». Se multiplican formas de retiros de silencio, como una terapia para la supervivencia, como método de desintoxicación del estrés atronador en que navegamos. Pero, la terapia tiene su éxito si ataca el germen que provoca la adicción. El silencio es curativo si no es simple disciplina de ayuno de palabras, sino que favorece llenar de contenido las palabras y no banalizar la conversación. Por eso, el silencio voluntario es subversivo: un gesto de verdadera libertad interior; callo, no porque me falten las palabras, sino para preñarlas de densidad y calidad: si mis palabras tienen sentido y son utilizadas como obsequio al otro, «el silencio no es cortante», sino un nuevo impulso para prolongar la conversación.
En un viaje a Burgos, en compañía de un buen amigo, del que aprendí el amor por la belleza y el interés por el arte, programamos una visita a su catedral, esa joya admirable que tan solo puede levantar la fe de un pueblo. Sentados en un banco de piedra, ante una de sus puertas, comenzamos a admirar su esplendor y decidimos adentrarnos en el misterio de su interior con una consigna: «Entramos; yo me voy por la derecha y tú por la izquierda; dentro de hora y media nos volvemos a encontrar en este banco». Y me recordó: «¡Ah! Y nada de fotos con el móvil, sólo la cámara de nuestros ojos y el archivo en la memoria infinita de los sentidos».
La contemplación de la belleza hace perder la noción del tiempo; así lo acredita la impuntualidad de muchos enamorados. Seducido por lo que contemplaba, fui impuntual a la salida y llegué minutos tarde. Me senté junto al amigo, que aguardaba con un cigarrillo cómplice. Guardé silencio; él no pronuncio palabra. A los diez minutos largos, exclamó: «¡Qué hermosura, qué armonía!». Asentí con la cabeza y balbucí mi opinión: «¡Y todo, obra de manos humanas!» Se hizo un silencio prolongado. Y mirándome, sonrió: «¡Pero, son manos movidas por la fe!». Recordamos una cita sobre la que tuvimos una larga conversación después de visitar la catedral de Santiago de Compostela. Preguntado el poeta alemán Heine por qué no se construían ya grandes catedrales, como en el gótico, respondió: «La gente de aquellos tiempos tenía convicciones; nosotros los modernos sólo tenemos opiniones. Y se necesita algo más que una simple opinión para erigir una catedral gótica». Aún tengo viva nuestra larga conversación. El silencio se alargó, saboreando la sabiduría.
Nuestra visita turística a la capital castellana, se alargó al Monasterio de las Huelgas: los comentarios artísticos, salpicados de anécdotas históricas sobre enterramientos reales, latrocinios franceses y abadesas con báculo, se entremezclaban con largos silencios… La caída de la tarde nos llevó a contemplar la austera belleza de la Cartuja de Miraflores, donde la magnífica imagen de San Bruno, que suele representarse con el dedo en la boca, nos recordaba que el silencio es el mejor discurso para obsequiar a Dios. Ante el misterio, el silencio se convierte en contemplación reverente de lo que no puede pronunciarse, pero nos sobrecoge y nos hace cómplices.
En la vuelta a la ciudad, dando las espaldas al sol, los diálogos sobre la historia de los cartujos, su vida peculiar, su amado silencio, se entremezcló con silencios prolongados: el cansancio suele cerrar la boca y abrir el estómago. Cuando cenábamos, antes de despedirnos para partir al día siguiente muy temprano, cada uno a su destino, le espeté: «¿No se te hacen violentos nuestros silencios?». Me contestó, con la sabiduría de la experiencia vivida: «No. Suelo decir que un amigo es aquél que sabe soportar mis silencios. Porque los silencios hablan, sin tener que pronunciar palabras, simplemente activan la memoria de lo compartido».
Pensé: Dios, muchas veces, guarda silencio, como si estuviera ausente y, si su silencio se prolonga, puede suscitar la duda de que alguna vez nos hubiese hablado o simplemente hubiésemos ensoñado una conversación. Sin embargo, el silencio de Dios puede ser profundamente revelador: él calla porque ya nos lo ha dicho todo en su Hijo, y no tiene más que decirnos, sino invitarnos a contemplarlo. Y nuestro silencio ante él, quizás sea la forma más humilde de fe: rendirse ante lo Inefable, lo Indecible, es una manera de confesar sin palabras que Alguien sostiene este ruido que llamamos mundo. Me vino a la memoria una poesía de Pablo Neruda, dirigida a su amada. Y ¿por qué no, convertirla en oración a Dios?
