El Ayuntamiento de Sevilla ha aprobado, a iniciativa de la Casa Salesiana de la Santísima Trinidad, la rotulación de una calle con el nombre de Pedro Ricaldone, en reconocimiento a una figura clave en la historia de la presencia salesiana en la ciudad y en la transmisión de la devoción a María Auxiliadora, la educación y el servicio a la juventud sevillana.
El alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, ha trasladado su enhorabuena por este reconocimiento, ya que se trata del “origen de la obra salesiana en la ciudad y apóstol de María Auxiliadora”, y ha recordado su vínculo personal con la devoción salesiana, subrayando que “hablar de María Auxiliadora es hablar de mi infancia y de mis años cerca de su manto”.
Por su parte, el director de la Casa Salesiana de la Santísima Trinidad y director espiritual de la Archicofradía, Miguel Canino, ha expresado que esta nominación es “sin duda un motivo de agradecimiento, en primer lugar, al excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla por este reconocimiento a don Pedro Ricaldone”, al que ha definido como “uno de los grandes personajes de nuestra historia y el impulsor de la obra salesiana en la Trinidad y en toda Sevilla”. Canino ha recordado la dimensión histórica y humana de Ricaldone, destacando que llegó a Sevilla siendo aún muy joven, sin haber recibido todavía la ordenación sacerdotal, y que desde la comunidad salesiana de Utrera comenzó a trabajar junto a otros salesianos en la transformación del barrio de la Trinidad, dedicándose especialmente a los jóvenes más vulnerables de la época.
El presidente de la Archicofradía de María Auxiliadora Coronada, Manuel López Luna, ha querido destacar el alcance de esta decisión, subrayando que “Sevilla hace justicia con un hombre que entregó su vida a los jóvenes, a la educación y a la fe, dejando una huella imborrable en nuestra ciudad y en nuestra Archicofradía”.
Pedro Ricaldone, origen de la obra salesiana en Sevilla
Pedro Ricaldone, sacerdote salesiano y cuarto sucesor de Don Bosco, fue una de las figuras clave en el nacimiento de la presencia salesiana en Sevilla y en la implantación de la devoción a María Auxiliadora en la ciudad. Enviado desde la Casa Madre de Utrera junto a Francisco Atzeni, llegó a Sevilla en 1892 para fundar el Oratorio Festivo de la Trinidad en un barrio marcado por la pobreza, el analfabetismo y la falta de oportunidades para la juventud. Desde el primer momento, su misión estuvo profundamente confiada a la intercesión de Jesús, de Don Bosco y, de manera especial, de María Auxiliadora. Las crónicas recogen cómo, antes de comenzar su labor, los salesianos acudieron a la iglesia para encomendar la obra a la Virgen. Aquella misma tarde, tras colocar un retrato de Don Bosco y repartir estampas y medallas de María Auxiliadora, comenzaron a llegar los primeros niños. En pocos minutos, los que eran cinco se convirtieron en más de treinta, iniciando así una obra que transformaría para siempre el barrio y la ciudad.
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