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El arzobispo conmemora el XXV Aniversario del templo parroquial del Buen Pastor en Padre Pío-Palmete

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El arzobispo conmemora el XXV Aniversario del templo parroquial del Buen Pastor en Padre Pío-Palmete

El arzobispo conmemora el XXV Aniversario del templo parroquial del Buen Pastor en Padre Pío-Palmete

Hace veinticinco años, el entonces arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo, bendijo el recién estrenado templo parroquial del Buen Pastor y San Juan de la Cruz, en la barriada de Padre Pío-Palmete. Cinco lustros después, monseñor Saiz Meneses ha presidido la misa con motivo de esta efemérides.

El arzobispo ha dado las gracias por “la Iglesia viva que aquí se reúne”. Tras hacer memoria histórica del proceso que ha derivado en el templo actual, ha señalado que “ha sido durante veinticinco años casa de Dios y casa de su pueblo”. Y lo ha explicado de esta manera: “Aquí el Señor ha esperado pacientemente a cada uno. Aquí muchos han encontrado consuelo cuando sufrían; aquí han dado gracias en los momentos felices; aquí han aprendido a rezar; aquí han descubierto que nunca estamos solos”. Tras hacer referencia a las “piedras vivas” de la parroquia, don José Ángel ha citado al papa Francisco para afirmar “el templo material es signo de la Iglesia viva que actúa en la historia. Cada bautizado -ha añadido- forma parte de ese edificio de Dios y está llamado a vivir con coherencia la fe que profesa”.

Ha querido mirar al futuro lanzando una pregunta: “¿qué clase de piedras estamos siendo nosotros?” En este sentido, ha subrayado que una parroquia “se construye cada vez que una persona visita a un enfermo; cuando alguien acompaña a una familia que atraviesa dificultades; cuando Cáritas acoge al que necesita ayuda; cuando un catequista transmite la fe; cuando una familia reza unida; cuando un joven descubre que Cristo puede llenar su vida; cuando alguien perdona; cuando se sirve sin esperar reconocimiento. Ahí -ha subrayado- se edifica verdaderamente la Iglesia”.

Dirigiéndose a la asamblea, les ha pedido que trabajen para que “todo el que entre por las puertas de esta parroquia pueda encontrarse con Cristo”. Y entre los retos de la parroquia ha destacado la importancia de que sigan siendo “una parroquia abierta, en la que nadie se sienta extraño”.

En la parte final de su homilía, el arzobispo de Sevilla ha expresado su deseo de que, dentro de muchos años, cuando otros hermanos celebren nuevos aniversarios de esta iglesia, “puedan dar gracias también por nuestra fidelidad. Que puedan decir que nosotros supimos conservar la fe, transmitirla y hacer de esta parroquia una verdadera familia”.

Tras la misa, el arzobispo ha descubierto un azulejo conmemorativo de esta celebración.

 

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“Paz, concordia, reconciliación, tender la mano, mirar el futuro”

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Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la Eucaristía celebrada en la Capilla, en el Día de la Hispanidad y Virgen del Pilar, el 12 de octubre de 2026.

Querido subdelegado del Gobierno, don José Antonio;
queridos representantes de la Corporación Municipal del Excelentísimo Ayuntamiento de Granada;
Coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil;
queridos hermanos todos;
autoridades;
presidente de la Federación de Hermandades;
miembros de las Hermandades y Cofradías de Granada;
y antes, queridos sacerdotes concelebrantes:

Vamos a celebrar esta fiesta nacional con esta celebración eucarística y hacerlo en este marco de la Capilla Real de Granada, tan ligada a la historia de nuestra Nación. Precisamente, hoy es un día para orar, como os decía, por nuestra Nación, por España. Los historiadores no se ponen de acuerdo al origen de nuestra Nación; unos lo ponen en la conversión de Recadero, del Rey Visigodo, y la unidad por el Concilio de Toledo de todos los pueblos de España en la fe católica. Otros ponen el nacimiento de nuestra Nación y la gran eclosión con la Toma de Granada y, precisamente, del matrimonio y la política de los Reyes Católicos que aquí reposan.

Sea como fuere, somos un pueblo antiguo. Y en este día en que dirigimos la mirada al Pilar, en que la Tradición nos pone en la aparición de la Virgen, como dice la Tradición, en carne mortal, al apóstol Santiago, animándole a la evangelización de España, hay dos ideas que recalcar, y es la inseparabilidad de nuestra cultura, de nuestra manera de entender la vida, que eso, al fin y al cabo, es la cultura, nuestra manera de entender la muerte, las relaciones familiares, el amor, el trabajo, nuestra vida personal y social, lo que conforma nuestro ADN personal y colectivo; lo que hemos expandido por el mundo en una conquista, pero también y, sobre todo, en una evangelización que ha dado lugar a una cultura que hoy la llaman Hispanidad, como en la primera veintena del siglo XX, con Joaquín Costa, la hispanidad y otros autores. Pero, ¿qué hay detrás? Detrás hay Grecia, hay Roma, hay cristianismo, hay Biblia, hay la fe de un pueblo y hay una cultura entretejida por esas culturas y por esa manera de ser de cada pueblo que conforma esta nación antigua, pero que es la nuestra, es la querida por todos.

