
La hermosa capilla del Real Monasterio de Santa Clara, de Jaén, el más antiguo de la ciudad, acogió este martes, la Eucaristía de acción de gracias por la beatificación de una de sus hermanas, Sor Isabel María Aranda, en el día en el que se cumplía el 89 aniversario de su martirio.
En la clausura, junto a las Hermanas Clarisas de Jaén sus compañeras de otros conventos de la provincia, como Alcaudete, Baeza, Úbeda, Alcalá la Real, o las franciscanas de Jaén.
La celebración, presidida por el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, estuvo concelebrada por el Vicario General, que es también el capellán del convento, D. Juan Ignacio Damas; el Delgado y Vicedelegado para la Causa de los Santos, D. Andrés Nájera y D. Juan Mena, respectivamente; el anterior delegado, D. Antonio Aranda y el anterior capellán D. Antonio Robles. Algunos seminaristas se unieron a la celebración, así como el diácono D. Jesús Marchal. Acolitaron miembros de la Cofradía de los Estudiantes, con fuerte vinculación con esta comunidad de contemplativas.
Numerosas personas se dieron cita para dar gracias a Dios por la beatificación y recibir las reliquias que a partir de ahora se venerarán en el altar mayor, bajo la imagen de Santa Clara. Un hermoso cuadro de la Madre Abadesa, ya en los altares, fue colocado en las escaleras del presbiterio.
Las lecturas estuvieron participadas por las propias religiosas, que también, con sus hermosas voces acompañaron la celebración.

Homilía
En su homilía, el Obispo de Jaén comenzó explicando que en el dies natalis de la Beata Sor Isabel María Aranda Sánchez “celebramos esta Eucaristía en vuestro Monasterio de Santa Clara, y se ha realizado un gesto que habla por sí solo: colocar sus reliquias en este Altar Mayor para su veneración”. Así, recordó que “no las ponemos ahí para mirar el pasado con nostalgia, ni para alimentar heridas, ni para revolver sombras. Las ponemos junto al altar, donde se actualiza el sacrificio de Cristo, para proclamar con humildad y con fuerza lo que la Iglesia quiere que resplandezca: ‘El amor más grande’”, destacando que las reliquias no son un simple recuerdo, sino un testimonio vivo del amor de Dios y de la entrega total de Sor Isabel María.
En este sentido el Prelado jiennense señaló que el martirio “no es una derrota, “sino una fecundidad que nace del amor. Y por eso el lema que debemos grabar en el corazón es: “El amor más grande”. Un amor que no se mide por emociones, sino por entrega; un amor que pone en el centro el amor que vence el odio”, subrayando cómo Sor Isabel María puso siempre a Cristo en el centro de su vida, consumiendo las Formas del Sagrario y dando comunión a todas sus hermanas, mostrando una libertad interior sostenida por la gracia y un amor que perdona y consuela incluso en medio del sufrimiento.
Asimismo, Monseñor Chico Martínez subrayó que “la Iglesia, al reconocer el martirio, no busca reabrir heridas ni levantar bandos, sino custodiar un testimonio evangélico que llama a la reconciliación, al perdón y a la sanación del corazón. La última palabra no la tiene la violencia ni el odio, sino el amor, porque el amor es Dios y es Él quien vence definitivamente”. Destacó que el testimonio de los mártires nos invita a vivir la fe coherentemente, defendiendo la dignidad, perdonando y sosteniendo la esperanza incluso en situaciones hostiles.
Don Sebastián se dirigió de modo especial a las hermanas clarisas, a los sacerdotes y a los fieles laicos, exhortándolos a “vivir una fe coherente y valiente en lo ordinario, en lo escondido y en la prueba, como verdadero martirio cotidiano que renuncia al egoísmo para dar fruto abundante”, recordando que la perseverancia silenciosa, la obediencia y la entrega en lo pequeño son maneras concretas de amar hasta el extremo y sostener la Iglesia desde lo cotidiano.
Para concluir, el Pastor diocesano dio gracias a Dios por la vida y el testimonio de la Beata Sor Isabel María, pidiendo que “al venerar sus reliquias en el altar renazca la esperanza, se purifique la fe y crezca la caridad, hasta cantar un día la victoria del Cordero, porque al final solo permanece el amor más grande”.

La celebración concluyó con la incensación de las reliquias de la Beata Sor Isabel María Aranda y con la oración de intercesión, en la que los fieles se encomendaron a ella.
Galería fotográfica: «Misa de acción de gracias por Sor Isabel María Aranda»
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