
El Santuario de Nuestra Señora de las Montañas, en Villamartín, acogió este pasado 23 de mayo el Encuentro Diocesano preparatorio para la próxima visita apostólica del Papa León XIV a España, una jornada convocada por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, coincidiendo con la celebración del Día del Apostolado Seglar.
Desde las 11:00 hasta las 18:00 horas, fieles llegados desde distintos puntos de la Diócesis compartieron un día marcado por la oración, la formación y la convivencia fraterna, preparando espiritualmente este importante acontecimiento eclesial que vivirá la Iglesia en España durante el próximo mes de junio.
Uno de los momentos centrales del encuentro fue la charla formativa impartida por el propio obispo diocesano bajo el título “La visita del Papa, renovar la fe, alzar la mirada y vivir la comunión”, ofreciendo una reflexión sobre el significado eclesial y espiritual de la próxima presencia del Sucesor de Pedro en nuestro país.
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La jornada contó también con un testimonio centrado en descubrir la acción de Dios en la vida cotidiana, así como distintos espacios de convivencia y fraternidad en torno al almuerzo compartido. Del mismo modo, los participantes pudieron profundizar en la presencia real de Cristo en la Eucaristía mediante un taller preparado para este encuentro.
La clausura del día tuvo lugar con la celebración de la Eucaristía de Pentecostés, presidida por Monseñor José Rico Pavés en el Santuario de Nuestra Señora de las Montañas, poniendo así el encuentro bajo la acción del Espíritu Santo y la protección de la Santísima Virgen.
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Durante la homilía, el Sr. Obispo situó a los fieles en la víspera de Pentecostés, recordando que la Iglesia invita a reunirse en torno a María Santísima a la espera del cumplimiento de la promesa de Cristo: el envío del Espíritu Santo como defensor y guía del pueblo de Dios.
El prelado explicó que esta promesa se cumple en distintos momentos de la vida cristiana y de la vida de la Iglesia. Señaló que, desde el bautismo, el creyente recibe la acción del Espíritu Santo que lo incorpora a la vida nueva y lo hace hijo de Dios y miembro de la Iglesia, mientras que en el sacramento de la confirmación se recibe la plenitud del Espíritu para dar testimonio de Cristo en medio del mundo.
Asimismo, subrayó que la celebración litúrgica de Pentecostés no es un simple recuerdo de un acontecimiento pasado, sino la posibilidad real de revivir aquello que sucedió en el primer Pentecostés de la historia. En este sentido, afirmó que la liturgia hace contemporáneos a los fieles de la efusión del Espíritu Santo y prepara el corazón para recibir una nueva renovación espiritual.
A partir de la profecía de Ezequiel —«derramaré mi espíritu y viviréis»—, el obispo recordó que el ser humano ha sido creado con capacidad de Dios, llamado a reconocer su origen y su meta en la Trinidad Santa. Explicó que es precisamente el Espíritu Santo quien llena esta capacidad y orienta la existencia hacia la voluntad divina, permitiendo discernir el camino que el Señor propone.
Refiriéndose a la segunda lectura, destacó las palabras de san Pablo sobre la esperanza cristiana, señalando que el Espíritu Santo sostiene la debilidad humana y viene en ayuda del creyente para mantenerlo firme en medio de las dificultades y del combate espiritual. Recordó que esta presencia divina permite vivir con alegría incluso las situaciones de fragilidad y abatimiento.
Al comentar el Evangelio, el obispo explicó que Cristo resucitado cumple su promesa mostrándose a los apóstoles y confiándoles la misión recibida del Padre. Subrayó que el Señor no pide a sus discípulos apoyarse únicamente en sus propias capacidades, sino permanecer en comunión con el Espíritu Santo para poder llevar adelante la tarea evangelizadora y comunicar a otros la alegría del Evangelio.
Finalmente, recordó que esta misión alcanza de manera particular a los fieles laicos, llamados a santificar las realidades temporales y llevar el Evangelio allí donde otras vocaciones no pueden llegar. Destacó la riqueza de la Iglesia como comunidad de diversidad de carismas, ministerios y vocaciones, insistiendo en que nadie se salva solo y que todos son necesarios en el plan de Dios.
La homilía concluyó invitando a acudir a María Santísima, que siempre conduce a su Hijo y ayuda a disponerse para la acción del Espíritu Santo.
Por último, tras la jornada, el Departamento de Laicos, Familia y Vida, dirigido por el matrimonio formado por Jesús Mula y Virginia Lupiáñez, ha valorado de manera muy positiva la participación y el ambiente vivido durante el encuentro.
En este sentido, han destacado especialmente “la participación de los pueblos de la Sierra, así como de Rota, los hermanos más lejos de Villamartín, por supuesto la presencia de grupos y movimientos”, subrayando que las aproximadamente 150 personas participantes representan “este regalo de Diócesis al que pertenecemos”.
Asimismo, han agradecido de manera especial “la presencia de D. José durante toda la jornada, así como la representación de sacerdotes y congregaciones religiosas”, poniendo en valor el acompañamiento y la comunión vivida en este encuentro diocesano.
Desde el Departamento señalan igualmente que reciben “el bien y lo bueno de estas Jornadas Diocesanas, que favorecen el encuentro y la unidad de la Diócesis”, agradeciendo además las respuestas recogidas en las evaluaciones realizadas con vistas a seguir mejorando futuras ediciones.
Finalmente, Jesús Mula y Virginia Lupiáñez han querido destacar la acogida vivida en el Santuario mariano afirmando que “la Virgen, una vez más, y como Buena Madre, nos cuidó y atendió en ‘su casa’ con muchos detalles durante toda la jornada, como en las Bodas de Caná estuvo atenta a los detalles”.
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