Hemos pasado momentos de dificultad a lo largo de la historia, incluso algún autor llama a España “mater dolorosa”. Pero, es verdad, somos un pueblo grande, hemos hecho cosas grandes y ese orgullo es el que tenemos que recuperar. Pero no un orgullo de dominio en esta época que como también llamaban los pensadores, entre ellos fundamentalmente Ortega en los años 20 del siglo pasado, no debe ser la época de los “cirujanos de hierro”, no debe ser a pesar de las corrientes autárquicas un imperio del que más puede, el que más tiene, el que más tecnología posee, sino el imperio de la ley, el respeto de las libertades, de los derechos fundamentales, iluminado en nuestro caso por las conquistas de la civilización cristiana en el respeto a la dignidad inalienable de la persona humana y, lógicamente, por el alma de este pueblo.

Entonces, en esta fiesta en que miramos a la Virgen y que forma parte inseparable de nuestra alma, de nuestro ser de España, como nos cuentan los Hechos de los apóstoles, que perseveraban en la oración con María, la Madre de Jesús, que nos la entrega Jesús en la cruz y acoge como hijo al discípulo amado, la recibió como algo propio. María forma parte de la entraña de nuestro pueblo. No hay pueblo en que no haya ermita, que no haya una advocación a la Virgen y por encima de todos los nombres que son el de una única madre, por encima de todo se tiene que el Pilar de Zaragoza como el emblema de la patrona de España.

A Ella, y por intercesión de ella, mejor dicho, le hemos pedido al Señor, le hemos pedido esa fortaleza en la fe. El otro día la misa de la Guardia Civil tomaba pie de esta oración colecta para decir que la fortaleza nos hace falta, pero no para el imperio del más fuerte, sino para saber sobreponernos las dificultades, para no amilanarnos, para no dejarnos llevar por una mentalidad terrorista. Fortaleza en la fe. Esa fe que no se ha de quedar en unos postulados teóricos o no se ha de quedar solo en la envoltura de unas fiestas o simplemente en el recubrimiento de una religiosidad popular que esté vacía de conocimiento y de devoción auténtica, sino que ha de ser una fe transformadora, una fe que nos cambie como ha cambiado la historia y la ha conformado. La hemos llevado a multitud de pueblos en todo el Nuevo Mundo y en Oriente, en Filipinas y en tantos países de Asia. Esa fe pervive hasta el punto de tener una comunidad de lengua y una comunidad de cultura y, sobre todo, una comunidad de fe. Y desde el punto de vista cristiano, se reza en castellano. Es la parte más importante de la Iglesia católica.

Pero, eso no es sólo una cuestión de pasado. Esa fe la hemos de vivir ahora y aquí ante los problemas que tenemos, porque es una fe iluminadora. No es una fe en conserva, no es una fe de vestigio, no es una fe de explicadera simplemente de una arqueología sagrada, sino es una fe que se hace plasmar la vida de los hombres y mujeres de nuestro pueblo, de las familias, de atención y que crea una civilización que tiene consigo también, como lo hemos pedido, esa perseverancia y esa seguridad en la esperanza.

Vivimos en un mundo enormemente triste, en un mundo pesimista, en un mundo sin niños, sin hijos, en un mundo que se tiene miedo al futuro y se tiene incertidumbre. La tienen los jóvenes en su futuro. Su trabajo, incluso cuando lo consiguen, no da para vivir, sino para sobrevivir. Cuando somos conscientes de que faltan viviendas, claro que sí, faltan. Somos conscientes de que hay desigualdades sociales, las hay en nuestra propia ciudad. Somos conscientes, sí, estamos mejor, pero no estamos bien del todo. Hay brecha, hay personas que se quedan atrás, hay colectivos que están insignificantes en la sociedad. Entonces, nuestra fe tiene que dar esa seguridad de la esperanza a mucha gente. No podemos quedarnos solo ensimismados en un individualismo fruto del egoísmo, personal o colectivo, del interés propio, sea personal o sea de partido, sea de colectivo o sea de componendas.

Queridos amigos, vivimos en un momento crucial en que necesitamos también esa constancia en la caridad; en la caridad que se llama solidaridad, que se llama servicio, que se llama entrega, que se llama bien común, que se llama pensar en los demás, que se llama pensar en plural. No solo por las diferencias, sino también porque abarca en un nosotros, sin nacionalismos excluyentes, a todos, con un interés que no es el de razas, con un interés que no es el de ismos, que nos separan a unos de otros y levantan barreras. En este día de la nación española es para invocar, sobre todo, la unidad; la unidad que aquí tenemos el descanso de sus protagonistas en gran parte. Unidad que es costosa, que supone la renuncia a lo propio en aquello que no constituye lo esencial. Unidad la que vivieron nuestros mayores en la Transición española, unidad que nos lleva a no levantar barreras de unos contra otros, de azules contra rojos, de rojos contra azules, o como decía nuestro gran pensador Unamuno, los hunos con H contra nosotros.

No podemos caer en eso. Y estamos viviendo un momento difícil, que exige serenidad, que exige paz, que exige concordia, que exige entendimiento, que exige diálogo, que exige dejar las exclusiones, que exige dejar fuera los practicismos y de aprovechamientos para conseguir un mejor posicionamiento futuro en las decisiones de los ciudadanos. Esto no es política lo que estoy diciendo, es moral. Es lo que sustenta y el Papa Benedicto XVI hablaba de los “fundamentos prepolíticos de la sociedad”, que están más allá de la simple conjunción de voluntades en un Parlamento y que son los sustratos de una ética y una moral que hace que el bien sea reconocible y apetecido, y el mal desechado y evitado.

