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El Obispo recibe a la Orden de Caballería del Santo Sepulcro

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Los miembros de la Orden explicaron al prelado sus orígenes, historia y objetivos de apoyar la presencia cristiana en Tierra Santa

Monseñor Jesús Fernández recibió el lunes 2 de marzo a una representación de la Delegación en Córdoba de la Lugartenencia de España Occidental, Capítulo Noble de Castilla y León, de la Pontificia Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén. Entre la representación se encontraban el Delegado en Córdoba, Luis Alberto Valero Aranda, el Prior Provincial, José María Muñoz Urbano, y los Caballeros Federico Adarve Hanna y Luis Galán Soldevilla; y las Damas Isabel María Guerrero González y María del Pilar Albalá Pedrajas.

Durante el encuentro los miembros de la Orden explicaron al Obispo los orígenes y la historia de la misma y su personalidad jurídica pública y universal, de acuerdo a la ley canónica y a la del Estado Vaticano, como Ente Central de la Iglesia Católica. Asimismo, destacaron el importante esfuerzo en la consecución de sus objetivos, marcados estatutariamente por su Jefe directo, el Santo Padre, dirigidos a apoyar la presencia cristiana y los derechos de la Iglesia Católica en Tierra Santa, a través del Patriarcado Latino de Jerusalén, con su Patriarca y Gran Prior de la Orden, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, y a fortalecer la fe y el compromiso cristiano de sus miembros. Los Caballeros y Damas Sepulcristas agradecieron al Obispo sus palabras de ánimo, cercanía y atención y le trasladaron su disposición para colaborar en la Diócesis.

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Proyección de “El Rostro del Perdón” y diálogo, con la Delegación de Misiones

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En los cines Megarama Neptuno el viernes 6 de marzo.

El día 6 se estrena en Granada la película “El Rostro del Perdón”, que cuenta la historia de sor Rani María, misionera en la India que dedicó su misión a defender la dignidad de los campesinos y ayudar a las comunidades a salir de la explotación. Fue asesinada el 25 de febrero de 1995 y “su historia no terminó en el odio, sino en el perdón”, explica la productora, ya que “su propia familia perdonó públicamente al asesino, mostrando al mundo la fuerza transformadora del Evangelio”. Sor Rani María fue beatificada en 2017 durante el pontificado del Papa Francisco.

La proyección de la película en Granada serán los días 6 y 7 de marzo en los cines Megarama Neptuno, y promovida desde la Delegación diocesana de Misiones. En el día del estreno, el 6 de marzo a las 17 horas, habrá después un coloquio con el padre Tomás Martínez, de Animación Misionera de dicha Delegación diocesana. Las entradas para ese día pueden adquirirse en elrostrodelperdon.es

Por el momento, son los unidos dos días de pase, a la espera de que pueda ampliarse en siguientes fines de semana, en función de su buena acogida en la sala de cine granadina.

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Novena en honor a san Juan de Dios, previa a la clausura de su Año Jubilar

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En la Basílica a las 19:30 horas, siendo la Eucaristía con la que concluye este año de gracia concedida a la Orden el domingo día 8, en su fiesta litúrgica, a las 20 horas, presidida por el arzobispo.

Hasta el próximo sábado día 7 se está celebrando la Solemne Novena de San Juan de Dios, en vísperas de su fiesta litúrgica el 8 de marzo. Esta Novena se lleva a cabo en la propia Basílica de san Juan de Dios, donde reposan los restos del santo de quien nació una atención a los enfermos basada en la Evangelio y el humanismo cristiano, dando origen a la Orden Hospitalaria.

La Novena da comienzo a las 19:30 horas. Además, el día 7 se celebrará la procesión con la imagen del santo, que data del siglo XVII, recorriendo algunas calles de la ciudad. Dicho recorrido, que se iniciará el día 7, a las 16 horas, desde su sede basilical, es el siguiente: calle San Juan de Dios, Nueva del Santísimo, Santos, calle Azacayas, Gran Vía de Colón, calle de los Reyes Católicos, calle Mesones, plaza de la Trinidad, calle Capuchinas, Romanilla, San Jerónimo y regreso a la basílica por calle San Juan de Dios.

Como sucediera hace un año, esta fiesta litúrgica es de especial significación ya que, en esta ocasión, se clausura el Año jubilar que el 8 de marzo del año pasado daba inicio, con motivo del 475 aniversario de la muerte del santo. Esta clausura será con la Eucaristía que presidirá nuestro arzobispo D. José María a las 20 horas en la propia Basílica.

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Un grupo de 80 militares de Cerro Muriano realizan una marcha militar a Las Ermitas

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El Carmelita fray José Carlos Sillero Fresno presidió la eucaristía

La comunidad de los Carmelitas Descalzos acogió al grupo de militares de Cerro Muriano y compartieron la eucaristía presidida por el fray José Carlos Sillero Fresno. Los militares agradecieron a la Comunidad la acogida y su oración tanto por ellos como por los conflictos y guerras que hay en el mundo actualmente.

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“La Pastoral del trabajo en las comunidades parroquiales”

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En la parroquia Divina Pastora, los días 4 y 5 de marzo.

Hoy miércoles día 4 y mañana jueves día 5, el Secretariado de Pastoral del Trabajo y la HOAC organizan unas Jornadas de Pastoral obrera, que cumplen su XXXII edición. Se desarrollarán en la parroquia Divina Pastora, en Motril, con el lema “La pastoral del trabajo en las comunidades parroquiales”.

El objetivo de las Jornadas es “concienciar y animar en las parroquias el desarrollo de esta Pastoral del trabajo”, explican sus organizadores.

“La Pastoral Obrera en las parroquias es la acción evangelizadora de la Iglesia en el mundo del trabajo, enfocada en acompañar, defender y dignificar a los trabajadores, especialmente a los precarios, desempleados y empobrecidos. Busca concienciar a la comunidad parroquial sobre la realidad laboral, promover la justicia social y ‘encarnar’ la fe en la vida cotidiana de las personas trabajadoras”, explica el Secretariado diocesano de Pastoral del Trabajo.

Las Jornadas se celebrarán a las 19:30 horas, los días 4 y 5 de marzo, en la parroquia Divina Pastora. El primer día intervendrá Juan Francisco Garrido Jiménez, militante de HOAC y director del Secretariado de Pastoral del Trabajo de la Diócesis de Córdoba. El día 5 se celebrará una mesa redonda, con la experiencia compartida de tres parroquias.

