Ante la Coronación Canónica de la Virgen de la Victoria

Carta del arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo

Queridos hermanos y hermanas:

Dedico mi carta semanal a la coronación canónica de la venerable imagen de
Ntra. Sra. de Victoria, titular de la Hermandad de las Cigarreras, que tiene su sede
canónica en la antigua Fábrica de tabacos. El sábado, día 13 de octubre, tendré el
honor de coronarla en nuestra Catedral.

Después de saludar a todos los miembros de la Hermandad, les recuerdo que la
piedad popular ha meditado a lo largo de los siglos en el quinto misterio glorioso del
Rosario «la coronación de la Virgen María como reina y señora de todo lo creado». La
carta apostólica «Rosarium Virginis Mariae» de san Juan Pablo II nos introducía en su
contemplación con estas palabras: «A esta gloria, que con la ascensión pone a Cristo a
la derecha del Padre, es elevada Ella misma con su asunción a los cielos, anticipando
así, por especialísimo privilegio, el destino reservado a todos los justos con la
resurrección de la carne”.

La contemplación de la coronación de María transporta nuestros corazones hacia
las realidades celestiales, a las que todos estamos llamados. Ella, como primicia,
participa en cuerpo y alma de la gloria de su Hijo. La Iglesia peregrina descubre en Ella
su vocación más profunda, que no es otra que participar un día en el cielo de la Pascua
de su Señor.

La coronación de María como reina y señora de cielos y tierra ha sido enseñada
por la Iglesia como verdad que pertenece a la fe. La tradición ha interpretado siempre
como referidas a la Virgen estas palabras del salmo 44: «De pie, a tu derecha, está la
reina, enjoyada con oro”. El Apocalipsis, por su parte, nos presenta a María como la
mujer «vestida de sol, la luna bajo sus pies, coronada con doce estrellas» (12,1).
Ambos textos bíblicos tienen su reflejo en la iconografía mariana y constituyen el
punto de partida del rito litúrgico de las coronaciones de aquellas imágenes de la
Virgen que gozan de una extraordinaria veneración por parte de los fieles.

En el Nuevo Testamento la corona expresa la participación en la gloria de
Cristo y es signo de santidad. San Pablo espera recibirla en el último día del Juez justo,
junto «con todos aquellos que tienen amor a su venida» (2 Tim 4,8). Santiago nos
habla de la «corona de la vida» que recibirán aquellos que perseveran firmes en la fe
(Sant 1,12; Apoc 2,10); san Pedro nos asegura que es «la corona de gloria que no se
marchita» (1 Ped 5,4); y, de nuevo, san Pablo la presenta como la «corona
incorruptible» (1 Cor 9,25), sin parangón con la gloria efímera y los sucedáneos de
felicidad de este mundo.

Dios quiera que la coronación de su titular sea para todos los miembros de la
Hermandad de Ntra. Sra. de la Victoria y sus devotos, un verdadero acontecimiento de
gracia, que renueve su vida cristiana y que nos recuerde a todos que nuestra primera
obligación como cristianos es aspirar a la santidad, cada uno según su propio estado y
condición, como nos ha encarecido recientemente el papa Francisco en la exhortación
apostólica Exultate et jubílate. María, coronada por Dios Padre en su asunción a los
cielos, y por la Iglesia como fruto del amor y del cariño de sus hijos, es el modelo más
acabado de colaboración con la gracia y de disponibilidad para acoger y secundar el
plan de Dios. En eso consiste precisamente la santidad, a la que Ella nos alienta, y para
lo contamos con su intercesión poderosa.

La coronación debe fortalecer además el compromiso evangelizador de los
miembros de la Hermandad. La Virgen entregó al mundo al Salvador. Como ella,
nosotros estamos obligados a anunciarlo y compartirlo con nuestros hermanos con el
aliento de la que es Estrella de la Nueva Evangelización, como la llamara Juan Pablo II
en La Rábida en 1993. Ella nos acompañará en esta tarea apremiante en nuestra
Archidiócesis.

Termino mi carta felicitando de corazón a la Hermandad de las Cigarreras. Sé
que ha preparado a conciencia este acontecimiento y no solo desde el punto material y
logístico. Así se lo encarecí al Hermano Mayor y su Junta de Gobierno en su visita
hace tres años para solicitarme la coronación. Les pedí que tuviera una fuerte tonalidad
espiritual y que sirviera para incrementar su formación cristiana. Sé que han tenido un
serio programa formativo y les felicito. Les pedí que fueran austeros en los gastos. Me
consta que lo han sido y que, como acción social, han querido ayudar con una cantidad
importante al recién creado centro para mujeres embarazadas con dificultades para
proseguir con su embarazo. Dicho centro está vinculado a la familia eclesial Hogar de
Nazaret y tiene su sede en la parroquia de san Joaquín.

Para los miembros de las Hermandad de las Cigarreras y para todos los devotos
de la Virgen de la Victoria, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

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