Queridos amigos, este Día de la Nación Española tenemos que pedir por nuestro país, por nuestra Nación, por el Rey, por nuestros gobernantes a todos los niveles. Este día tenemos que pedirle al Señor que no estemos tan tensionados como estamos en las costuras de la separación de derechos, de derechos y la separación, al mismo tiempo, de los poderes, que nuestra vida discurra sin miedo y sin temor, pero, lógicamente, cuando hay justicia social, cuando hay el pensar en quienes más lo necesitan, cuando no se instrumentaliza la debilidad y se toma como bandera para la imposición, sino cuando se vuelve a la concordia del diálogo, cuando no se separa y se hacen dos Españas con la eterna cantinela que nos persigue como una mantra. Cuando todo esto lo conseguimos, volvemos a ser y somos un pueblo grande.

Vamos a pedirle al Señor que nos ayude, que falta nos hace. Vamos a pedir paz, concordia, reconciliación, tender la mano, mirar el futuro. El mundo está inmerso en problemas grandes y difíciles, en crisis en muchos lugares, en un rearme en muchas partes del mundo, y no podemos vivir creyéndonos en una burbuja, sino que esas turbulencias nos afectan también.

Queridos amigos, vivimos ya décadas de paz, de concordia, de respeto a los derechos, de libertades, no lo estropeemos. Pidamos esa concordia. Vivamos con libertad, con paz. Pidamos que la Virgen nos dé, como le pedíamos, que Ella consiga del Señor, que nos conceda esa fe, esa fe fuerte, esa segura esperanza de futuro, y al mismo tiempo esa caridad que nos hace constantes en vivir la solidaridad sin dejar a nadie atrás.

Esto es lo que pide este obispo como pastor de esta Iglesia, y al mismo tiempo con la responsabilidad también con mis hermanos obispos en España, en este día de oración especial por España. Mirar al pasado, sentirnos orgullosos de ser españoles, y al mismo tiempo buscar la concordia entre quienes creen en España, esperan en España, luchan por España, y no con caballos de troyas, de división o del aniquilamiento de este proyecto de muchos siglos, laborioso, con crisis, de un pueblo antiguo, pero al mismo tiempo de un futuro, de un presente y un futuro grande. Es lo que yo le pido a la Virgen.

Trabajemos todos, ciudadanos y autoridades, cristianos y gente que piensa de otra manera. Esta nación se merece, y en este día que pensemos En ella, y pensemos en plural.

+ José María Gil Tamayo

Arzobispo de Granada

12 de octubre de 2026

Capilla Real

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La Capilla Real conmemora la evangelización y la fe con los pueblos de la Hispanidad

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La Capilla Real conmemora la evangelización y la fe con los pueblos de la Hispanidad

En la celebración de la Eucaristía presidida por el arzobispo y concelebrada por miembros de los cabildos real, catedralicio y sacromontano, en un día de especial oración a la Madre de Dios en su advocación del Pilar.  

Un año más, la Capilla Real de Granada ha acogido la Eucaristía y posterior acto cívico ante los sepulcros de los Reyes Católicos, en una de las celebraciones más significativas del templo. Se trata de la conmemoración de la evangelización en la fe católica con los pueblos del Nuevo Mundo recién descubiertos en 1492 y la celebración de la Virgen del Pilar.

La Eucaristía, acompañada musicalmente en la liturgia por el coro de la Capilla Real, ha estado presidida por nuestro arzobispo D. José María y concelebrada por distintos sacerdotes de los cabildos real, catedralicio y sacromontano, entre ellos sus respectivos Capellán Mayor y deanes. Es también la primera celebración del 12 de octubre en la Capilla Real con su nuevo Capellán Mayor, D. José Carlos Isla Tejera.

Numerosos fieles han asistido a la Santa Misa, entre ellos representantes de la corporación municipal, el coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil, el presidente de la Real Federación de Hermandades y otras autoridades civiles.

“FORTALEZA EN LA FE”
En sus palabras durante la homilía (ESCUCHAR HOMILÍA), nuestro arzobispo ha recordado la devoción en todos los pueblos de España a la Virgen María, hoy en concreto en su advocación a la Virgen del Pilar: “En esta fiesta en que miramos a la Virgen y que forma parte inseparable de nuestra alma, de nuestro ser de España, como nos cuentan los hechos de los apóstoles que perseveraban en la oración con María, la madre de Jesús, que nos la entrega Jesús en la cruz y acoge como hijo al discípulo amado, la recibió como algo propio. María forma parte de la entraña de nuestro pueblo. No hay pueblo en que no haya ermita, que no haya una advocación a la Virgen y por encima de todos los nombres que son el de una única madre”.

También ha recordado la fe que llegó a los pueblos de América Latina, al mismo tiempo que ha indicado la oración para que María, Madre de Dios otorgue por su intercesión “fortalece en la fe”. “Esa fe que no se ha de quedar en unos postulados teóricos o no se ha quedado solo en la envoltura de unas fiestas o simplemente en el recubrimiento de una religiosidad popular que esté vacía de conocimiento y de devoción auténtica, sino que ha de ser una fe transformadora, una fe que nos cambie como ha cambiado la historia y la ha conformado. La hemos llevado a multitud de pueblos en todo el Nuevo Mundo y en Oriente, en Filipinas y en tantos países de Asia”, señaló Mons. Gil.

