Proyecto de Emancipación Santa Marta: Jóvenes valientes que la sociedad necesita

En la víspera de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil nos acercó a una realidad poco conocida de la Iglesia en Sevilla, que trabaja arduamente para favorecer la emancipación de jóvenes que afrontan los retos formativos y laborales, una vez que superan el período de escolarización obligatoria. Se trata del Proyecto de Emancipación Santa Marta, que llevan a cabo de forma conjunta la congregación de Madres de los Desamparados y San José de la Montaña y la hermandad del Lunes Santo que da nombre a la iniciativa.

La recaudación de la venta de pulseras que Pastoral Juvenil puso en marcha los días previos a la vigilia de la Inmaculada ha supuesto una modesta pero necesaria inyección económica para un proyecto cuyo objetivo se resume en el acompañamiento a los jóvenes que, una vez alcanzada la mayoría de edad, abandonan el centro de acogida que las religiosas gestionan a través del convenio suscrito con la Junta de Andalucía.

Madre Belén, superiora de una comunidad de la que forman parte cuatro religiosas, apunta que aspiran a “seguir y acompañar a estos chicos y chicas que han salido de aquí. Es una manera –añade- de no desvincularnos después, no ya afectivamente, porque eso permanece, sino seguir su trayectoria vital, ayudándoles”.


“Continuar lo ya empezado”

No se les abandona a su suerte, “al contrario, hay un trabajo previo importante que se continúa con esta plataforma en la que ambas instituciones –congregación y hermandad- trabajamos al unísono”. Madre Belén aprovecha para hacer un llamamiento al tejido empresarial, “algo que –reconoce- en estas circunstancias resulta más complicado”.

Hoy son dieciocho los jóvenes acogidos en este centro. Personas a las que se ofrece un entorno afectivo, formación y confianza, aspectos vitales “para que puedan encarar una vida plena conforme se enfrenten al mundo”. Hay una educadora social que trabaja con ellos, les enseña a preparar una entrevista de trabajo, adecuar sus currículum, e intuye qué quieren hacer profesionalmente. La superiora de la comunidad de San José de la Montaña es un perfecto reflejo de la ilusión que las hermanas ponen en este proyecto. No en vano, son chicos y chicas a los que han estado acompañando en algunos casos hasta once años: “Ellos tienen sus sueños y potencialidades, y lo que pretendemos es afianzar lo ya hecho, que se vean apoyados, porque en este momento de sus vidas nos necesitan”.

Hablamos de vidas, y de trayectorias marcadas en algún momento por el conflicto. Por eso, lo que se haga tiene que abarcar todos los perfiles de la persona: “El proyecto empieza antes, con las familias colaboradoras, es una manera de continuar lo que han empezado aquí”. Subraya el trabajo que hay detrás, “mucha dedicación durante toda la infancia, para seguir acompañándoles, potenciarlos y sacar todo lo bueno que hay en ellos”.

Afortunadamente, ya se ven los resultados de este trabajo. La religiosa muestra con sereno orgullo los primeros frutos de unas vidas encauzadas. Es el caso de “una chiquilla que vive con su familia colaboradora y está estudiando Educación Infantil, otro que estudia Hostelería y está haciendo sus prácticas, u otra muchacha que trabaja en una farmacia”.

Madre Belén se deshace en elogios con estos jóvenes que salen al mundo: “Son muy valientes, han vivido situaciones duras, tienen un gran potencial y una sensibilidad especial con el dolor de los otros, porque lo han experimentado. Y la sociedad –añade- merece y necesita chicos y chicas así”. Más aún, considera que ellos suponen un plus para una sociedad carente de tantas cosas: “Ahora hace falta gente joven que tenga ganas de aportar, que tenga ilusión, que tenga coraje y se fie de los adultos”. Todo este trabajo se resume en un aporte de seguridad, de raíces, para que puedan volar cuando le llegue la hora.

Contenido relacionado

Enlaces de interés