“Desde que el sistema de trabajo capitalista impuso unas condiciones de trabajo que deshumanizan a las personas, porque las convierte en instrumento de producción, la Iglesia muestra su preocupación por iluminar esa realidad haciendo presente el Amor de Jesucristo y anunciando la salvación que Él propone. La evangelización del mundo obrero y del trabajo surge como la respuesta de nuestra Iglesia a la situación de injusticia y deshumanización que se padece a consecuencia de las relaciones de trabajo. Esto es la Pastoral Obrera”, explica este Secretariado diocesano.

Estas Jornadas están abiertas a la participación de todo el mundo que desee asistir.

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El Obispo, los vicarios y arciprestes han participado en unas jornadas de formación en Granada

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Desde el pasado lunes y hasta este miércoles, el Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez, el Consejo Episcopal y algunos arciprestes, han participado en Granada de un encuentro de vicarios y arciprestes dirigidos a los e la Provincia Eclesiástica de Granada, a la que pertenece nuestra Diócesis.

Con espíritu de fraternidad y comunión sacerdotal se congregado desde esta mañana y hasta el día 4 los vicarios y arciprestes de la Provincia Eclesiástica de Granada, en el Seminario Diocesano “San Cecilio”-Casa de espiritualidad Papa Francisco.

Procedentes de las diócesis de Jaén, Guadix, Málaga, Almería y Cartagena-Murcia, así como los vicarios y arciprestes de nuestra Archidiócesis de Granada, los presbíteros están acompañados por algunos de sus obispos, como el obispo de Jaén, de Guadix y nuestro arzobispo Mons. Gil Tamayo, que ha inaugurado dichas Jornadas, tras el rezo de la Hora Intermedia.

Bienvenida de Mons. Gil Tamayo
En sus palabras de bienvenida a los asistentes, D. José María ha expresado sus condolencias y cercanía con la diócesis malagueña ante el fallecimiento la semana pasada en accidente de tráfico del sacerdote en activo D. José Amalio González.  

Las Jornadas tienen como tema central “El cuidado del sacerdote”, en el que se incluye “la preocupación del cansancio sacerdotal”, para la que es necesaria “una mirada interdisciplinar”, explicó nuestro arzobispo, teniendo en cuenta el cambio social y cultural que vivimos actualmente.

Las Jornadas se proponen como un espacio de reflexión, diálogo, oración y discernimiento desde la fraternidad sacerdotal y con espíritu de comunión.

En este sentido, nuestro arzobispo ha invitado a los vicarios y arciprestes a seguir trabajando en los aspectos que en estas Jornadas se aborden y hacerlo en grupos en sus respectivas diócesis. Y esto con una invitación a “intervenir todos” los sacerdotes, al mismo tiempo que ha recordado la experiencia fructífera de la Asamblea “Convivium”, celebrada recientemente en Madrid que congregó a 1.500 sacerdotes de esta Archidiócesis para tratar la situación actual y caminar juntos en el acompañamiento pastoral entre presbíteros y en medio del pueblo de Dios. “Un tiempo para detenernos, escucharnos y dejar que el Espíritu renueve nuestra vocación, y sentirnos un único presbiterio”, informó la Archidiócesis de Madrid.

En sus palabras al inicio de las Jornadas, Mons. Gil Tamayo aportó algunos aspectos que constituyen un punto de partida en la radiografía social que vivimos y que “afecta a la tarea pastoral, a su significación…, lo que provoca un cansancio”: la sociedad compleja y cambio social profundo, polarización, brecha generacional, el ambiente de sospecha que se ha pergeñado contra el clero a raíz de algunos asuntos graves y problemas surgidos en estas últimas décadas. Asimismo, también ha recordado las palabras del Papa León XIV frente a la ideologización y el riesgo de instrumentalizar la fe con rasgos ideológicos. Y todo ello -explico D. José María- “no para buscar culpables, sino para animar a buscar las causas y poner remedio”.

“Madurez afectiva y vivencia de la fe”
La primera de las intervenciones en las Jornadas ha estado a cargo de Ignacio Morón, decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada, que ha hablado sobre la “madurez afectiva y vivencia de la fe”, en cuya intervención también ha aludido al síndrome del “burnt out”, que, como otros ámbitos de la vida que afecta a las personas en sus lugares profesionales, también puede alcanzar a los presbíteros en su ministerio pastoral. Un escenario en el que puede suceder, dado que “cada vez somos menos y más mayores, lo que conlleva el cansancio”, indicó D. José María.

Tras un diálogo entre los vicarios y arciprestes asistentes y la comida fraterna, las Jornadas continúan esta tarde, para abordar “la vivencia del malestar en la vida sacerdotal, riesgos y recursos de agotamiento”, a cargo de D. Miguel Ruiz Prada, psicoterapeuta en el Equipo de Vida Religiosa y Sacerdotal de UNINPSI de la Universidad Pontificia de Comillas.

Visita a la Cartuja
En el marco de estas Jornadas, los participantes también podrán conocer mañana martes la nueva iniciativa de visita cultural en el monasterio de La Cartuja llamada “Silentia”, en la que participa la Archidiócesis de Granada, junto a otras 7 diócesis españolas, dentro del Proyecto “Expedición al Medievo 4.0”, y que se oferta en Granada los fines de semana (https://www.ticketsgranadacristiana.com/)

Archidiócesis de Granada

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Solemccor recogió más de un millón de kilos de ropa en 2025

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La empresa de inserción de Cáritas Diocesana forma parte de la cooperativa Moda re- impulsada por Cáritas Española

Solemccor, la empresa de inserción de Cáritas Diocesana de Córdoba e integrada en la cooperativa estatal Moda re- recogió 1.119.929 kilos de ropa a través de los 178 contenedores que tiene distribuidos en toda la provincia de Córdoba, lo que supone un aumento del 28% con respecto al año 2024.

El gerente de Solemccor, Salvador García, ha destacado que “se ha llevado a cabo la sensorización al 100% de los contenedores de reciclaje textil, lo que permite controlar los niveles de llenado de los mismos, optimizando el proceso de recogida y reduciendo trayectos, lo que aminora la huella de carbono en el reciclaje de ropa”.  “Esta optimización en el proceso ha hecho que “por primera vez en nuestra historia se haya superado el millón de kg recogidos de textil”, ha afirmado García.

El compromiso con el entorno y con las personas es la base fundamental del proyecto Solemccor, que en 2025 sumó 59 empleos, de los cuales 45 corresponden a personas en situación de vulnerabilidad. El proyecto cuenta también con una tienda de ropa de segunda mano (Calle Historiador Díaz del Moral, 9), que responden además a un modelo innovador de tienda-escuela, donde personal de inserción adquiere conocimientos y destrezas de gestión comercial y atención al público guiados por un equipo de profesionales especializados en el sector del retail.  Estas tiendas son también espacios solidarios que ofrecen una atención digna a personas en riesgo de exclusión, que pueden acceder a una entrega social basada en una experiencia de compra totalmente normalizada sin coste alguno.