Me gusta cuando callas, porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa, bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
El placer de la conversación
«En la sociedad del tuit y del zapping, la conversación constituye todo un lujo. No hay tiempo para conversar, solo lo hay para intercambiar mensajes. Cuando un mensaje es largo, no se lee… A través de nuestros dispositivos móviles, nos transferimos imágenes, sensaciones, emociones, utilizamos signos lingüísticos e iconos para comunicar lo más velozmente posible lo que sentimos… La conversación distendida, sin cronómetro, es algo extraño en la vida ordinaria», afirma el filósofo Francesc Torralba. Humildemente, podemos concluir nosotros, saboreado el silencio: ¡Es urgente recuperar el placer de la conversación!
En mi época universitaria, solíamos acudir a una peña flamenca, la peña Juan Breva, para entablar tertulia y arreglar, ante una caña o un vino, lo mal que estaba el mundo -el resultado de nuestro empeño se puede observar simplemente abriendo las primeras páginas de los periódicos del día-. Había entonces en sus mesas unos ceniceros de barro con una leyenda grabada: «escuchar es un arte». Confieso que un día, después de una densa tertulia, alargada por la insistencia de la lluvia, estuve tentado de robar devotamente uno. Pero, al comentar con el encargado la belleza del slogan, él mismo me sugirió: «pues, llévese usted uno». Hizo de ángel y evitó mi pecado.
Sí. Para que haya conversación, se necesitan al menos dos. La conversación se hace tertulia si es número impás. Pero, más de uno porque si no es simplemente soliloquio. El primer momento de toda conversación es el silencio. La ausencia de palabras provoca la expectación de la escucha. Y, dejar la iniciativa al otro, es una forma de galantería, un obsequio que valora lo que puede decirme. «¡Es una persona que sabe escuchar!» se ha convertido en un elogio muy valorado. Las personas que escuchan son personas buscadas, porque su presencia serena el tiempo y carga de densidad las palabras. Todos huimos de los «ablativos absolutos»: comienzan perdiendo la “h” y terminan perdiendo la razón… Deseamos, ansiosos, que se lleven algo a la boca para dejar de oír su discurso.
La conversación reclama la presencia. Un noviazgo a base de videollamadas, termina siendo una ficción… Falta la contemplación del gesto, el tacto de las manos, la complicidad del perfume, el placer de la voz, sin interferencias… La amistad, cuando pierde la presencia, corre el riesgo del olvido, disimulado en las felicitaciones que nos recuerda el móvil o la publicidad cómplice que aturde y recuerda la Navidad. La conversación es un flujo de palabras y gestos, un ir y venir de palabras. Exige tiempo y escucha. Sin reciprocidad es imposible conversar.
La conversación no tiene por qué obedecer a una razón instrumental. No hay que buscar una rentabilidad tangible. La conversación tiene un fin en sí misma: es un intercambio libre de ideas, un camino que se construye andando, pues no está establecido el punto de llegada, ni cerradas las cuestiones que se van a tratar. «Cuando la conversación tiene una orientación hacia la rentabilidad, deja de ser conversación. Se convierte en un proceso instrumental, en un mecanismo de persuasión cuyo fin es convencer al otro», puntualiza Torralba. La conversación reclama la gratuidad: el placer de saborear las palabras y acariciar las ideas como donación e intercambio con los otros.
Un grupo de amigos, condiscípulos de estudios en Roma, solemos vernos cada año, aunque hemos sido infieles a algún calendario. Nuestros momentos de convivencia, provocan, ya desde el inicio, la espontaneidad de la conversación. Después del reconocimiento del avance de la frente sobre nuestra ausencia de pelo, y tras las preguntas protocolarias sobre los análisis clínicos y la familia, alguien plantea un tema de actualidad: los hay más escorados a los mentideros eclesiásticos y los que tocan más la carne de lo cotidiano… A mí, siempre me ha gustado andar por las lindes, te fuerzan al ejercicio de conservar el equilibrio.