“Esa fe pervive hasta el punto de tener una comunidad de lengua y una comunidad de cultura y sobre todo una comunidad de fe. Y desde el punto de vista cristiano, se reza en castellano. Es la parte más importante de la Iglesia católica”. Y una fe “que dé esperanza a mucha gente”, ante el mundo de desigualdades sociales que vivimos.

Nuestro arzobispo ha invitado a los fieles a rezar por la concordia, la reconciliación y la paz, y orar por la unidad, que en nuestro país se logró con mucho sufrimiento, de “unos contra otros”. Una oración extensible también por la nación, por el Rey y por quienes nos gobiernan, al mismo tiempo que ha recordado las dificultades que hoy vive nuestra sociedad, especialmente en jóvenes por la falta de vivienda o trabajo, y en una justicia social por quienes más lo necesitan que no sea instrumentalizada.  

ACTO CÍVICO
Tras la Santa Misa, que concluyó con el himno a la Virgen del Pilar, tuvo lugar el acto cívico, que comenzó con la llegada del Estandarte de Castila, que ha sido ondeada ante el Altar Mayor y ante los sepultos de los Reyes por un miembro del ayuntamiento. Tras ellos, llegaron los miembros de la Corporación municipal, presididos por la alcaldesa de Granada, Marifrán Carazo, en un acto al que asistieron autoridades de la Diputación de Granada, así como autoridades militares y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Como marca la tradición, el Estandarte de Castilla fue ondeada cuatro veces, antes de proceder a la ofrenda floral en la cripta de los Reyes Católicos, realizada por las autoridades civiles, con el ayuntamiento y la Diputación. Una ofrenda floral también con nuestro arzobispo, el capellán mayor y miembros de los cabildos catedralicio y sacromontano.

La festividad en el Día de la Hispanidad y su Patrona, continúa en la ciudad, recordando así la unidad de España y la evangelización de los pueblos de América Latina, creando con ellos un vínculo que perdura en estos seis siglos. Un día con una invitación a orar por esta unidad a la Virgen del Pilar y de acción de gracias por la fe que une a ambos pueblos de uno y otro lado del Atlántico.

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El obispo de Huelva llama al diálogo, la unidad y el servicio al bien común en la festividad de la Virgen del Pilar

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El obispo de Huelva llama al diálogo, la unidad y el servicio al bien común en la festividad de la Virgen del Pilar

El obispo de Huelva llama al diálogo, la unidad y el servicio al bien común en la festividad de la Virgen del Pilar

Con motivo de la festividad de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil, y del Día de la Fiesta Nacional de España, el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, ha presidido hoy la celebración en la Santa Iglesia Catedral de Huelva, en la que ha invitado a reflexionar sobre el valor del servicio, la convivencia y el compromiso con el bien común.

En su homilía, el prelado ha agradecido la labor de los hombres y mujeres de la Guardia Civil, destacando su presencia discreta y fiel junto a quienes necesitan ayuda, así como el sacrificio de sus familias. También ha tenido un recuerdo para quienes han perdido la vida en acto de servicio y para todas las personas que necesitan protección, consuelo y esperanza.

Coincidiendo con la Fiesta Nacional, Mons. Santiago Gómez Sierra ha subrayado la necesidad de construir una sociedad capaz de integrar las diferencias desde el respeto y la responsabilidad. «Ninguna diferencia política puede borrar nuestra condición de hermanos», ha afirmado, apelando al diálogo frente a la crispación y a la búsqueda del bien común por encima de los intereses particulares. Asimismo, ha recordado que «la autoridad encuentra su mayor dignidad cuando se pone al servicio del bien común».

La homilía ha destacado también los vínculos históricos, culturales y espirituales entre España y los pueblos de Hispanoamérica, y ha presentado a la Virgen del Pilar como ejemplo de fe, esperanza y entrega generosa a los demás. La celebración ha concluido con una oración por la Guardia Civil, sus familias y España, y con una llamada a construir juntos un futuro de justicia, libertad y fraternidad.

Homilía de Mons. Santiago Gómez Sierra en la festividad de la Virgen del Pilar

Santa Iglesia Catedral de Huelva

Hermanos sacerdotes, autoridades civiles y militares, miembros de la Guardia Civil, familiares y amigos:

Hermanos y hermanas, amados por el Señor:

Celebramos hoy la fiesta de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil. La tradición cristiana ha visto en Ella una presencia maternal que acompaña a la Iglesia en España desde sus primeros pasos. Y, más allá de las circunstancias históricas que rodean el origen de esta advocación, lo que hoy celebramos es una certeza que pertenece al corazón de nuestra fe: María permanece junto a los discípulos de su Hijo y nos conduce siempre hacia Él.

La Palabra de Dios que acabamos de escuchar nos ofrece dos imágenes muy hermosas: María reunida en oración con los primeros discípulos y Jesús proclamando dichosos a quienes escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Ambas nos ayudan a comprender el sentido profundo de esta celebración.

En la primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, encontramos a María en medio de la primera comunidad cristiana. Los discípulos no saben bien cómo será el futuro; han experimentado el desconcierto de la cruz y la alegría de la Resurrección, pero necesitan fortaleza para continuar la misión recibida.