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Jornada de estudio sobre el Concilio de Elvira

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El 11 de marzo, organizado por el Instituto de Teología Lumen Gentium de Granada.

El 11 de marzo se celebra en Granada una Jornada de estudio sobre el Concilio de Elvira, uno de los acontecimientos más destacados en la historia eclesiástica de la Península Ibérica.

Organizado por el Instituto de Teología Lumen Gentium de Granada, la Jornada se celebrará en el Seminario Mayor San Cecilio-Casa de espiritualidad diocesana Papa Francisco (Paseo de Cartuja, 49), previa inscripción EN ESTE FORMULARIO https://forms.gle/R9hmZaxpaebZvC9q8, con una colaboración de 20 euros.

La Jornada está dirigida especialmente a los profesores y alumnos del Instituto, así como a toda persona interesada en este tema, “dada la relevancia de este evento sinodal que trascendió en gran medida el ámbito local”, explicaron sus organizadores.

Esta Jornada de estudio dará comienzo a las 10 horas, con una presentación, y a continuación la ponencia marco titulada “Elvira: el concilio sinodal del Sur de España”, a cargo del profesor de Historia de la Iglesia, Manuel A. Amezcua Morillas. También se abordará el contexto arqueológico sobre “la ciudad Florentia Iliberritana en el siglo IV d.C y los orígenes del cristianismo en la Península Ibérica”, con el arqueólogo Ángel Rodríguez Aguilera y la catedrática de Arqueología Clásica de la UGR Macarena Bustamante Álvarez.

Durante la mañana, también se ofrecerán tres Comunicaciones, desde una aproximación eclesiológica, lingüística y abordando un caso particular en relación al Concilio de Elvira. Serán ofrecidas, respectivamente, por los profesores en el Instituto Lumen Gentium de Eclesiología D. Antonio Jesús Pérez Martínez; de Latín, Mar Morata García de la Puerta; y de Historia de la Iglesia, Ignacio Huertas Puerta.

La Jornada concluirá con una visita guiada al yacimiento arqueológico de Los Mondragones, tras el almuerzo en la Casa de espiritualidad Papa Francisco. Especialmente para esta participación en el yacimiento es necesaria confirmar asistencia hasta el 6 de marzo.

INSCRIPCIONES

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Nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe: ‘Cor ad cor loquitur’, el corazón habla al corazón

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La Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ha publicado una nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe que lleva por título Cor ad cor loquitur —el corazón habla al corazón—, en referencia al lema cardenalicio del «recién declarado doctor de la Iglesia, san Juan Enrique Newman». En él se encierra el tema central de la nota doctrinal, que la vida espiritual y el encuentro con Dios «afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva». Esta nota fue aprobada por la Comisión Permanente en su última reunión, celebrada los días 24 y 25 de febrero en Madrid.

Esta reflexión está motivada por los diversos signos de un «renacer de la fe cristiana» en la sociedad, así como el surgimiento de «diversas iniciativas de primer anuncio» suscitadas por el Espíritu Santo y que facilitan el encuentro con Cristo. La Iglesia valora su «creatividad» y reconoce «una llamada que anima a recuperar la importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana». De esta forma, los obispos de esta Comisión ofrecen esta nota doctrinal para «ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia».

Texto completo

Cor ad cor loquitur (El corazón habla al corazón) – nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe

1. Cor ad cor loquitur fue el lema cardenalicio escogido por el recién declarado doctor de la Iglesia, san Juan Enrique Newman, inspirándose en san Francisco de Sales, quien definía la vida espiritual como un encuentro con Dios “de corazón a corazón”[1], un movimiento del corazón de Dios al corazón del hombre y, a la inversa, del corazón del hombre al corazón de Dios; un intercambio incesante que afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva[2]. El mismo Jesús, cuando le preguntan por el mandamiento principal de la Ley, dice: «Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente» (Mt 22,37). La fe implica a toda la existencia humana, pues es la entrega del hombre “entero” a Dios como respuesta obediente y libre a la revelación (Rom 1,5; 16,26)[3]. Es Dios el que toma la iniciativa de salir al encuentro del hombre, y adelanta su gracia para que, con el auxilio interior del Espíritu Santo, el corazón del ser humano se oriente y se dirija hacia Dios, permitiéndole entrar en comunión íntima con él[4]. Junto a los aspectos fiduciales (confianza en Dios) se dan en la fe elementos cognoscitivos (adhesión a Dios, confesión de fe) y también emociones y sentimientos (gozo espiritual, amor o paz, entre otros).

2. Los Obispos de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ofrecemos estas reflexiones acerca de la integralidad de la experiencia de fe, que es fruto del encuentro con el auténtico rostro de Jesucristo encarnado: «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre» (Credo niceno-constantinopolitano).

Motivación pastoral de esta reflexión

3. En los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada “generación Z”, aquellos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del 2000. La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe. Estos nuevos métodos o herramientas de evangelización representan un soplo de aire fresco para la Iglesia, que, como Madre, vuelve una y otra vez a «ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud»[5]

La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe.

4. En todos estos métodos, en mayor o menor grado, tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer “impacto” en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo. A ello le ha de seguir la configuración de la vida de los cristianos con el Señor, el discipulado en la Iglesia y al apostolado como testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo. Sin embargo, no son pocos, incluso entre los promotores de estas experiencias, que han advertido del riesgo de un reduccionismo “emotivista” de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual. El anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida: que «tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Este es el gran impacto que renueva la mente y el pensamiento, amplía el horizonte de la libertad, ofrece un nuevo sentido a la vida y, en función de ello, da una nueva consistencia al obrar de las personas.

5. En determinados momentos de la historia de la Iglesia la balanza se ha inclinado hacia el asentimiento intelectual a unas verdades reveladas o al compromiso y a la acción, con incidencia en la vida espiritual de los fieles, la reflexión teológica, la catequesis o el apostolado. En nuestros días, en cambio, la experiencia de fe se centra en el universo emocional y sentimental de la persona, lo que podría interpretarse como uno de los “signos de los tiempos” o una llamada que anima a recuperar la importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana. Al mismo tiempo, advertimos la necesidad de regular y discernir las emociones porque pueden ser un obstáculo para el crecimiento espiritual.

