

Queridos diocesanos:
La imagen del pastor era muy querida en la tierra de Jesús. El Nazareno, muy observador y deseoso de darse a conocer en profundidad, la utilizó para presentarse a sí mismo. Le conmovía su estampa llevando en brazos a los corderos recién nacidos, dirigiendo sus pasos hacia pastos ricos en hierba y agua fresca, saliendo en busca de la oveja descarriada. Levantar, orientar, alimentar a las ovejas eran sus credenciales. Y le encajaban a la perfección a la hora de presentarse ante la gente ya que su misión se centró en levantar al caído víctima del mal y del pecado, tal como se narra en la parábola de El Buen Samaritano, orientar los pasos de los desorientados, como hizo con los discípulos de Emaús, y alimentar a los hambrientos, gesto repetido en la multiplicación de los panes y de los peces y, sobre todo, en la última Cena.
El Espíritu que ungió a Jesucristo y lo lanzó a la misión, es el que descendió un día sobre mí por la imposición de las manos y la unción con el Santo Crisma. De esta manera, recibí el carisma de Cristo Buen Pastor y asumí la responsabilidad de vivir la caridad pastoral cerca de los fieles encomendados a mi cura pastoral levantando, orientando y alimentando.
Es verdad que, a partir del 24 de mayo del año pasado, fecha en que inicié mi servicio pastoral en esta diócesis de Córdoba, comencé a moverme por toda la Diócesis, de modo que he visitado la mayoría de las parroquias y las instituciones más significativas, sin embargo, estas visitas fueron rápidas y centradas casi exclusivamente en actos de culto. La Visita Pastoral que me dispongo a comenzar pretende ser más profunda y de mayor alcance. Además, va a dirigirse a una realidad tan significativa desde el punto de vista pastoral como es el arciprestazgo.
Pues bien, a partir del día 9 de enero, comienza mi Visita Pastoral al arciprestazgo Baena-Castro del Río, Visita que tenía programada D. Demetrio, pero que no llegó a realizar al pasar a emérito. Mi presencia quiere mostrar la cercanía de Cristo Buen Pastor que no abandona nunca a su rebaño. Tal como hacía el Señor, deseo conoceros personalmente, saludaros, hacerme cargo de vuestras dificultades y alegrarme con vuestros logros. Me interesa asimismo evaluar con vosotros la vida cristiana personal y comunitaria y también la tarea evangelizadora que se va realizando en vuestro territorio.
Siguiendo los pasos de Cristo, Buen Pastor, y con espíritu de profunda comunión con los sacerdotes, mis más estrechos colaboradores, consagraré y compartiré con vosotros el pan de la Palabra y de la Eucaristía, me encontraré con niños y jóvenes en la catequesis y en los colegios, me acercaré a enfermos y usuarios de distintas instituciones caritativo-sociales y, en fin, visitaré Ayuntamientos y otras instituciones públicas.
Es mi propósito también encontrarme con los colaboradores en la tarea pastoral a través del ministerio de la Palabra, del culto, la oración y la piedad popular, del área del trabajo caritativo y social y de la presencia en la vida pública. Juntos, trataremos de tomar el pulso a la práctica pastoral e invocaremos al Espíritu Santo para que nos ilumine y nos ayude a discernir los caminos a seguir para renovar la vida eclesial en sus dos notas fundamentales: la comunión y la misión.
Agradezco a los sacerdotes el esfuerzo en la preparación y la realización de la Visita. Y a todos la acogida y generosidad al compartir la fe, vivir la caridad y sembrar la esperanza. Y, por favor, no os olvidéis de encomendar sus frutos al Señor por medio de nuestra Madre la Virgen María y de nuestros santos patronos Acisclo y Victoria. Que Dios os bendiga.
+ Jesús, Obispo de Córdoba
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