Y allí está María. No ocupa el centro de la escena, sencillamente, permanece con ellos, ora con ellos y sostiene su esperanza.

De este modo, la Virgen María nos enseña que, muchas veces, la mayor fortaleza consiste en permanecer fieles cuando las circunstancias son difíciles. Estar presentes, acompañar, sostener al que vacila y no abandonar al que nos necesita: también ahí se manifiesta la grandeza del corazón humano.

¡Qué imagen tan sugerente para una celebración como esta! Porque la misión de la Guardia Civil está hecha, en buena medida, de esa presencia fiel y discreta. De estar cuando alguien necesita ayuda; acudir cuando otros sienten miedo; proteger a quien se encuentra en peligro; cumplir el deber incluso cuando resulta costoso y nadie está mirando.

Detrás de cada uniforme hay una persona, una familia, una historia de entrega y, tantas veces, sacrificios que no aparecen en los titulares. Por eso, hoy queremos dar gracias a Dios por todos los hombres y mujeres de la Guardia Civil, por su servicio a Huelva y a toda la sociedad, y también por sus familias, que comparten tantas veces las preocupaciones y las renuncias de esta vocación de servicio.

Pero la Palabra de Dios nos invita a ir todavía más lejos.

En el Evangelio, una mujer exclama, admirada ante Jesús: Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. Jesús recoge aquella alabanza y la lleva a su verdadera profundidad: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

Jesús no rebaja la grandeza de su Madre. Al contrario, nos revela dónde se encuentra su dignidad más profunda. La Santísima Virgen es bienaventurada no solamente porque llevó a Jesús en su seno, sino porque creyó en la Palabra de Dios y permitió que esa Palabra transformara toda su existencia. Su respuesta, ante el anuncio del Ángel de que en ella iba a obrar el Espíritu Santo la encarnación del Hijo eterno de Dios fue: Hágase en mí según tu palabra.

Por eso María es grande, porque confió; porque se puso en manos de Dios; porque hizo de su vida una respuesta generosa a su llamada.

Y aquí encontramos otra enseñanza decisiva para todos nosotros: no basta con admirar los valores; hay que encarnarlos en la propia vida. No basta con honrar a la Virgen; hay que aprender de ella. Así, no podemos contentarnos con hablar de justicia: hay que actuar justamente. Tampoco basta con defender la paz: hay que trabajar por ella. Ni basta con proclamar la dignidad humana: hay que reconocerla en cada persona, también en aquella que piensa de manera diferente, que se encuentra en una situación difícil o que reclama nuestra paciencia.

Esto vale para todos, pero adquiere una especial relevancia cuando se ejerce una responsabilidad pública. La autoridad encuentra su mayor dignidad cuando se pone al servicio del bien común.

Jesús nos ofrece el criterio definitivo cuando dice que no ha venido a ser servido, sino a servir. Esa es la lógica del Evangelio: la verdadera grandeza no consiste en situarse por encima de los demás, sino en ponerse al servicio de los demás.

Queridos guardias civiles: que vuestra misión esté siempre iluminada por estos valores. Y que encontréis siempre en la justicia, la honestidad y el respeto los fundamentos de vuestra actuación.

También, esta fiesta de la Virgen del Pilar tiene una resonancia particular, porque celebramos también el Día de la Fiesta Nacional de España y los profundos vínculos históricos, culturales y espirituales que unen a los pueblos de Hispanoamérica.

Es una ocasión para dar gracias por todo lo que hemos recibido, por una larga historia compartida. Esa unidad no elimina las diferencias, sino que nos exige vivirlas sin destruir los vínculos que nos unen. Una sociedad madura admite la discrepancia, el debate y la legítima pluralidad; pero necesita también respeto, sentido de la responsabilidad y voluntad sincera de buscar el bien común. No se trata de pensar todos lo mismo, ni de renunciar a las propias convicciones, sino de recordar que ninguna diferencia política puede borrar nuestra condición de hermanos, ni ningún desacuerdo debería hacernos olvidar la dignidad de quien piensa de otra manera.

Hoy ponemos bajo el amparo de la Virgen del Pilar a la Guardia Civil de Huelva, a sus mandos y agentes, a sus familias y a todos cuantos colaboran en la construcción de una sociedad más segura y más justa. Recordamos también a quienes han perdido la vida en acto de servicio, a quienes han sufrido las consecuencias de la violencia y a todas las personas que necesitan protección, consuelo y esperanza.

También pedimos especialmente por España: para que no se impongan la crispación sobre el diálogo, el resentimiento sobre el perdón o el interés particular sobre la búsqueda del bien común. Que sepamos defender nuestras convicciones sin convertir al discrepante en enemigo y que aprendamos a construir juntos, desde nuestras diferencias, un futuro de justicia, libertad y fraternidad.

Virgen Santa del Pilar, fortalece nuestra fe, afirma nuestra esperanza y haznos constantes en el amor.

Amén.

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Almería camina con sus abuelos y mayores

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Almería camina con sus abuelos y mayores

Hay vidas que dejan huella. Historias sencillas, nombres, rostros y recuerdos que han sostenido nuestras familias y que, muchas veces, también nos han enseñado a rezar. Con ese espíritu nace la Jornada en Almería de los Abuelos y Mayores 2026, que se celebrará el próximo sábado 24 de octubre bajo el lema «Yo nunca me olvidaré de ti» (Is 49,15).