6. Valorando positivamente todo lo que de bueno están aportando estos métodos de primer anuncio en el contexto de una sociedad fuertemente secularizada, los obispos de esta Comisión, como pastores del pueblo de Dios, ofrecemos esta Nota con el fin de ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia —como la mujer samaritana— buscando «un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,14).

Creer con el corazón

a) La absolutización de lo emotivo en la postmodernidad

7. Expertos y analistas de nuestro tiempo vienen advirtiendo que en la llamada cultura postmoderna se ha producido una absolutización de la afectividad, reduciéndola a los sentimientos y a las emociones, e incluso se ha llegado a sostener su irracionalidad, lo que ha sido denominado como “emotivismo”[6], es decir, la reducción de la afectividad a la emoción. El hombre postmoderno rechaza el objetivismo racionalista para convertirse en un sujeto emotivo, que pasa del “pienso luego existo” al “siento luego existo”, del “logos” a la “emoción”. Pero los sentimientos y las emociones, si bien son parte del mundo afectivo, no son capaces de abarcarlo en su totalidad.

8. El hombre “emotivista” se experimenta fragmentado, porque las emociones por sí mismas son inconexas y no le pueden ofrecer una visión holística de la realidad. Se percibe desorientado, porque se deja arrastrar por las emociones a cada momento sin ningún horizonte y se identifica con ellas[7]; y vive en la inmediatez y la inconstancia absolutizando el instante (en tanto que perdura la emoción). Aplicado a la vida espiritual, el “emotivista religioso” hace depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento[8] y a lo placentera que pueda resultar, lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas. Es importante no confundir estas vivencias con el arrobamiento místico o la experiencia del gozo espiritual que acompaña en los santos la revelación privada. Ya en el año 2003 la Conferencia Episcopal Española advertía en el Directorio de pastoral familiar de la Iglesia en España de que «esta concepción (meramente “emotivista”) debilita profundamente la capacidad del hombre para construir su propia existencia, porque otorga la dirección de su vida al estado de ánimo del momento, y se vuelve incapaz de dar razón del mismo. Este primado operativo del impulso emocional en el interior del hombre, sin otra dirección que su misma intensidad, trae consigo un profundo temor al futuro y a todo compromiso perdurable»[9].

Resulta determinante encontrar un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales. Los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien.

9. Conviene tener presente que las emociones y los sentimientos tienen un papel importante en la vida humana y espiritual. El cuerpo humano y las emociones son partes integrales de la vida psíquica y espiritual del ser humano. Las emociones no pueden ignorarse ni trivializarse porque son intrínsecas a nuestra existencia. Ahora bien, resulta determinante encontrar un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales. Los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien. A este respecto, el papa Francisco afirmaba en la encíclica Lumen fidei (2013):

La fe sin verdad no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface únicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusión. O bien se reduce a un sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de la situación de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida[10].

10. Por otra parte, el “emotivista” resulta más fácilmente manipulable. Muchos discursos sociales y políticos actuales apelan con frecuencia a las emociones (miedo, esperanza, indignación) con el fin de generar determinados comportamientos y adhesiones. También en la vida espiritual existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un “bombardeo emocional”, lo cual podría considerarse una forma de “abuso espiritual”. Tal abuso puede manifestarse en forma “presión emocional del grupo”, que hace que los individuos se vean obligados a “sentir” lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia. E incluso a través de la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas (“falso misticismo”[11]), que desvirtúan una auténtica visión de Dios, como medios para ejercer dominio sobre las conciencias anulando la autonomía de las personas o para cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad moral[12].

b) La importancia de los sentimientos en la vida espiritual

11. Los sentimientos juegan un papel importante en la vida humana y espiritual, y son fundamentales en la vida interior de toda persona humana. La fe cristiana, arraigada en la encarnación, no los puede ni dejar de lado ni ignorar. Dios nos alcanza también en nuestro sentir, en nuestra subjetividad, en nuestra intimidad, en nuestra emocionalidad. Lo afectivo constituye un campo fundamental en la vida espiritual, en la relación con Dios y con los demás, en la maduración creyente de la persona. Sin embargo, los sentimientos no pueden determinar toda o casi toda la vida cristiana, pues, en ocasiones, la misma ausencia de sentimientos es parte del itinerario espiritual.

12. Los métodos de evangelización, a los que nos hemos referido, ayudan a descubrir la importancia del aspecto emotivo de la vida cristiana. Por influjo de la modernidad ilustrada, se dio una tendencia a subrayar los aspectos intelectuales o éticos de la fe, considerando los sentimientos como algo marginal en la experiencia de fe. La piedad popular y algunas prácticas espirituales alimentaron una espiritualidad más vinculada a los sentimientos, a la imaginación y al corazón.

13. El reto será siempre facilitar el encuentro con Dios sin abusar de las emociones, al mismo tiempo que sin menospreciar la fuerza de la fe para suscitarlas. Sería contradecir la misma Palabra de Dios, que tiene muy en cuenta la dimensión afectiva de la relación entre Dios y el ser humano.

14. El Antiguo Testamento describe el amor de Dios hacia su pueblo en múltiples pasajes, como el de una madre que se apiada del hijo de sus entrañas (cf. Is 49,14-15), como el de un padre que toma entre sus brazos a su hijo pequeño y cuida de él (cf. Os 11,1.3-4) o como el de un amado que graba a la amada como un sello en su corazón (cf. Cant 2,2; 6,2; 8,6). Este amor exige por parte del hombre la respuesta de un corazón nuevo, de un corazón de carne (cf. Ez 36,26).

15. En el Nuevo Testamento, el Verbo encarnado asume también los sentimientos de la condición humana. En muchos pasajes vemos cómo Jesús se compadeció de aquellos que andaban como ovejas sin pastor (cf. Mt 9,36), experimentó la angustia y la tristeza en el Huerto de los Olivos (cf. Lc 22,39-44; Mt 26,37), lloró por Jerusalén (cf. Lc 19,41-44) y por la pérdida de su amigo Lázaro (cf. Jn 11,35), amó a los discípulos y los llamó amigos (cf. Jn 13,23; 15,15), miró con ira y se sintió dolido ante la dureza del corazón de los demás (cf. Mc 3,5) o por ver el Templo transformado en un mercado (cf. Mt 21,12-13; Mc 11,15-18; Jn 2,13-22), etc[13]. Como dirá san Agustín, él asumió también los sentimientos humanos para redimirlos: «tomó estos afectos de la humana flaqueza, lo mismo que la carne de la debilidad humana (…), de suerte que, si a alguno le aconteciere contristarse y dolerse en las tentaciones humanas, no se juzgase por esto ajeno a su gracia»[14]. Como recuerda el Concilio Vaticano II, «realmente, el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (…), él manifiesta plenamente el hombre al propio hombre (…), pues en él la naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida, (…) ha sido elevada a una dignidad sin igual»[15]. No es de extrañar que san Pablo recomendase a los filipenses: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús» (Flp 2,5). Negar, por tanto, las emociones en el acto de fe, sería renegar de la condición humana, que ha sido asumida por el Verbo encarnado, el Hombre perfecto (cf. Ef 4,13), el mismo que «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre»[16], y por eso puede sanar de su desorden a la afectividad humana, iluminarla y elevarla. Como dirá la encíclica Dilexit nos (2024), «el Hijo eterno de Dios, que me trasciende sin límites, quiso amarme con un corazón humano. Sus sentimientos se vuelven sacramento de un amor infinito y definitivo»[17].

