El Obispo preside la Eucaristía en el cementerio de San Rafael en la solemnidad de Todos los Santos recordando que la santidad es un don de Dios que requiere «colaboración humana»
Antonio Márquez peregrinó, junto a la Cofradía del Rocío, al convento de las religiosas Mínimas de Triana (Sevilla) y nos cuenta la crónica en el podcast Victoria, Gloria a Ti.
Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:
La solemnidad de Todos los Santos nos invita a contemplar a tantos hombres y mujeres que han alcanzado la plenitud de la vida en Dios. Al celebrar esta fiesta, quisiera que nos preguntáramos qué imagen de santidad llevamos dentro. A veces la hemos asociado a personas alejadas de los problemas del mundo y con un rostro serio. Pero ¿es esta la santidad a la que nos llama Jesús?
El Evangelio nos presenta otro horizonte: la santidad no nos aparta de la vida, sino que nos hace vivirla con más amor, esperanza y gozo. Para redescubrir esta llamada, propongo tres palabras: Gracia, comunidad y alegría.
1. Gracia: la santidad comienza en Dios
La santidad no comienza en nuestros esfuerzos, sino en el amor de Dios, que nos precede, nos sostiene y nos transforma. Como recuerda el papa León, la santidad, «en vano buscada con esfuerzos aislados, se revelará por lo que es: correspondencia a la Gracia que nos precede, nos sostiene y nos transfigura» (En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, 12 de junio de 2026).
Esto no significa que nuestros esfuerzos sean innecesarios, sino que nacen de una respuesta agradecida al amor recibido. Ser santo no consiste en aparentar perfección, sino en dejar que Dios nos enseñe a aceptar nuestra fragilidad, purifique nuestro corazón y nos ayude a comenzar de nuevo.
2. Comunidad: nadie se santifica en soledad
El papa Francisco nos advirtió: «Es tal el bombardeo que nos seduce que, si estamos demasiado solos, fácilmente perdemos el sentido de la realidad y la claridad interior, y sucumbimos. La santificación es un camino comunitario, de dos en dos. Así lo reflejan algunas comunidades santas» (Gaudete et exsultate, 140-141)
Los demás nos ayudan a crecer, nos corrigen, nos sostienen y nos enseñan a amar más allá de nuestras preferencias. Por eso necesitamos parroquias y comunidades abiertas, capaces de acoger al que llega y de acompañarlo en su camino particular de santidad.
«Las bienaventuranzas nos descubren una alegría distinta de la que propone el mundo: no nace del éxito o del reconocimiento, sino del amor, la misericordia, la justicia y la entrega»
3. Alegría: la dicha de las bienaventuranzas
La santidad tampoco es una vida apagada, marcada por la tristeza o la renuncia permanente. Francisco recuerda que «feliz» o «bienaventurado» llega a ser sinónimo de «santo», porque quien vive la Palabra de Dios encuentra, en la entrega de sí, la verdadera dicha (cf. Gaudete et exsultate, 64).
Las bienaventuranzas nos descubren una alegría distinta de la que propone el mundo: no nace del éxito o del reconocimiento, sino del amor, la misericordia, la justicia y la entrega. No ignora el sufrimiento, pero confía en que ni siquiera la cruz tiene la última palabra.
Queridos hermanos, pidamos que nuestra Iglesia de Málaga sea una comunidad que viva de la Gracia, camine unida y transmita la alegría del Evangelio. Que María, Reina de Todos los Santos, nos ayude a vivir una santidad alegre y comprometida.
En la víspera de la solemnidad de Todos los Santos, el arzobispo de Sevilla, Monseñor José Ángel Saiz Meneses, presidió la Eucaristía en la Parroquia de Jesús de Nazaret y Nuestra Señora de Consolación, en la barriada sevillana conocida como ‘Los Mares’, concelebrada por el párroco, José Antonio Jiménez, y el arcipreste de La Corza- Pino Montano, Francisco Javier Ojeda. Previamente a la celebración de la misma, a la que asistieron representantes de todas las realidades parroquiales, tuvo lugar la bendición de las nuevas vidrieras, un proyecto que viene desarrollándose desde los años en los que el sacerdote José Blanco se encontraba al frente de la parroquia.
Reflejo singular de la belleza del Evangelio
Tomando como hilo conductor de su homilía las lecturas de la solemnidad de todos los Santos, el arzobispo de Sevilla destacó el significado espiritual de las vidrieras, deteniéndose en cómo transforman la luz del sol en colores y belleza y recordando que, de igual modo, estamos llamados a dejar pasar la luz de Dios a través de nuestra vida y reflejar la belleza del Evangelio: «La luz es Cristo, que ilumina nuestra existencia y nos ayuda a caminar por el sendero del bien».
Asimismo, monseñor Saiz instó a los presentes a «ser luz y sal» en el día a día, mostrando que son una comunidad viva, acogedora y fraterna, «en la que se hace presente el amor de Jesucristo».