La propuesta, organizada por la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar y Defensa de la Vida, quiere ser mucho más que un encuentro puntual. Será una mañana para caminar juntos, escuchar testimonios, agradecer la vida recibida y poner en valor la misión que los mayores siguen teniendo en nuestras familias y en la Iglesia.

La jornada comenzará entre las 10:30 y las 11:00 horas en la Casa de la Hermandad del Prendimiento, en la plaza Bendicho, donde tendrá lugar la acogida de los participantes y la recogida de comida para compartir.

Desde allí comenzará un pequeño itinerario a pie por el centro de Almería. La primera parada será la Residencia Sacerdotal, a las 11:00 horas, con un encuentro y testimonio de un sacerdote y miembros de Vida Ascendente. A las 12:00 horas, el recorrido continuará hasta el convento de las Claras, donde los participantes compartirán un encuentro con una religiosa clarisa y escucharán también el testimonio de un viudo y de un matrimonio de abuelos.

El camino concluirá en la parroquia de Santiago Apóstol, donde a las 13:15 horas se celebrará la Eucaristía como acción de gracias por la vida y la misión de nuestros mayores.

Después de la celebración, los participantes regresarán a la Casa de la Hermandad del Prendimiento para disfrutar de un tiempo de convivencia y compartir fraterno. Puedes apuntarte en el correo familiayvida@diocesisalmeria.es

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Vera celebra el centenario de la coronación de la Virgen de las Angustias

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Vera celebra el centenario de la coronación de la Virgen de las Angustias

La tarde del sábado 10 de octubre quedará marcada en la historia de Vera. La plaza Mayor se llenó de fieles para acompañar a la Virgen de las Angustias en uno de los actos centrales del centenario de su coronación canónica.

La imagen de la patrona ocupó un lugar destacado en la fachada de la iglesia y desde allí presidió la solemne celebración de la Eucaristía, durante la que volvió a ser coronada cien años después de aquella primera coronación. En 1926, la Virgen de las Angustias fue la primera imagen de la provincia de Almería en recibir este reconocimiento. La corona que entonces recibió se perdió durante la Guerra Civil.

Décadas después, el pueblo de Vera volvió a regalarle una nueva corona, pero con motivo del centenario la Hermandad quiso recuperar la solemnidad de aquella primera pieza y promovió la realización de una corona especialmente elaborada para esta efeméride.

La Eucaristía estuvo presidida por el obispo diocesano y contó con la presencia de numerosas autoridades municipales, provinciales y autonómicas. Tras la celebración, la Virgen de las Angustias recorrió las calles de Vera en una procesión extraordinaria, convertida en uno de los momentos más esperados de este año jubilar.

Las celebraciones del centenario continuarán con nuevas citas. El próximo 31 de octubre tendrá lugar un besamanos extraordinario y, el 1 de noviembre, la imagen de la patrona visitará el cementerio de Vera.

Fotos: Javier Alonso, Diario de Almería

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HOMILÍA EN EL 100 ANIVERSARIO DE LA CORONACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS EN VERA

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HOMILÍA EN EL 100 ANIVERSARIO DE LA CORONACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS EN VERA

Querida Comunidad, hermanos sacerdotes D. Jesús y D. José Gregorio, párroco y vicario de Vera, Hnas. Franciscanas de la Purísima, Hermandades y cofradías… Estimadas autoridades: Sr. Alcalde y corporación municipal de Vera. Sr. Presidente de la Diputación Provincial de Almería, Sras. Diputadas. Delegado de Salud de la Junta de Andalucía. Teniente de la Guardia Civil. Subinspector Jefe de la Policía Local de Vera. Hermanas y hermanos todos.

Aquí estamos a tus pies, Virgen de las Angustias, 100 años después de tu Coronación Canónica. 100 años que los veratenses te reconocen como Reina y Señora de nuestro pueblo. Y hoy nos reafirmamos con una nueva corona, y con un reconocimiento de nuestra provincia. Pero una corona no es un adorno más, es irradiación, es autoridad (en la antigüedad lo eran por la gracia de Dios) En María tenemos esa certeza plena. Colocar una corona en el lenguaje de la fe significa que ponemos nuestra vida bajo su amparo y que reconocemos en María el camino más seguro para llegar a Cristo, por la gracia de Dios. No coronamos a la Virgen para hacerla más grande, la coronamos porque nosotros necesitamos recordar quién ocupa un lugar de honor en nuestro corazón y quien nos libra de nuestras angustias. La palabra angustia es una palabra latina que significa ‘angostura’, ‘dificultad’ o ‘estrechez’. Después pasó al plano psicológico significando ‘aflicción’ ‘congoja’ ‘ansiedad’…

Hoy, las lecturas de la Palabra de Dios nos proponen de nuevo una parábola sobre el Reino. En el fondo nos encontramos con los mismos temas fundamentales que proclamamos los anteriores domingos cuando contemplamos la viña del Señor.

La Palabra de Dios está llena de imágenes para que nos ayudan a entender la profundidad de las cosas en las que creemos. El Reino de Dios es como un banquete de Bodas. Es una fiesta. El profeta Isaías, en el que Jesús se inspira, imagina un gran convite “con manjares suculentos y vinos de solera”. Un convite que significa el final de toda peregrinación, por los desiertos de la vida, el final de todo dolor en el que será “aniquilada la muerte” … “El Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros” y por eso será una fiesta y todos los celebrarán con alegría.