Negar, por tanto, las emociones en el acto de fe, sería renegar de la condición humana, que ha sido asumida por el Verbo encarnado, el Hombre perfecto (cf. Ef 4,13), el mismo que «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre».

c) Recuperar el corazón

16. La afectividad, dimensión esencial del ser humano, junto con la razón y la voluntad, integra las emociones y los sentimientos en la verdad del ser humano, creado «a imagen y semejanza de Dios» (Gn 1,26), profundamente amado en la realidad de su existencia. Por ser una dimensión fundamental de la persona, no puede quedar excluida del acto de fe, ya que Dios sale al encuentro de cada hombre y de cada mujer en la integridad de su ser, y les habla de corazón a corazón. Pues el corazón es el centro de la persona, el lugar de las decisiones, de la verdad, del encuentro y de la Alianza, que solo puede ser sondeado y conocido por el Espíritu de Dios[18].

17. El magisterio de los pontífices más recientes está impregnado de una llamada a la recuperación del corazón en la vida cristiana. Ya Pío XII en la encíclica Haurietis aquas (1956), sobre la devoción al Corazón de Cristo,alertaba del peligro del naturalismo y del sentimentalismo, y presentaba el Corazón del Verbo encarnado como signo y símbolo del triple amor con que ama Cristo: el amor divino (como Dios), el amor espiritual humano (la caridad de su voluntad humana) y el amor sensible (afectos y emociones)[19]. De esta forma, se invitaba a los fieles a alcanzar la armonía del amor en Cristo. Posteriormente, son significativas las encíclicas de Juan Pablo II Redemptor hominis (1979) al volver sobre la dimensión humana del misterio de la Redención y, especialmente, Dives in misericordia (1980) dedicada al amor misericordioso de Dios. Por su parte, Benedicto XVI hizo referencia en varias de sus encíclicas a esta cuestión, de manera peculiar en Deus caritas est (2005), pero también en Spe salvi (2007) y Lumen fidei (2013), escrita entre Benedicto XVI y Francisco, a la que ya se ha hecho referencia. Más recientemente el papa Francisco, en su encíclica Dilexit nos (2024) nos propuso recuperar la importancia del corazón en la vida cristiana, pues —como dice san Pablo— «si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rom 10,9). En el corazón es «donde cada persona hace su síntesis; allí donde los seres concretos tienen la fuente y la raíz de todas las demás potencias, convicciones, pasiones, elecciones»[20]. Todo se unifica en el corazón, que es «el núcleo de cada ser humano, su centro más íntimo; no solo el núcleo del alma, sino de toda la persona en su identidad única que es anímica y corpórea (…) Es la sede del amor con la totalidad de sus componentes espirituales, anímicos y también físicos»[21].

18. Desde el corazón, en el que se integran las dimensiones afectiva y corporal, la racional e intelectual, así como la volitiva y el compromiso[22], la experiencia de fe se convierte en un acontecimiento totalizante, que permite afirmar al creyente: «Encontré al amor de mi alma. Lo abracé y no lo solté» (Cant 3,4). Se trata de un hecho que siempre desborda y trasciende, y hace gustar de antemano el gozo y la luz de la vida eterna.

19. La afectividad, como dimensión humana fundamental en armonía con la razón y la voluntad, supera al mero sentimentalismo y libera a la fe de las redes del subjetivismo y del emotivismo. El amor auténtico siempre conduce a la verdad. Como afirmaba el papa Benedicto XVI:

Sin la verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente (…), es presa de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos (…). La verdad libera a la caridad de la estrechez de una emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales, así como de un fideísmo que mutila su horizonte humano y universal. En la verdad, la caridad refleja la dimensión personal y al mismo tiempo pública de la fe en el Dios bíblico, que es a la vez “Agapé” y “Lógos”: Caridad y Verdad, Amor y Palabra[23].

20. Creer con el corazón es el mejor antídoto contra los dos grandes enemigos de la vida espiritual apuntados por el papa Francisco: el neo-gnosticismo y el neo-pelagianismo. El primero concibe la salvación como algo puramente interior, cerrando al sujeto en la inmanencia de su propia razón o sentimientos. El pelagianismo, por su parte, acentúa el carácter radicalmente autónomo del individuo, que pretende alcanzar la salvación por sus propias fuerzas. Esto se traduce, entre otras cosas, en una autocomplacencia por los frutos alcanzados, en la obsesión por la ley y en la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia[24].

Criterios teológico-pastorales para el discernimiento

21. A la luz de lo expuesto, ofrecemos unos criterios que pueden ayudar a enriquecer la experiencia de fe de las nuevas iniciativas de evangelización surgidas recientemente en el ámbito del primer anuncio:

a) Por Cristo, al Padre, en el Espíritu

22. La vida cristiana comienza «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19), tal y como sucede en el sacramento del bautismo. Es la fe trinitaria que la Iglesia transmite la que ha de ser profesada no solo con los labios, sino pasándola por el corazón y por la razón.

23. Toda la vida de fe está impregnada por la Santísima Trinidad: la oración está dirigida al Padre, por el Hijo, en el Espíritu; la liturgia es eminentemente trinitaria, «por Cristo, con él y en él, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos»; la comunidad eclesial está llamada a reflejar la comunión de las Personas divinas; y el destino del cristiano es trinitario, la plena unidad con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y con todo el género humano. Por ello es importante que la oración cristiana no pierda su identidad trinitaria[25], y que el primer anuncio, así como los procesos de discipulado, presenten a Jesucristo, al que conocemos por la acción del Espíritu, que nos revela el rostro del Padre. Solo de esta manera se puede experimentar la plenitud del amor de Dios: «porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rom 5,5).

b) Dimensión personal

24. Como decía el papa Benedicto XVI, «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[26]. La fe, ciertamente, no se reduce al asentimiento teórico a determinados dogmas, sino que es un acto por el que toda la persona se entrega libremente a Dios, que se nos revela y se nos entrega en Cristo. También el Catecismo de la Iglesia Católica recordaba que «no creemos en fórmulas, sino en las realidades que estas expresan y que la fe nos permite “tocar”»[27].

