Abuelos Cristianos: tiempo y experiencia para compartir la fe

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La delegación de Familia y Vida de la diócesis de Córdoba ha convocado por primera vez un Encuentro Diocesano de Abuelos para compartir su experiencia educativa con sus nietos y reconocerse entre ellos como valiosos transmisores de la fe. Será el día 2 de junio, a partir de las 10:30 horas, en el santuario de la Fuensanta de Córdoba.

Tiempo, experiencia y paciencia es la combinación de factores necesaria para la transmisión de la fe que llevan a cabo los abuelos, depositarios de nuestra tradición cristiana tantas veces debilitada por estructuras familiares y laborales que no estimulan la educación cristiana.

Los abuelos se han convertido en puente entre niños y padres en cuanto a la experiencia de Jesús para muchos niños. Conocen, como veteranos educadores, cuáles son las preguntas e inquietudes de sus nietos. Juntos, acuden a los sacramentos de iniciación cristiana y son ellos los primeros invitados por sus hijos a la preparación del bautismo de sus nietos. Es el caso de Manuel y Maneli, feligreses de la parroquia Beato Álvaro de Córdoba. También Francisco y Carmen, desde las parroquias de la Asunción y Ángeles y Ntra. Sra. de los Remedios de Cabra, abogan por prolongar en sus nietos la educación cristiana que ya ofrecieron a sus dos hijos, ahora cristalizada en la unión de una familia que vence la distancia entre Sevilla y Cabra para rezar juntos.

La delegación de Familia y Vida de la diócesis de Córdoba ha convocado por primera vez un Encuentro Diocesano de Abuelos para compartir su experiencia educativa con sus nietos y reconocerse entre ellos como valiosos transmisores de la fe. Nos acercamos a la ternura y la paciencia de toda una generación de abuelos cordobeses.

En las siguientes líneas, los abuelos anteriormente mencionados y los sacerdotes Adolfo Ariza y Ángel Cristo Arroyo nos ofrecen una visión de esta realidad:

El superhéroe se sienta a los pies de su abuela

Por Adolfo Ariza, delegado diocesano de Catequesis

Ya lo dijo Chesterton en La paradoja andante: “El héroe es una persona hogareña; el superhéroe se sienta a los pies de su abuela”. Ahora bien, este superhéroe – a veces demasiado esclavo de lo que bien podría denominarse como “puericentrismo” – ha tenido que sobrevivir a lo que bien podría clasificarse como una ruptura en la cadena de la transmisión de la fe. Es un hecho más que evidente que en los últimos decenios –en una sociedad como la nuestra – la familia ha dejado de transmitir la fe. Pero precisamente aquí radicaría la impagable tarea de los abuelos: han suplido en multitud de ocasiones llevando a cabo esta tarea.

Cuando el superhéroe se ha sentado en sus rodillas ha tenido que pasar por la experiencia de la incertidumbre – así lo expresó en su momento Benedicto XVI en la Fiesta del Bautismo del Señor – de vivir a la par con el desasosiego de desconocer la sociedad que van a encontrar sus nietos al mismo tiempo que la seguridad de saber que la compañía de la Madre Iglesia no les va a faltar.

Cuando el superhéroe se ha sentado en sus rodillas ha tenido que pasar por la experiencia de un Bautismo pospuesto para el nieto/a en razón de una “mal entendida idea de libertad” con el consiguiente “ignorado desprecio” a la gracia sacramental del Bautismo y la irreflexiva huida de un hipotético “convencionalismo social”.

Cuando el superhéroe se ha sentado en sus rodillas ha tenido que pasar por la experiencia de palpar con dolor la desidia de un hijo/a – que absorbido por sus “cosas” – ha dejado de enseñar esas palabras que confieren un verdadero significado y sentido a la propia vida: “Padre Nuestro” y “Ave María”.

Cuando el superhéroe se ha sentado en sus rodillas seguramente, en algún momento, ha tenido que experimentar el cansancio propio de asumir la tarea de tener que llevar al nieto/a a esa “escuela de vida” que es la catequesis parroquial.

Finalmente, cuando el superhéroe se ha sentado en sus rodillas ha tenido que pasar por la experiencia de la alegría propia del deber cumplido por aportarle al nieto/a esa sabiduría que dan los años junto con la fe y que no se puede adquirir en un libro de autoayuda ni en una escuela de padres. Esa sabiduría, que tan a las claras, denuncia el error de nuestra sociedad al postergar a los ancianos a un segundo o tercer plano.

Por todas estas razones: ¡Vivan los abuelos y abuelas! ¡Vivan San Joaquín y Santa Ana!

El papel de los abuelos

Por Ángel Cristo Arroyo Castro, consiliario de la Delegación diocesana de Familia y Vida

En una de sus catequesis el Papa Francisco, emocionado, recordaba su viaje a Filipinas y como el pueblo filipino lo recibió diciendo: <>, es decir, ¡Abuelo Francisco!

A veces, hemos creído que las personas mayores o ancianas no son importantes en la vida de las familias, en la vida de la sociedad o de la Iglesia, y como dice tantas veces el Papa Francisco son descartadas. Cuando hoy, más que nunca, los abuelos están teniendo un papel fundamental: ¿Cuántos abuelos mantienen las familias de sus hijos? ¿Cuántos abren sus casas para recibir a sus familiares? ¿Cuántos se encargan de los nietos, y son ellos quien los llevan al colegio, les preparan la comida, les llevan al parque…? y sin duda, son los primeros transmisores de la fe a las nuevas generaciones. Los abuelos son los que enseñan a sus nietos las primeras oraciones, los que los llevan al templo a visitar a Jesús, – yo lo he podido ver tantas veces en Priego – y por qué no decirlo, cuántos niños están bautizados ya que los abuelos se lo han sugerido y recomendado a sus propios hijos. En definitiva, son el pilar y garantes de la fe en sus familias.