Y ante una buena comida, se provoca la tertulia. El buen conversador, pretendidamente, por estrategia de amigo, reserva las palabras y activa la escucha… Se incorpora a la conversación cuando algunos ojos, sin palabras, piden que opine. Cuida sus silencios para que sus opiniones aporten y no solo refrenden lo dicho por consenso, A veces, hay alguien que se va por las ramas, señalando lo bien fritos que están los boquerones; pero, siempre suele haber otro que reconduce la conversación por el carril sugerente, porque lo banal produce tristeza.
La tertulia tiene la sabiduría de detener el tiempo. Por eso, suele surgir más en las sobremesas de un día que no reclama la urgencia del trabajo del día siguiente. La tertulia se hace más densa al atardecer; sobre todo, si alcanza la noche. La conversación puede cambiar la andadura de nuestros pasos, y quizás ayude 3también a reorientar el transcurrir de nuestra vida, porque nos ha abierto un horizonte nuevo, donde antes sólo veíamos una muralla.
La conversación auténtica, no se construye sobre el cálculo de vencer a los otros; cuando uno conversa, no tiene como objetivo ganar o no ser derrotado, sino, simplemente, gozar de la compañía inteligente de alguien con la audacia de expresar sus pensamientos y sentimientos, sin miedo a la indiscreción. Para que haya conversación es necesaria permeabilidad, apertura de mente y corazón. Esta reciprocidad, se echa de menos en muchas conversaciones. Cada uno sigue la estela de su pensamiento, se desconecta de las ideas del otro y persiste en su versión unilateral: se golpea sobre un yunque, cuyos ecos ensordecedores son monótonos, insistentemente iguales.
En el Evangelio hay un pasaje evocador, descrito con pocas palabras y cargado de sensibilidad. Es un ejemplo de conversación, de tertulia. Eran dos los que van de camino, a prisa, con una meta definida: huir del desengaño del final de la vida del Maestro, muerto en la cruz de Jerusalén y volver derrotados a la monotonía amarga del pueblo del que partieron: Emaús. A su caminar sombrío y a sus pocas palabras, se agrega un tercer caminante, que provoca: ¿Qué conversación os traéis de camino? Surge el reproche: ¿Acaso eres tú el único que no sabes lo ocurrido en Jerusalén? El caminante anónimo se atreve a responder con palabras de Maestro, que despiertan su interés.
El fluir de las palabras detiene el tiempo y ahoga la prisa de llegar al final del camino. El vínculo creado por la inquietud compartida, provoca la suplica: Quédate con nosotros, ¡que la tarde va cayendo! La noche se convierte en cómplice que prologa una conversación amable, que toca los corazones de los contertulios: el invitado, abre el suyo y derrama en sus palabras la explicación del misterio de lo sucedido… Y, sin palabras, un gesto le identifica: le reconocieron al partir el pan. Los huidos de Jerusalén, y de sí mismos, recrean en su corazón lo escuchado: ¿No ardía nuestro corazón, cuando nos explicaba las Escrituras por el camino? La conversación revierte el camino: Volvieron a Jerusalén y contaron a los otros lo ocurrido y como le reconocieron al partir el pan.
«Cada domingo, cada día de fiesta,
Dios me invita a conversar, a hacer tertulia.
Quizás vamos desde nuestro desencanto y nuestra desgana,
con las luces bajas de Emaús;
pero, al dirigirnos su Palabra arderá nuestro corazón
Del viernes 2 al domingo 4 de octubre, la Renovación Carismática Católica de Huelva celebró el Seminario de Vida en el Espíritu (SVE) para jóvenes, una experiencia de encuentro y renovación de la fe que concluyó con la celebración de la Eucaristía en la capilla del Seminario Diocesano de Huelva.
El encuentro contó con una notable participación de jóvenes, que durante estas jornadas vivieron una intensa experiencia de fe en un ambiente marcado por la oración, la alegría y la fraternidad. Las enseñanzas, los testimonios compartidos y los momentos de alabanza ayudaron a los participantes a profundizar en su relación con Dios y a abrirse a la acción del Espíritu Santo.
A lo largo del Seminario se sucedieron distintos momentos de Adoración al Santísimo, celebración de la Eucaristía, confesiones y tiempos prolongados de oración comunitaria, que permitieron a los jóvenes hacer un alto en su vida cotidiana para encontrarse con el Señor.