La fe, ciertamente, no se reduce al asentimiento teórico a determinados dogmas, sino que es un acto por el que toda la persona se entrega libremente a Dios, que se nos revela y se nos entrega en Cristo.

25. Puesto que Dios sale al encuentro del hombre en su totalidad, en este encuentro intervienen también los sentimientos, propios de la dimensión afectiva del ser humano. Invitamos, por ello, a aprender a discernir los sentimientos en la vida espiritual a partir de los grandes maestros de espiritualidad. El mismo san Ignacio de Loyola animaba a discernir entre estados de consolación y desolación del alma, o a situarse en la santa indiferencia ante una elección de vida, con el deseo de servir a Dios como fin primero y principal al que todo se subordina[28]. Otros, como santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, vivirán la purificación de los sentidos en las “noches del espíritu” o tendrán que enfrentarse, como santa Teresa de Lisieux o santa Teresa de Calcuta, a largos periodos de oscuridad espiritual.

26. De todo ello, se deduce que se ha de ser precavido ante los sentimientos y las emociones que simplemente proporcionan bienestar al sujeto. Cristo, por el contrario, llama a cargar con la cruz y a seguirlo. A una fe basada solo en sentimientos agradables y positivos le repugna la cruz. No se puede entender la vida cristiana sin compartir la cruz y completar en nuestra carne los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1,24).

c) Dimensión objetiva de la fe

27. El encuentro con Cristo conlleva la aceptación de la verdad de su persona y su mensaje. En el diálogo con Marta, tras la muerte de Lázaro, Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» (Jn 11,26). Y Marta le contesta: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo» (Jn 11,27). No hay encuentro con Cristo sin profesión de fe, si solo se tiene en cuenta el aspecto subjetivo, pero no se profundiza en el contenido de la fe y en la doctrina. La formación es el medio primordial que permite integrar la verdad en el amor. Si el acto de fe como adhesión personal a Cristo pierde su profunda unidad con la verdad salvadora que nos ha traído, se transforma en un acto vacío y ciego.

28. La vivencia emocional de la fe se ha de asentar en la verdad objetiva del kerygma, cuyo contenido se encuentra en la Palabra de Dios transmitida e interpretada por la Iglesia. Todo ello invita a apostar con determinación por una formación integral y continua, que incluya todas las dimensiones de la persona (intelectual, afectiva, relacional y espiritual)[29]. Resulta particularmente oportuno iniciar itinerarios catecumenales y procesos formativos de discipulado y acompañamiento en la maduración de la fe con aquellos que han realizado una primera conversión al Señor.

d) Dimensión eclesial

29. Por la misma lógica de la encarnación, el encuentro con Dios es siempre mediado. Jesucristo, el mediador de la salvación, sigue saliendo al encuentro del ser humano a través de la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y el servicio a los hermanos en la Iglesia. No es posible una experiencia ni un conocimiento de Dios de manera directa e individualista. Nadie se ha hecho cristiano a sí mismo, ni es creyente por sí solo. Creemos gracias a que alguien nos habló del Señor y nos transmitió la fe de la Iglesia en el ámbito de la familia, de una parroquia, de un grupo o un movimiento eclesial. La misma profesión de fe es un acto personal y eclesial simultáneo, de forma que cuando el cristiano dice “creo”, al mismo tiempo, dice “creemos”, como atestigua el símbolo de Nicea en su versión griega, resaltando así la dimensión eclesial del acto de fe.

30. Este “creemos” no significa uniformidad. La imagen paulina del cuerpo de Cristo es muy elocuente para expresar la unidad en la necesaria diversidad. Todos, aunque distintos, somos miembros del único cuerpo, cuya cabeza es Cristo (cf. 1 Cor 12,12; Ef 1,18); de tal manera que la diversidad no es contraria a la unidad del cuerpo, sino que la enriquece: «hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor» (1 Cor 12,4-5). Una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia; y no excluye otros carismas, sino que aprecia la riqueza que aporta al conjunto. Igual se puede decir de los métodos evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros.

31. Es importante valorar la capacidad que tienen estas nuevas iniciativas evangelizadoras para integrar en la vida comunitaria. Como afirma el Concilio Vaticano II, «estos carismas, tantos los extraordinarios como los ordinarios y comunes, hay que recibirlos con agradecimiento y alegría, pues son muy útiles y apropiados a las necesidades de la Iglesia». Ahora bien, «el juicio de su autenticidad y la regulación de su ejercicio pertenece a los que dirigen la Iglesia. A ellos compete sobre todo no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con los buenos (cf. 1 Tes 5,12.19-21)»[30]. Será, por tanto, un signo de eclesialidad que estos nuevos métodos sean sometidos al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes.

32. Los frutos de los nuevos métodos de evangelización, por tanto, pueden medirse por su capacidad de integrar en la comunidad y de despertar la pregunta por la propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo (“¿para quién soy yo?”). Es decir, por su capacidad de generar y acompañar las diversas vocaciones que el Espíritu ha suscitado en el cuerpo de la Iglesia (cf. 1 Cor 12,11).

Los frutos de los nuevos métodos de evangelización, por tanto, pueden medirse por su capacidad de integrar en la comunidad y de despertar la pregunta por la propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo (“¿para quién soy yo?”).

e) Dimensión ética y caritativa

33. El verdadero encuentro con Cristo no solo transforma la interioridad del creyente, sino que lo impulsa al compromiso concreto con la Iglesia y el mundo. La fe no puede quedarse en una experiencia meramente emocional, sino que se traduce en la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino. Si no somos capaces de “tocar la carne de los últimos”, no estamos siendo fieles al Evangelio[31]. El corazón cristiano es un “corazón que ve” dónde hay necesidad de amor y actúa en consecuencia[32].

34. Son numerosos los textos de la Palabra de Dios que iluminan esta dimensión de la fe. Entre ellos, estos de los apóstoles Juan y Santiago: «Si alguno dice: “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4,20-21). «Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro» (Sant 2,17). Por eso, el compromiso con la Iglesia y con el mundo, sea en el ámbito familiar, laboral, en la sociedad, en la vida pública, con los más pobres y los enfermos, en la defensa de la dignidad humana, la promoción de la paz o el cuidado de la creación, se convierte en criterio de discernimiento para valorar la autenticidad de la fe y de estas nuevas iniciativas eclesiales.

f) Dimensión celebrativa

35. El creyente, además, ha de cuidar la dimensión celebrativa del acto de fe con una liturgia viva en la que festeje comunitariamente la gratuidad del encuentro con Cristo, que hace que la vida del creyente, alentada por la oración, se convierta, por la misericordia de Dios, en un «sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (Rom 12,1).

