Acción y contemplación carmelita

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Córdoba y la Orden Carmelita describen con el tiempo la unión que da la devoción por la Virgen del Carmen y la decidida labor educativa en beneficio del progreso de la ciudad en la segunda mitad del siglo pasado. La acción educativa a través del colegio “Virgen del Carmen” y la contemplación radicada en el Convento de San Cayetano y en Las Ermitas hacen de esta orden una presencia viva y estimulante de amor a María.

La orden de los Carmelitas Descalzos de Córdoba fue fundada por San Juan de la Cruz. En la actual ermita de San Roque tuvo su sede original, allí pernoctaba el Doctor de la Iglesia. En un tiempo muy cercano, el puente romano de Córdoba había visto pasar a Santa Teresa camino de Sevilla para dar vida a algunas de sus fundaciones. Imágenes históricas que son el pórtico de una relación honda entre carmelitas y cordobeses.

Córdoba y la Orden Carmelita describen con el tiempo la unión que da la devoción por la Virgen del Carmen y la decidida labor educativa en beneficio del progreso de la ciudad en la segunda mitad del siglo pasado. La acción educativa a través del colegio “Virgen del Carmen” y la contemplación radicada en el Convento de San Cayetano y en Las Ermitas hacen de esta orden una presencia viva y estimulante de amor a María y de valores inspirados en la educación cristiana. En el día de la Virgen del Carmen, la celebración de la novena y la salida procesional de la imagen desvelan el compromiso social y orante de religiosos y seglares en torno a la Madre de Dios.

Acción y contemplación carmelita

El padre carmelita descalzo, Óscar Aparicio Ahedo, forma parte del claustro de profesores del colegio “Virgen del Carmen” de Córdoba y pertenece a la comunidad de seis religiosos carmelitas de la orden, cuatro padres y dos hermanos. En él se concreta la doble función docente y contemplativa que convierte en única esta comunidad cordobesa. Mientras en otras partes del mundo la vida contemplativa es elemento común y único en toda la familia carmelita, en Córdoba la faceta docente se concreta en un colegio de referencia en la ciudad.

Para el padre Óscar, sacerdote y profesor de Historia, “nosotros tratamos de inculcar a los niños los valores del Evangelio. Los más pequeños tienen los viernes un encuentro con la Virgen del Carmen y los mayores de secundaria y bachillerato también tienen momentos de oración y celebramos juntos la eucaristía. Con la presencia de cuatro sacerdotes carmelitas los jóvenes adquieren la formación que se desprende de la sola presencia carmelitana, una manera de estar y ser por las que se infunden valores como la paz, justicia, amor y libertad.

Hasta en la manera de felicitar o corregir a los alumnos retrata el modo en que la comunidad carmelita lleva a cabo la evangelización. “Evangelizamos con nuestra vida; en nuestro modo de comportamiento con los alumnos, dejamos ver nuestra condición de sacerdotes y carmelitas”, explica el religioso sobre el que los muchachos reconocen “que hay diferencias entre el profesorado laico y nosotros como sacerdotes, aunque no todos tienen la misma apreciación, dependiendo de la edad”.

De esta relación docente surgen un acercamiento de amor a María de los estudiantes que desde niños viven una experiencia de fe, madurada al lado de los padres carmelitas y concretada en la observación de sus vidas dedicadas a la oración: “los alumnos ven que tenemos más paciencia, que intentamos ser los más justos posible”, resume el padre Óscar, gratificado al ver como los chicos se acercan y lo saludan con cordialidad y afecto. En esta cercanía, los jóvenes ven a los miembros de la comunidad carmelita “como hombres entregados a nuestro carisma como carmelitas y como sacerdotes”, concluye el religioso.

Amor desbordante a María

Para su comunidad, el devenir histórico ha forjado una unión inquebrantable con la Virgen María. Los carmelitas descalzos o Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, surgen entre el siglo XII y XIII a las faldas del Monte Carmelo. La persecución religiosa y la inmigración en barco vincularon para siempre la imagen de El Carmen a los hombres del mar. Desde su llegada a la Orden Carmelita, los hermanos saben que este camino de vida consagrada representa “aceptar la manera sencilla de vivir de la Virgen María y todos sus valores para llegar a Jesús”. Este es el mejor legado recibido y el destino de este carmelita que en septiembre viajará al Monte Carmelo para permanecer allí unos meses.

El padre Óscar reconoce que su origen burgalés condiciona la entera comprensión de la devoción a la Virgen del Carmen que manifiestan los cordobeses. Así, procesiones y cultos llenas de personas jóvenes que participan durante días en el embellecimiento de altares y en celebraciones litúrgicas siguen alumbrando la esperanza de este sacerdote carmelita al comprobar como los jóvenes gastan “horas y horas” en honrar a la Virgen. Tras años de convivencia, el padre Óscar eleva a “desmesurado y muy bonito” el amor que los cordobeses profesan a la Virgen, demostrado año a año en esta entrega su adhesión incondicional.

Córdoba y los Carmelitas Descalzos

El Colegio Virgen del Carmen se funda en Córdoba por la Orden de los Carmelitas Descalzos de Andalucía a mediados del siglo pasado con el propósito de ofrecer una educación integral a jóvenes y niños de Córdoba según las enseñanzas de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Fue en 1948 cuando el Provincial de los Carmelitas Descalzos de Andalucía autoriza la construcción del colegio, pero habrían de pasar cuatro años para que el General de la Orden permitiera a la comunidad cordobesa realizar un importante cambio en sus actividades apostólicas y adentrarse en la docencia. Hasta ese momento pocas habían sido los proyectos docentes desarrollados.

Tras aquellos inicios, hoy la comunidad carmelita se sigue dedicando fundamentalmente a la docencia en Córdoba. Mientras que en el resto de España la acción de la Orden se centra en la espiritualidad y la oración, como “nos enseñan nuestros santos padres, Santa Teresa y San Juan de la Cruz”, en la capital cordobesa están significativamente unidas las dos dimensiones del carisma carmelitano. De un lado la presencia docente, de otro la vida de oración concretada en las Ermitas con una comunidad orante, que supone “combinar bien las dos cosas porque somos una orden mendicante con una parte activa y otra contemplativa”. Esta complementariedad impresiona en momentos como la celebración de la novena de la Virgen del Carmen cuando se percibe el amor y devoción a la Virgen del Carmen, algo “que hemos irradiado por todo el mundo”, concreta el padre Óscar.

Los cordobeses saben que los carmelitas mantienen abierta la Iglesia Conventual al público y éste es un lugar de peregrinación constante. San Cayetano está en el corazón devocionario de la ciudad. Los ciudadanos buscan un acercamiento a la espiritualidad carmelitana a través del Carmelo Seglar, de la Hermandad de Jesús Caído y, por supuesto, la Hermandad del Carmen. Es ahí, considera el padre Óscar, “donde más evangelizamos y la gente viene buscando lo que somos como sacerdote y como carmelitas”. Esa interioridad carmelitana provoca la búsqueda de muchas personas no solo en Córdoba, sino en todo el mundo para ser conscientes de que “no estamos huecos, que necesitamos a Dios, como decía Santa Teresa”.

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