Este es el proyecto de Dios con todos sus hijos, que cada uno de nosotros participemos del plenamente de la alegría de la vida. Nuestro Dios es el Señor de la alegría, de la esperanza y de la vida. Se preocupa y vela por nosotros ya lo dice el salmo “me guía por el sendero justo” “Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida”.

Pero la verdad es que muchas veces los cristianos no parecemos que estemos invitados a una fiesta de bodas. Sin quererlo presentamos y vivimos un cristianismo estéril, sin aliento vital, de unas maneras tristes y poco atrayentes. Parece que más que a un banquete de bodas estamos invitados a un valle de lágrimas, una peregrinación de sufrimientos y lamentaciones. En cambio, lo repetimos muchas veces, pero no nos lo creemos, que el llamamiento de Jesús es a sentirnos amados, valorados, dignificados, invitados a la alegría de vivir y a la libertad de los hijos de Dios.

Pero como en la parábola, somos capaces de justificar lo injustificable, de una manera torpe, para no ir a la fiesta del Evangelio, para no entrar en la vida que Jesús nos propone. Nos justificamos con tareas más importantes ¿Más importantes, de verdad? Por qué no ponemos la mano en nuestro corazón y nos preguntamos ¿Qué es lo prioritario en nuestra vida? ¿Hacer dinero, asegurarnos un futuro, responder a las expectativas de los demás, … o vivir la vida como un don de Dios, con serenidad y alegría, a pesar de las contrariedades?

Fijémonos en San Pablo: “Se vivir en abundancia y en pobreza, porque estoy entrenado en todo y para todo” ¿Cómo ha llegado a este equilibrio interior? A través de las pruebas vividas: “Todo lo puedo en aquel que me conforta”. Sabe en quién confía, sabe cuál es su misión. Sabe que Jesús es el compañero de camino que ha pasado por todo y ha salido victorioso, él es su Señor y Salvador.

Y si somos y nos sentimos invitados no significa que ya no tengamos más responsabilidades. Muy al contrario. Nos puede pasar como al compañero que no llevaba traje de fiesta. No todo vale. No basta con tener una apariencia externa (nombre de cristiano) sino que hemos de tener aptitudes, sensibilidad para participar de ese banquete. Se nos pide coherencia entre lo que decimos que somos y lo que vivimos. Interior y exteriormente tenemos que expresar lo que somos.

En la mesa, en el banquete, en la fiesta se destaca más lo que nos une que lo que nos separa. Si fuese una mesa de negocios aparecería más lo que nos divide. Nosotros en nuestra vida, en este tiempo, intentamos señalar casi siempre más lo que nos separa que lo que nos une, en aras del pluralismo, o mejor de hacer cada uno lo que más nos interesa en cada momento.

El banquete del Reino además es un banquete de Bodas. No podía ser de otra forma: de alianza, amor, fidelidad, entrega mutua.

La parábola del banquete nos narra la realidad del Reino o la salvación del hombre: sólo hay salvación si hay comunión de vida.

Una cosa es cierta, la ropa de boda necesaria no es la inocencia. Porque son los pecadores a los que Dios nos invita a la fiesta, en eso la parábola es muy clara. Ni la Iglesia, ni el Reino de Dios es una sociedad de perfectos, sino de personas que tienen conciencia de su pecado y aspiran al perdón. “¡Revestíos de Cristo!” Gál 3,27 nos dice san Pablo e insiste “¡Revestíos del hombre nuevo!”  Col 3,10

Está claro, hermanos, participar en la fiesta requiere una actitud de conversión. También la Eucaristía es el convite, la mesa de la intimidad, como la de los discípulos de Emaús. “¡Quédate Señor con nosotros!”. La Eucaristía que celebramos es también el altar del sacrificio de la vida de Cristo y la mesa de su Palabra, la mesa del encuentro con Cristo y con la comunidad, la mesa del compromiso que nos envía en medio del mundo a ser testigos fieles del Evangelio de Jesucristo.

Esta fiesta no quedará sin invitados. Todos estamos invitados. Pero nadie somos imprescindibles. Creer, es un regalo, un don, una Gracia. Entender esto significa muchas cosas, significa comprender: la fe, la vocación e incluso a uno mismo.

Que cada uno hoy piense qué compromisos, qué prioridades, qué quehaceres le impedirán aceptar esta invitación, esta tarjeta de bodas que nos ha enviado hoy el Señor, a nuestro corazón. Siempre que venimos a la Eucaristía participamos de la vida de Jesús y somos como él, “otros Cristo”. Si no, algo marcharía mal en nuestras vidas y en nuestra fe.

Hoy, invitados a esta boda (del latín = compromiso público y solemne) de la imposición de la nueva corona, alrededor de Nuestra Señora, desaparecen muchas diferencias. Aquí estamos personas de distintas edades, de distintas familias, con distintas historias y formas de pensar, pero mirarla a ella, nos configuran y nos exige caminar juntos, porque descubrimos que tenemos una misma Madre. Y cuando un pueblo aprende a encontrarse en torno a aquello que le une, la convivencia deja de ser un deseo para convertirse en una realidad.