36. Las iniciativas de evangelización han de cuidar de no fomentar una oración “espiritualista” desencarnada o unas celebraciones litúrgicas intimistas y efectistas. Se corre el peligro de reducir la liturgia a un mero “devocionalismo” que potencia el subjetivismo sentimental frente a lo comunitario, objetivo y sacramental[33]. En algunos ambientes se detecta un recurso excesivo a elementos de tipo emotivo, incluyendo prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento. La adoración eucarística, sea de forma privada o pública, prolonga e intensifica lo acontecido en la celebración litúrgica, pues adoramos a aquel que hemos recibido[34]. Esta relación intrínseca invita a cuidar la dimensión comunitaria de la adoración eucarística, ya que la relación personal con Jesús sacramentado pone al fiel en comunión con toda la Iglesia, al hacerle tomar conciencia de su pertenencia al Cuerpo de Cristo[35]. El sentido netamente eclesial de la adoración eucarística implica el respeto y la fidelidad a las normas litúrgicas[36], que evitará el subjetivismo y la arbitrariedad de formas del culto eucarístico así como el uso de elementos extraños a lo dispuesto en el Ritual. Todo ello plantea el reto de garantizar, tanto a los fieles como a los ministros ordenados, una buena formación litúrgica que ayude a situar la celebración de la Eucaristía, especialmente la dominical, en el centro de la vida personal, comunitaria y eclesial[37].

37. La belleza de la liturgia no es meramente formal, sino la belleza profunda que procede del encuentro sacramental con el misterio de Dios. Por eso, la liturgia ha de ser mistagógica, ayudándonos, a través de palabras y gestos, a conducirnos a Dios, a maravillarnos ante él y a adentrarnos en su belleza.

Exhortamos a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo “de corazón a corazón”.

Con corazón de pastores

38. Con auténtico corazón de pastores, los obispos de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española exhortamos a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo “de corazón a corazón”.

39. Invitamos a contemplar a la Virgen María, en quien se realiza de manera perfecta el acto de fe. Ella acogió el anuncio del ángel Gabriel y le dio su asentimiento diciendo: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Y, porque ha creído, todas las generaciones hasta nuestros días la proclaman bienaventurada (cf. Lc 1,45.)

__________________________

Esta nota doctrinal fue aprobada por los obispos miembros de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe en su reunión CCLXV del 20 de febrero de 2026.

Presidente: Mons. D. Francisco Conesa Ferrer, obispo de Solsona

Vicepresidente: Mons. D. Ramón Valdivia Giménez, obispo auxiliar de Sevilla y Administrador Apostólico de Cádiz y Ceuta

Miembros:

Mons. D. Ernesto Brotóns Tena, obispo de Plasencia

Mons. D. Daniel Palau Valero, obispo de Lérida

Mons. D. Eloy Alberto Santiago Santiago, obispo de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife)

Mons. D. José María Yanguas Sanz, obispo de Cuenca

Mons. D. Francisco Javier Martínez, arzobispo emérito de Granada

Mons. D. Jesús E. Catalá  Ibáñez, obispo emérito de Málaga

Mons. D. Demetrio Fernández González, obispo emérito de Córdoba

Mons. D. Adolfo González Montes, obispo emérito de Almería

Mons. D. Luis Quinteiro Fiuza, obispo emérito de Tui-Vigo

Mons. D. Javier Salinas Viñals, obispo auxiliar emérito de Valencia

Secretario: Rvdo. D. Rafael Vázquez Jiménez

La Comisión Permanente de la CEE autorizó su publicación en la CCLXXII reunión celebrada en los días 24 y 25 de febrero de 2026.


[1] Cf. Francisco de Sales, Tratado del Amor de Dios, libro X, 3 y 9.

[2] Cf. Juan Enrique Newman, Ensayo para contribuir a una Gramática del Asentimiento (Madrid: Encuentro 2010).

[3] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 142-143.

[4] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum, n. 5.

[5] Benedicto XVI, Carta Porta fidei (2011)n. 2.

[6] Cf. Alasdair MacIntyre, «Emotivismo: contenido social y contexto social», en Id. Tras la virtud (Barcelona: Austral 2013) 40-55.

[7] Cf. Zygmunt Bauman, Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos (Madrid: Fondo de Cultura Económica de España 2005).

[8] Cf. Juan José Pérez-Soba, «Conversación junto al pozo. Cómo hablar de fidelidad al emotivista postmoderno», Scripta Theologica 52 (2020) 170-173.

[9] Conferencia Episcopal Española, Directorio de pastoral familiar de la Iglesia en España (Madrid: Edice 2003), n. 19.

[10] Francisco, Encíclica Lumen fidei (2013), n. 24.

[11] Cf. Cf. Pío XII, Encíclica Haurietis aquas (1956), n. 28; Francisco, Dilexit nos (2024), n. 86.

[12] Cf. Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales (2024), art. 16; Folio para la Audiencia con el Santo Padre: “Falso misticismo y abuso espiritual” (2024).

[13] Completan estos textos el capítulo II de la encíclica del papa Francisco Dilexit nos (2024), en el que se hace referencia a los gestos y palabras de amor de Jesús en los Evangelios, reflejos del Corazón de Cristo (cf. nn. 32-47).

[14] Agustín de Hipona, Enarr. in Ps. 87, 3.

[15] Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 22.

[16] Ibid., n. 22.

[17] Francisco, Dilexit nos (2024), n. 60.

[18] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2563.

[19] Cf. Pío XII, Encíclica Haurietis aquas (1956), nn. 3, 15-16.

[20] Francisco, Encíclica Dilexit nos (2024), n. 9.

[21] Ibid., n. 21.

[22] El magisterio de Juan Pablo II ha sido muy rico en el campo de la afectividad. Desarrolla con profundidad la comprensión del amor humano revalorizando el cuerpo desde el trasfondo de una antropología teológica inspirada en la Palabra de Dios (pueden verse las 129 catequesis centradas en la teología del cuerpo impartidas por Juan Pablo II en las audiencias de los miércoles entre septiembre de 1979 y noviembre de 1984).

[23] Benedicto XVI, Encíclica Caritas in veritate (2009), n. 3.