María, modelo de acogida al Espíritu
La figura de María estuvo especialmente presente durante todo el encuentro, como modelo de acogida a la acción del Espíritu Santo y como guía espiritual para los jóvenes participantes.
Desde su actitud de disponibilidad y confianza en Dios, María acompañó este camino de fe, ayudando a los jóvenes a descubrir también la importancia de abrir el corazón a la acción del Espíritu y dejarse transformar por Él.
El Seminario concluyó con una emotiva celebración de la Eucaristía, en la que los participantes dieron gracias a Dios por todo lo vivido durante el fin de semana y por los frutos de esta experiencia de fe.
Gratitud por el servicio y la entrega
La Renovación Carismática Católica de Huelva ha querido expresar su agradecimiento a todas las personas que hicieron posible el desarrollo del encuentro, especialmente al asesor espiritual, sacerdotes y diáconos que acompañaron a los jóvenes durante estas jornadas.
También se agradece la entrega de los distintos ministerios que participaron en el Seminario, especialmente los de enseñanza, alabanza e intercesión, así como el servicio de las «Martas», que colaboraron en las diferentes tareas necesarias para el desarrollo del encuentro.
Concluye así un fin de semana que ha permitido a numerosos jóvenes vivir una experiencia de encuentro con Dios, fortalecer su vida de oración y descubrir de nuevo la presencia y la acción del Espíritu Santo en sus vidas.
La Virgen de la Fuensanta ha visitado esta tarde el Centro Penitenciario Murcia I.
«Vuelve tus ojos hacia nosotros», «no nos sueltes de tu mano», «desde aquí dentro te queremos». Son algunos de los mensajes que adornan la verja que rodea el Centro Penitenciario Murcia I de Sangonera la Verde. Así daban la bienvenida los internos, funcionarios y voluntarios de la cárcel a la Virgen de la Fuensanta esta tarde.
A las 16:00 horas la imagen de la Morenica abandonaba el Palacio Episcopal para dirigirse a la cárcel. La imagen dejaba el coche que la porta estos días a unos metros de la entrada al centro para llegar a hombros al interior de la prisión.
Al entrar en el patio de la cárcel, la Virgen de la Fuensanta ha recorrido los exteriores de los pabellones mientras se escuchaban testimonios, poesías, acciones de gracias y vivas en su honor por parte de los internos. Acompañados por la Agrupación Musical Muleña y el grupo de Coros y Danzas Francisco Salzillo de Cieza. «Es un privilegio venir a acompañar a la Fuensantica. Es algo histórico», así expresaba su emoción Gema, una ciezana que ha tenido que cambiar las clases de esta tarde para acompañar con su guitarra y voz a su grupo. Guillermo es el presidente de los Coros y Danzas Francisco Salzillo de Cieza y asegura que desde hace un mes han estado preparando el repertorio para esta tarde, «para que el folclore tradicional sonara también dentro de estos muros».
Quien ha vivido con especial emoción esta visita ha sido Josefa, hermana apostólica de Cristo Crucificado, que lleva 30 años trabajando en la Pastoral Penitenciaria en este centro: «El trabajo preparando todo ha sido muy fácil, bonito y cercano. Esta mañana, cuando arreglábamos el patio, no se sabía quién era interno, quién funcionario y quién voluntario. Lo hemos vivido con emoción, trabajo, unión, entre todos, en colaboración; codo con codo internos, personal, voluntarios y dirección».
El obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, ha acompañado a la Virgen de la Fuensanta en su visita a la cárcel de Sangonera. «Esta es una oportunidad para dar gracias a Dios, para bendecir al Señor», manifestaba el prelado, quien ha asegurado sentirse emocionado por esta visita.
Los internos han preparado en los talleres diferentes objetos que han ofrecido a la Morenica, entre los que se encontraba un manto confeccionado por ellos y una bolsa con peticiones de todos. «Te prometemos, Virgencica, que vamos a aprender a pedir perdón».
La directora del Centro Penitenciario Murcia I, Carmen Carrillo, han agradecido al obispo y al Cabildo de la Catedral la presencia de la imagen de la patrona de Murcia en este centro: «Es un día que nunca olvidaremos. La recibimos como una pedanía más, como un lugar más. No estamos olvidados. Que la Virgen proteja los corazones de las personas privadas de libertad».