Por eso, en este momento concreto de la historia tenemos que reconocer el valor y la importancia de los abuelos, y como decía el Papa Francisco “debemos despertar el sentido colectivo de gratitud, de aprecio y de hospitalidad” que hagan a los abuelos sentirse parte viva de su familia, de su comunidad parroquial. ¡Gracias, queridos abuelos, por la tarea y misión tan importante que desempeñáis! ¡Cuánto bien me hicieron mis abuelos en mi vida de fe y en mi vocación sacerdotal! No dejéis, queridos abuelos, esta gran tarea. ¡¡Jesucristo cuenta con vosotros!! Vuestra labor es y será fundamental en la nueva evangelización. Confiad en el amor y en la predilección que Dios os tiene, y sigamos adelante con esta preciosa misión.

“Los abuelos somos en gran parte los que cuidamos y convivimos con los nietos”

Por Manolo y Maleni, abuelos

Manolo y Maleni se consideran complemento en la educación cristiana que sus nietos ya reciben en su hogar. Colaboran con sus padres, “inculcándoles valores y virtudes cristianas para ayudarles a que consigan una formación en la fe, rezando con ellos desde pequeños, hablándoles de Jesús, del lugar que debe ocupar en nuestras vidas”, explican. Un aprendizaje que los pequeños asumen con naturalidad, del mismo modo que distinguen otros valores que se practican en su familia.

Para estos abuelos de tres nietos compartir con ellos vida parroquial en Beato Álvaro de Córdoba consigue aumentar su compromiso con su comunidad cristiana. En ella se valora notablemente la figura de los abuelos, según su experiencia, ya que “por el ritmo de vida actual, los padres no pueden conciliar la vida laboral y familiar, los abuelos somos en gran parte los que cuidamos y convivimos con los nietos, encargándonos de ayudar a su educación tanto cristiana como general”.

La curiosidad en inherente a los niños y los nietos de este matrimonio destacan por las preguntas que les surgen a medida que van conociendo a Jesús. Manolo y Maneli se encargan de acompañar sus dudas a través de explicaciones sobre “la vida de Jesús, porqué esta crucificado, los milagros, las parábolas”. Cuando comienzan la formación para la primera comunión, sube la intensidad de sus preguntas a la que dan respuestas como catequistas; mientras tanto, “le ayudamos a que comprendan y entiendan todos los temas que nos plantean”.

Esta labor de acompañamiento en la fe de los pequeños está en el mismo origen de su iniciación a través del Bautismo, porque “los padres nos han permitido colaborar en la preparación de los bautizos de nuestros nietos, formando parte activa de la celebración del sacramento, viviéndolo desde nuestra fe y sintiendo la inmensa alegría de que nuestros nietos pasaran a formar parte de la comunidad cristiana”.

“Los abuelos debemos ser testigos de la fe recibida y garantes de ella”

Por Francisco y Carmen, abuelos

Francisco Cabrera y Carmen López se convirtieron en abuelos por quinta vez el pasado día 10 de mayo, festividad de San Juan de Ávila, y se consideran “un matrimonio al servicio de la Iglesia”. En Cabra, llevan años vinculados a las Parroquias de la Asunción y Ángeles y Ntra. Sra. de los Remedios de Cabra como preparadores para la Confirmación de adultos, pre-bautismal y prematrimoniales. Una tarea que tiene su prolongación natural en sus nietos, a los que acercan a la eucaristía, hablan del Señor y rezan con ellos todas las noches, toda una “experiencia maravillosa, para iluminar la vida de nuestros nietos”. Para Francisco y Carmen “los abuelos debemos ser testigos de la fe recibida y garantes de ella” y solo la distancia entre Sevilla y Cabra interrumpe esta enseñanza, aunque “siempre que tenemos ocasión, aprovechamos el tiempo con ellos”.

Tras treinta y ocho años de matrimonio, ahora reflexionan sobre qué tipo de educación están dando a sus nietos y reconocen que no difiere mucho de la que ya dieron a sus dos hijos, “en nuestra casa hemos intentado vivirlo así con nuestros hijos, y ahora, con nuestros nietos”. Hoy día, la sociedad no invita a la transmisión de la fe a los hijos, reconocen, ya que “el ritmo de vida hace que muchos padres no puedan, no tenga tiempo por eso, para nosotros, es tan importante la misión de los abuelos, pues donde ellos no llegan, podemos, debemos llegar los abuelos”, reconocen.

Estos abuelos cuentan con tiempo, experiencia y de paciencia para cumplir esta misión y recuerdan que esta misión está ampliamente extendida en la Iglesia, por eso aluden a las palabras del Papa Benedicto XVI en el V Encuentro Mundial de la Familias, celebrado en Valencia en 2006 cuando afirmó que “El hogar ha sido tradicionalmente escuela de fe, de convivencia pacífica, de educación en valores, de vida, de amor fiel y duradero, de despertar vocacional y de esperanza de futuro”

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