Ojalá que, al celebrar estos 100 años de la Coronación, no nos quedemos solo contemplando una serena imagen con una nueva y magnífica corona. Ojalá que, volvamos a casa con el deseo de parecernos un poco más a María: disponibles para Dios y su voluntad, cercanos a los demás y capaces de llevar esperanza allí donde haga falta. Porque esa será siempre la mejor manera que tengamos de honrar a la Santísima Virgen de las Angustias, Nuestra Señora. ¡Ánimo y adelante!

Vera, 10 de octubre de 2026

                + Antonio, vuestro obispo

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Vida Ascendente Diocesana inicia el curso con su Asamblea General

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Vida Ascendente Diocesana inicia el curso con su Asamblea General

Vida Ascendente Diocesana celebró el pasado 3 de octubre su Asamblea General Anual en la parroquia de Santa Teresa de Almería. El encuentro reunió a los miembros del movimiento durante toda la mañana y sirvió para compartir el inicio del nuevo curso 2026-2027.

La jornada estuvo marcada por el deseo de seguir caminando juntos en sintonía con el nuevo Plan Pastoral Diocesano 2026-2030, bajo el lema «Comunión que celebra su fe, acoge y evangeliza».

Durante la mañana se desarrollaron los distintos momentos de la Asamblea, que contó con una buena participación. Uno de los momentos centrales fue la celebración de la Eucaristía, presidida por el consiliario del movimiento, D. Roberto Rodríguez.

El encuentro concluyó con una comida fraterna, ocasión para fortalecer los lazos entre los participantes y renovar el compromiso de Vida Ascendente con sus tres grandes pilares: amistad, oración y apostolado.

Con esta Asamblea General, Vida Ascendente comienza un nuevo curso con el propósito de seguir ofreciendo a los laicos adultos un espacio de encuentro, formación y vivencia compartida de la fe.

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Una veintena de internos participan en el primer Cursillo de Cristiandad celebrado en el Centro Penitenciario Sevilla II

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Una veintena de internos participan en el primer Cursillo de Cristiandad celebrado en el Centro Penitenciario Sevilla II

Una veintena de internos participan en el primer Cursillo de Cristiandad celebrado en el Centro Penitenciario Sevilla II

El Centro Penitenciario Sevilla II, en Morón de la Frontera, ha acogido este fin de semana una experiencia inédita para el Movimiento de Cursillos de Cristiandad de la Archidiócesis: la celebración de su primer cursillo en un centro penitenciario. Veinte internos han participado en esta iniciativa, organizada por el Secretariado Diocesano, en unos días marcados por la oración, la convivencia y el encuentro personal con Jesucristo.

La sesión de clausura ha estado presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, en la que ha participado también  el presidente de Cursillos de Cristiandad, José Ignacio del Rey Guanter; el consiliario Adrián Sanabria y el viceconsiliario,  Manuel Jiménez. También asistieron los capellanes del centro penitenciario Roy Mavadana y Manuel Franco, voluntarios de la Pastoral Penitenciaria y cursillistas que han querido compartir con los participantes el final de esta experiencia de fe. El director espiritual del cursillo penitenciario fue Ignacio del Rey Molina.

En palabras del presidente del Movimiento “el cursillo ha supuesto una oportunidad para que los internos se acercaran al Evangelio desde sus propias circunstancias vitales, descubriendo la posibilidad de iniciar un camino nuevo desde la fe y la confianza en Dios”. Las impresiones compartidas por los nuevos cursillistas reflejan la profundidad con la que han vivido estos días y el deseo de continuar creciendo en su relación con el Señor.

“La Iglesia somos nosotros”

Entre las reflexiones recogidas durante el cursillo destacaron expresiones que han resumido algunas de las principales experiencias de los participantes: “Jesucristo está en nuestras vidas para salvarnos”, “La Iglesia somos nosotros” y “mirar, seguir y amar a Jesús”.

También han puesto el acento en la importancia de la oración y del encuentro personal con Dios. “La fe se apoya en la oración y es fruto de nuestra relación con Dios”, expresaron los internos durante la puesta en común. La experiencia ha permitido asimismo profundizar en el sentido de la comunidad cristiana, los sacramentos y el compromiso con los demás. “La Iglesia es la casa y madre de todos”, han destacado los paticipantes, junto a la importancia de “vivir los sacramentos con pasión y amor” y “abrir el corazón hacia los demás como Dios quiere”.

En sus intervenciones resaltaron  la certeza de no caminar solos: “Todos juntos de la mano… Nunca estaremos solos”. Una convicción que enlaza con el sentido comunitario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, que invita a vivir la fe acompañados por otros y a descubrir la presencia de Dios en la propia historia.

Comienza el “cuarto día”

El arzobispo de Sevilla subrayó que “la clausura no supone el final del camino, sino el comienzo de una nueva etapa”. En la espiritualidad de Cursillos de Cristiandad, el llamado «cuarto día» es el tiempo posterior al cursillo, en el que cada participante está invitado a llevar a su vida cotidiana lo descubierto durante esos días, perseverando en la fe y creciendo en comunidad.

“Para vosotros comienza ahora ese camino de continuidad, acompañamiento y encuentro con el Señor, sostenido por la comunidad cristiana y por quienes colaboran en la pastoral penitenciaria”, añadió monseñor Saiz Meneses.

La celebración de este primer Cursillo de Cristiandad en el Centro Penitenciario Sevilla II constituye un paso significativo para acercar el anuncio del Evangelio a las personas privadas de libertad, ofreciendo un espacio de encuentro, esperanza y fraternidad.

Galería fotográfica. 

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