
Este sábado tarde, víspera del II domingo de Pascua, o domingo de la Divina Misericordia, 15 jiennenses pidieron la fe, y recibieron los sacramentos de iniciación cristiana (bautismo, confirmación y comunión) de manos del Obispo de Jaén, entrando a formar parte, así, de la Iglesia.
Una preciosa celebración en la que los neófitos entran a formar parte de la comunidad cristiana por una decisión personal y meditada, después de recibir una formación específica y un acompañamiento personal por parte de sus catequistas.

Las comunidades parroquiales de San Eufrasio de Andújar; Rus; La Carolina, San Agustín de Linares y las de San Miguel, Santiago Apóstol, Santa María Madre de la Iglesia y San Ildefonso de Jaén capital; celebraron con alegría el don de la fe de estos hombres y mujeres, que después de un encuentro personal y transformador con el Señor han recibido los sacramentos de iniación.
El Obispo, Don Sebastián Chico, comenzó el rito abriendo el paso a los catecúmenos la Catedral, antes había interrogado a sus padrinos si los aspirantes estaban preparados para recibir los Sacramentos.
Junto al Prelado, concelebraron el Delegado del Catecumenado, D. Jesús Díez del Corral, así como algunos de los párrocos que presentaban a sus catecúmenos: D. José Antonio Maroto, D. Facundo López Sanjuán y D. Sebastián Moreno. Los diáconos permanentes, D. Andrés Borrego y D. Francisco Esteban Hernández Lao acolitaron la celebración junto a dos seminaristas y los colaboradores del Templo Catedral.

Las lecturas estuvieron participadas por familiares de los nuevos cristianos, y el Evangelio proclamado por D. Francisco Esteban Hernández. El coro de Santa Magdalena de Jaén fue el encargado del acompañamiento musical en la celebración.

Homilía
En su homilía, el Obispo subrayó el sentido profundamente renovador de la experiencia cristiana que vivieron varios adultos al recibir los sacramentos de iniciación.
Dirigiéndose de manera especial a ellos, afirmó que “hoy el Señor os sale al encuentro para regalaros vida nueva” y recordó que este momento no es solo la culminación de un itinerario catequético, sino el inicio de una vida nueva en la fe: “El Señor ha sido fiel con vosotros”.
Al comentar el Evangelio de la aparición del Resucitado a los discípulos, el prelado destacó que Cristo “no llega cuando todo está resuelto. Entra donde hay miedo, herida y desconcierto”, subrayando que también hoy el Señor “entra igualmente y se pone en medio” de las situaciones de fragilidad personal y comunitaria.
En este sentido, insistió en el núcleo del mensaje pascual: “El Señor no os trae hasta aquí para echaros en cara el pasado. Os trae para deciros que su misericordia es más grande”, recordando que la lógica de Dios no es la condena sino la restauración: “No vuelve para condenar, sino para devolverles la alegría, la confianza y la misión”.
El obispo también puso de relieve la continuidad entre la Pascua de Cristo y la historia concreta de cada persona: “El Resucitado conserva sus llagas. No borra la historia. La transforma”, subrayando que la fe no exige una vida perfecta, sino apertura al encuentro con Dios: “Cristo resucitado no os pide una vida impecable para acercaros a Él. Os pide un corazón abierto”.
En el contexto de la celebración sacramental, recordó el don del Espíritu Santo con las palabras de Jesús a los discípulos: “Recibid el Espíritu Santo”, y explicó que los sacramentos introducen en una vida nueva dentro de la Iglesia, de la que los fieles pasan a formar parte como comunidad.
Asimismo, destacó la dimensión eclesial de la fe al señalar que “hoy no entráis en una experiencia privada. Hoy sois incorporados a un pueblo, a una comunidad, a una familia”, e invitó a perseverar en la vida cristiana cotidiana: “La fe, cuando se cuida, crece; cuando se abandona, se debilita”.
Finalmente, el obispo concluyó su homilía recordando la centralidad de la Pascua en la vida de la Iglesia: “Hoy el Resucitado se pone de nuevo en medio de su Iglesia y nos dice: ‘Paz a vosotros’”, y dirigió a los nuevos cristianos una llamada a la memoria y la fidelidad: “Hoy empieza una vida nueva. Hoy entráis de lleno en la Iglesia. No olvidéis nunca este día. Guardadlo en el corazón”.

Rito del Bautizo y de la Confirmación
Al finalizar sus palabras comenzó el rito propio de esta solemne celebración, con las súplicas y el rito penitencial. Guzal, Raquel, Ana, Erika, Claudia, Aimar, Josué, Ana, Alma, Julia, Alicia y Manuel, Alexander, Jeesica y Nadia Raquel fueron llamados hasta el presbiterio. A continuación, Don Sebastián ungió las manos de los catecúmenos con oleo bendecido en la misa crismal, junto con la petición de protección de este crisma: “Que os proteja el poder de Cristo Salvador, con cuya señal os ungimos con este óleo de salvación en el nombre del mismo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos”.
Después se dirigieron hasta el baptisterio para recibir las aguas del bautismo. Tras bendecir, el Prelado fue vertiendo agua sobre las cabezas de los neófitos que recibían la fe en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, con la mano de sus padrinos en el hombro, que los van a seguir acompañando en su camino de fe.

Al concluir, recibieron la vela que simboliza la fe, prendida instantes antes del cirio pascual, a la vez que se revistieron con paños blancas. El liturgo, D. Antonio Lara explicó el sentido de la luz, que simboliza su fe en Cristo, a la vez que señaló que las vestiduras blancas son las que deben representar desde ahora su vida, porque son ya ciudadanos del cielo. Y que mantuvieran limpias, hasta su vida eterna, esas vestiduras hasta presentarse al Señor.

Posteriormente, y ya en el presbiterio, mediante la imposición de manos y la crismación fueron recibiendo el sacramento de la Confirmación, acompañados por sus padrinos.
Volvieron una tercera vez al altar para recibir su primera comunión bajo las dos especies, la del pan y el vino.

Después de la bendición, el Obispo quiso terminar felicitando a los neófitos, sus familias y comunidades parroquiales.

La celebración culminaba con un canto mariano y unas fotos de familia. Tras un periodo de preparación y acompañamiento, estos quince adultos han nacido de nuevo, del agua y del Espíritu, siendo ya miembros de pleno de la Iglesia e hijos amados de Dios.
Galería fotográfica: “Sacramentos de iniciación cristiana adultos 2026”
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