«Que las nuevas vidrieras nos recuerden que estamos llamados a transparentar la luz de Cristo en nuestra vida cotidiana», ha pedido monseñor Saiz la finalizar la homilía.
Un proyecto catequético
El pasado mes de septiembre, la Parroquia de Jesús de Nazaret y Ntra. Sra. de Consolación, emprendió una iniciativa catequética y cultural en torno a las dos series de vidrieras: La primera serie de vidrieras representa los siete sacramentos y fueron realizadas por Ausencio González, con un carácter eminentemente simbólico-litúrgico. La segunda serie, en la parte inferior, y bendecida en las víspera de la solemnidad de Todos los Santos, está dedicada a las obras de misericordia, y han sido realizadas al modo tradicional por Jaime Rodríguez.
Se busca con esta iniciativa acercar la parroquia a feligreses, colegios, asociaciones e instituciones públicas. “Las vidrieras -en palabras del párroco José Antonio Jiménez- no solo añaden luz y color, sino que comunican una verdad elemental para nuestra fe”. Para este fin, se ha elaborado un dossier en el que se desgrana el sentido de cada vidriera.
Este próximo lunes 2 de noviembre, conmemoración de los Fieles Difuntos, el vicario episcopal de La Laguna, José Manuel Matos, presidirá la Eucaristía en el cementerio de San Luis, en La Laguna, a las 10:00 horas. Por su parte, el vicario episcopal de Santa Cruz, Juan Manuel Yanes, hará lo propio en el cementerio de Santa Lastenia de la capital tinerfeña, a las 12:00 horas.
El obispo este año se hará presente en La Gomera donde presidirá sendas celebraciones.
La Diócesis de Cartagena renueva su consagración al Sagrado Corazón de Jesús en el día en el que se cumple el centenario de esta efeméride.
El obispo de Cartagena ha presidido la celebración acompañado por medio centenar de sacerdotes.
«Tuyos somos y tuyos queremos ser. Que tu amor reine en nuestros corazones y se manifieste en toda nuestra vida». Con estas palabras el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, renovaba esta mañana la consagración de la Diócesis al Sagrado Corazón de Jesús. Lo hacía durante la celebración de la Eucaristía que tenía lugar en una explanada en Monteagudo.
El monumento al Sagrado Corazón de Jesús presidía la celebración, al inicio de la cual el párroco de Monteagudo, Carlos Casero, ha recordado la consagración que se hizo hace cien años destacando que la de hoy no era solo un recuerdo: «Queremos seguir amando al que nos amó primero, Jesús sigue vivo entre nosotros en esta Diócesis y seguimos amándole».
Durante su homilía, el obispo de Cartagena ha recordado que los jesuitas contribuyeron a extender en la Diócesis la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. «Su imagen sigue bendiciendo a muchos de nuestros pueblos con nobles monumentos y está en las puertas de muchas casas implorando su bendición». El prelado ha invitado a los presentes y a quienes seguían la celebración por la televisión autonómica a entregar sus corazones a Cristo: «Nuestro Señor puede sanar lo que está herido, deshacer lo que se ha enredado y despertar el amor allí donde parecía haberse agotado. El encuentro con Cristo no nos hace perfectos de inmediato, sino que espera que comencemos el camino de nuestra conversión. Esta historia se hace poco a poco (…). El que se sabe amado por Cristo ya no puede mirar al mundo de la misma manera».
Después de la comunión, se ha realizado un momento de adoración ante el Santísimo Sacramento. Ahí se ha leído el mensaje del Papa León XIV, enviado por el secretario del Estado Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, al obispo de Cartagena: «Su Santidad se une a su acción de gracias, al mismo tiempo que les anima a seguir viviendo la misión evangelizadora alzando la mirada hacia Jesucristo que, en su corazón abierto y traspasado, nos revela su amor cercano y misericordioso».
Ante el Santísimo Sacramento el obispo ha renovado la consagración de la Diócesis de Cartagena al Sagrado Corazón de Jesús.
La Diócesis de Cartagena renueva su consagración al Sagrado Corazón de Jesús en el día en el que se cumple el centenario de esta efeméride.
El obispo de Cartagena ha presidido la celebración acompañado por medio centenar de sacerdotes.
«Tuyos somos y tuyos queremos ser. Que tu amor reine en nuestros corazones y se manifieste en toda nuestra vida». Con estas palabras el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, renovaba esta mañana la consagración de la Diócesis al Sagrado Corazón de Jesús. Lo hacía durante la celebración de la Eucaristía que tenía lugar en una explanada en Monteagudo.
El monumento al Sagrado Corazón de Jesús presidía la celebración, al inicio de la cual el párroco de Monteagudo, Carlos Casero, ha recordado la consagración que se hizo hace cien años destacando que la de hoy no era solo un recuerdo: «Queremos seguir amando al que nos amó primero, Jesús sigue vivo entre nosotros en esta Diócesis y seguimos amándole».