[24] Cf. Francisco, Exhortación apostólica Gaudete et exsultate (2018), nn. 36, 57; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Placuit Deo (2018), nn. 3-4.

[25] Cf. Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, «Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo» (Sal 42,3). Orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana (2019), nn. 21-38.

[26] Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est (2005), n. 1

[27] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 170.

[28] Cf. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, n. 169.

[29] Cf. XVI Asamblea del Sínodo de los Obispos, Documento final (2024)n. 143.

[30] Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumgen gentium, n. 12.

[31] Cf. León XIV, Exhortación apostólica Dilexi te (2025), n. 48.

[32] Cf. Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est (2005), n. 31.

[33] Cf. Francisco, Carta apostólica Desiderio desideravi (2022), n. 28.

[34] Cf. Juan Pablo II, Encíclica Ecclesia de Eucharistia (2003) n. 25; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Redemptionis Sacramentum (2004), n. 134; Benedicto XVI, Exhortación apostólica Sacramentum caritatis (2007), n. 66.

[35] Benedicto XVI, Exhortación apostólica Sacramentum caritatis (2007), n. 68.

[36] Cf. Sagrada Congregación para el Culto Divino, Ritual Romano. Ritual de la sagrada Comunión y del culto al Misterio eucarístico fuera de la Misa (1973)nn. 82-100.

[37] Cf. Francisco, Carta apostólica Desiderio desideravi (2022), nn. 34-47.

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La Virgen de la Cabeza Peregrina concluye la primera fase de su Misión Mariana, en Torredelcampo

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Torredelcampo vivió los días 28 de febrero y 1 de marzo un intenso fin de semana de gracia con la celebración de la Misión Mariana “María, Madre en salida”, marcada por la llegada de la imagen de la Virgen de la Cabeza Peregrina, que congregó a numerosos fieles en torno a la oración y la Eucaristía.

El sábado, a las 11:45 horas, la imagen era recibida en la puerta de la parroquia de San Bartolomé, para a continuación y ya en el interior del templo, tener una oración de bienvenida.

Desde ese momento, la parroquia se convirtió en un verdadero cenáculo de oración, sucediéndose a lo largo de la jornada el rezo del Santo Rosario, una oración por los difuntos y un entrañable encuentro con los niños de catequesis, que pudieron acercarse de manera especial a nuestra Madre y patrona de la Diócesis de Jaén.

Ya por la tarde, tras la celebración de la Santa Misa, la imagen Peregrina recorrió las calles del municipio en procesión, acompañada por numerosos fieles y representantes de las diversas cofradías de la localidad. La jornada culminó con la Vigilia Mariana de la Luz, a las 22:00 horas, en un clima de profundo recogimiento.

El domingo continuaron los actos con la celebración de la Eucaristía desde primera hora de la mañana, el rezo del Rosario y una Misa especialmente dedicada a los niños.

Misa de acción de gracias

El momento central de la jornada dominical tuvo lugar a las 18:00 horas con la solemne Eucaristía, presidida por el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, y concelebrada por el Vicario Episcopal de zona, D. Ildefonso Rueda Jándula; el Rector del Santuario de la Virgen de la Cabeza, Padre Luis Miguel Alaminos Montealegre; el párroco de Torredelcampo, D. Pedro José Martínez Robles; así como por otros sacerdotes de la Vicaría V, que se unieron a esta acción de gracias por la visita de la imagen Peregrina, que desde el pasado 1 de febrero ha estado visitando todos y cada uno de los municipios que comprenden la Vicaría V.

Participaron igualmente representantes de la Cofradía Matriz de la Virgen de la Cabeza, junto a cofradías filiales tanto de Torredelcampo como de otras localidades de la zona, además de miembros de distintas hermandades y corporaciones de la localidad, que quisieron hacerse presentes en esta celebración.

Durante su homilía, el Prelado jienense, en el segundo domingo de Cuaresma, evocó el paso del desierto al Tabor como imagen del camino cristiano. “Nos encontramos en el segundo domingo de Cuaresma. El domingo pasado, la liturgia nos llevó con Jesús al desierto: al silencio, al combate interior, a la tentación. Hoy, el Señor nos regala un ‘oasis’ en el camino: subimos con Él al monte y contemplamos su rostro transfigurado. No es una huida de la realidad; es una luz que fortalece el corazón para seguir adelante hasta la Cruz y la Pascua”.

Asimismo, Don Sebastián quiso relacionar esa luz con la visita de la imagen Peregrina en esta Vicaría, afirmando: “hoy esa luz tiene, además, un rostro entrañable para nuestra tierra: la visita de la imagen Peregrina de la Virgen de la Cabeza a nuestros pueblos. Venimos a dar gracias por lo vivido: por la fe reavivada, por la oración compartida, por el consuelo recibido, por el pueblo que se ha vuelto a sentir acompañado por su Madre”.

Y en este sentido y a partir de la llamada de Dios a Abrahán, subrayó que la auténtica fe implica ponerse en camino. “Esto es Cuaresma: creer no es solo ‘pensar’ en Dios; es fiarse, obedecer, caminar. La fe auténtica siempre nos mueve: nos saca de lo cómodo, de lo repetido, de lo que nos encierra”. Para continuar: “La Virgen no viene para ‘decorar’ nuestra religiosidad: viene para ponernos en camino hacia Cristo, como Abrahán: con confianza, con decisión, con esperanza.” “El Tabor no es para quedarnos arriba: es para bajar con una luz nueva”, afirmó el Pastor diocesano, explicando que la visita de María ha sido un momento de gracia que impulsa ahora a vivir como verdaderos discípulos en la vida cotidiana.

El Obispo insistió, además, en que la acción de gracias no clausura una experiencia, sino que abre un compromiso renovado. “Esta acción de gracias no es el final de algo; es el comienzo de una etapa: que lo vivido no se quede solo en emoción, sino que se transforme en conversión, en comunión, en misión”.  Para finalizar: “Por eso, cuando decimos ‘María, Madre en salida’, no estamos usando un eslogan bonito. Estamos confesando una verdad profunda”. “La mejor acción de gracias es esta: bajar del monte con Jesús, con el corazón más firme, escuchándolo de nuevo, y caminando hacia la Pascua”.

Despedida

Tras la Eucaristía se celebró la procesión de despedida, y la Virgen de la Cabeza Peregrina partió hacia Noalejo, donde comenzará la segunda fase de esta Misión Mariana, que recorrerá ahora la Vicaría I, que comprende los Arciprestazgos de Jaén y Mágina.

Galería fotográfica: “Virgen de la Cabeza Peregrina en Torredelcampo”

Galería fotográfica José Vacas

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