
El teólogo John Paul Meier fue uno de los más relevantes investigadores bíblicos contemporáneos. Su obra, Un judío marginal, es referencia obligada para cualquier trabajo relacionado con la figura del Jesús histórico. En esta obra magna se lee: «el hecho de que Jesús fuera bautizado por Juan es uno de los acontecimientos históricamente más seguros que puede determinar cualquier reconstrucción del Jesús histórico» (Estella 2013 p.129). Los relatos sobre el bautismo de Jesús, por tanto, responden a un recuerdo histórico y, como comenta Edward Schillebeecks, en su libro Jesús, historia de un viviente, es la primera manifestación de su específica vocación (Madrid 1981 pp.125s).
El relato de san Mateo (3, 13-17) que narra el descenso del Espíritu de Dios sobre Jesús es réplica de los textos del libro del Génesis (1,2 y 2,7) donde leemos que el Espíritu (viento y soplo) infundió vida a la creación y dio aliento al ser humano. El bautismo de Jesús, contemplado desde esta perspectiva, supone un nuevo y definitivo impulso de vida donde la humanidad encuentra su plenitud.
El río Jordán es signo de la nueva humanidad que comienza del agua y del Espíritu. Aquel lugar geográfico evoca el episodio del paso de los israelitas por su lecho a pie enjuto al comienzo de la conquista de la Tierra prometida bajo la guía de Josué (3,16). El episodio en cuestión recuerda el innegable paralelismo con el paso del mar Rojo. En ambos acontecimientos, la liberación de la esclavitud en Egipto y la entrada en la Tierra prometida, es obra de Dios liberador que promete y cumple.
Otro signo liberador recogido en el texto, es la apertura del cielo después del bautismo de Jesús. Es frecuente en los textos veterotestamentarios encontrar episodios donde el cielo se abre como signo de la autoridad divina delegada a los grandes personajes del pueblo de Israel. La aparición del símbolo de la paloma insiste en esta idea de un Dios liberador que apuesta por la obra de sus manos. Recordemos la historia de Noé. La paloma que porta en su pico un ramo de olivo es anuncio del comienzo de una nueva situación. También los textos del Cantar de los Cantares hablan de esta nueva situación aludiendo a la imagen de los desposorios. Es muy hermosa la imagen simbólica del pueblo elegido como esposa de Yahvé. Así Jesucristo, el esposo divino, por su Encarnación, se ha desposado con la nueva humanidad con amor infinito y eterno.
La proclamación mesiánica, «este es mi Hijo, el amado, mi predilecto», constituye la cúspide del relato. Con el gesto sublime y profético del bautismo, explanación de la Encarnación del Verbo, queda para siempre derribado el muro de separación entre Dios y la humanidad.
Manuel Pozo Oller
Párroco de Montserrat