Durante su homilía, el obispo de Cartagena ha recordado que los jesuitas contribuyeron a extender en la Diócesis la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. «Su imagen sigue bendiciendo a muchos de nuestros pueblos con nobles monumentos y está en las puertas de muchas casas implorando su bendición». El prelado ha invitado a los presentes y a quienes seguían la celebración por la televisión autonómica a entregar sus corazones a Cristo: «Nuestro Señor puede sanar lo que está herido, deshacer lo que se ha enredado y despertar el amor allí donde parecía haberse agotado. El encuentro con Cristo no nos hace perfectos de inmediato, sino que espera que comencemos el camino de nuestra conversión. Esta historia se hace poco a poco (…). El que se sabe amado por Cristo ya no puede mirar al mundo de la misma manera».
Después de la comunión, se ha realizado un momento de adoración ante el Santísimo Sacramento. Ahí se ha leído el mensaje del Papa León XIV, enviado por el secretario del Estado Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, al obispo de Cartagena: «Su Santidad se une a su acción de gracias, al mismo tiempo que les anima a seguir viviendo la misión evangelizadora alzando la mirada hacia Jesucristo que, en su corazón abierto y traspasado, nos revela su amor cercano y misericordioso».
Ante el Santísimo Sacramento el obispo ha renovado la consagración de la Diócesis de Cartagena al Sagrado Corazón de Jesús.
Como cada 1 de noviembre, la Iglesia celebra la solemnidad de Todos los Santos, un día en el que los que peregrinamos aún en la tierra celebramos la comunión con quienes nos preceden en el cielo recibiendo de ellos el estímulo de su ejemplo.
Artisplendore
Es un día para recordar que la llamada a la santidad no es solo para unos pocos privilegiados, sino para todos, todos, todos, cualquiera que sea nuestra circunstancia o estado de vida. Cada uno de nosotros estamos llamados a tomar nuestra cruz a pesar de nuestros pecados y seguir al Señor “con temor y temblor” en nuestros ambientes. En virtud de la Gracia, algunos darán fruto “del 30 o del 60 o del ciento por uno”.
Como señala el Papa, el Día de Todos los Santos «nos recuerda cuál es el destino final de la humanidad: una gran fiesta en la que celebramos el amor de Dios, presente en todo y en todos, reconociendo y admirando la belleza multiforme de los rostros, todos diferentes y al mismo tiempo semejantes al rostro de Cristo. Mientras anticipamos esta realidad futura, sentimos aún más fuerte y doloroso el contraste con los dramas que la familia humana está sufriendo a causa de las injusticias y de las guerras. Y sentimos todavía más imperioso el deber de ser constructores de fraternidad».
ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Mañana domingo, 1 de noviembre, el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, dedica su carta a la solemnidad de Todos los Santos. En esta hace una llamada a vivir conforme al Evangelio porque “todos estamos llamados a la santidad”.
Monseñor Saiz Meneses insiste en que la santidad “no es un privilegio reservado a personas extraordinarias, sino la vocación de todos los bautizados”. Asimismo, explica que tampoco se trata de alcanzar la perfección por nuestras propias fuerzas, sino de dejarnos transformar por la gracia de Dios. “El santo permite que el amor de Cristo configure su existencia”, asegura el prelado.
Más adelante, el arzobispo de Sevilla se apoya en algunas citas de los últimos pontífices (León XIV, el papa Francisco y Benedicto XVI) sobre la santidad, y hace una exhortación a todos los sevillanos a vivir santamente en su vida ordinaria, teniendo como modelo a santos propios como san Isidoro, san Leandro o san Fernando.
La celebración tendrá lugar el próximo lunes 2 de noviembre, a las 20:00 horas, en la Santa Iglesia Catedral, para rezar por el eterno descanso de todos los fieles difuntos.
La Santa Iglesia Catedral de Jerez de la Frontera acogerá el próximo lunes 2 de noviembre, a las 20:00 horas, una Eucaristía con motivo de la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, jornada en la que la Iglesia recuerda especialmente a quienes han fallecido y eleva sus oraciones por su eterno descanso.
Esta celebración será una ocasión para que los fieles se reúnan en torno al altar y encomienden al Señor a sus familiares y seres queridos fallecidos, compartiendo desde la fe el recuerdo de quienes ya no están entre nosotros y la esperanza cristiana en la resurrección y la vida eterna.
La Conmemoración de los Fieles Difuntos, que tiene lugar cada 2 de noviembre, al día siguiente de la solemnidad de Todos los Santos, constituye una de las jornadas más significativas del calendario litúrgico para la oración por los difuntos. A través de la celebración de la Eucaristía, la Iglesia manifiesta su comunión con quienes han fallecido y proclama la esperanza que nace de la victoria de Jesucristo sobre la muerte.
De este modo, la Santa Iglesia Catedral invita a los fieles a participar en esta celebración eucarística, uniéndose en oración por todos los difuntos y acompañando especialmente a las familias que viven el dolor por la pérdida de sus seres queridos.