«Rito de elección» de los catecúmenos

Homilía del Obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá Ibáñez, el 22 de febrero de 2015, en la Catedral de Málaga.

Lecturas: Gn 9, 8-15; Sal 24, 4-9; 1 Pe 3, 18-22; Mc 1, 12-15.

(Domingo Cuaresma I – B)

1. Dios se revela al hombre y entra en relación con él en el curso de la historia humana. Esta misma historia, que podemos llamar «profana», se convierte en historia de salvación cuando los dos protagonistas, Dios y el hombre, actúan conjuntamente; es decir, cuando la historia de la humanidad es vista a la luz de la fe. Sin embargo, la acción de Dios es distinta de la del hombre: Dios siempre toma la iniciativa por amor; y el hombre es invitado a responder a la llamada de Dios.

Eso es lo que ha ocurrido en nuestras vidas; y ha ocurrido en vosotros, queridos catecúmenos. Estáis respondiendo a una llamada previa de Dios, que os ha hecho a través de las mediaciones (amigo, familiar, comunidad cristiana,…). Dios se ha servido de alguien para llamaros de forma personal; y le habéis respondido. Eso ocurre en la historia de todo hombre.

En los mismos acontecimientos de la historia humana es donde el hombre de fe descubre el amor de Dios y trabaja para cumplir su voluntad. Los cristianos debemos tener siempre presente esta dimensión cósmica o natural, en la cual se realiza la salvación que Cristo nos ha obtenido.

La Iglesia es «sacramento universal de salvación», como dice el Concilio Vaticano II (Ad gentes, 1; cf. Lumen gentium, 1). Dios quiere que todos los hombres se salven (cf. Dignitatis humanae, 11); Dios quiere que la acción salvífica de Cristo llegue a todos y cada uno de los hombres; lo que sucede es que los hombres ponemos barreras y obstáculos para que no llegue. Pero cuando se remueven esos obstáculos, la Luz de Cristo llega al ser humano.

2. Las primeras lecturas de los domingos de Cuaresma del «Ciclo B», en el que estamos ahora, presentan las diferentes etapas de la historia de la salvación, centrándose en el tema de la «Alianza» de amor que Dios ha hecho con la humanidad. Dios hace una historia de amor; una historia de «alianza». Dios quiere hacer una historia de amor con cada uno de nosotros.

En este primer domingo de Cuaresma se nos presenta la Alianza de Dios con Noé después del diluvio, como refiere el libro del Génesis: «Dios dijo a Noé y a sus hijos: Yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestros descendientes» (Gn 9, 8-9). Esa alianza, que Dios mantiene con la humanidad, se concretará en la plenitud de los tiempos (cf. Ef 1, 9) en una nueva Alianza protagonizada por Jesucristo, en la que estamos nosotros.

La humanidad en tiempos de Noé en vez de servir a Dios se había alejado de Él, sirviendo a otros dioses. El Señor Dios proyectaba aniquilar esa humanidad desobediente y le dice a Noé que construya un arca donde puedan salvarse del diluvio. Noé construye el arca y se salva con su familia de la destrucción.

El arca de Noé es símbolo de la Iglesia en medio de las olas de este mundo (cf. 1 Pe 3, 21). Dios salva a los que suben a la barca de Cristo, que es la Iglesia; y Cristo, el Esposo de esta alianza de amor, la cuida, la alimenta, la ama, la limpia, la purifica y la salva. Cada uno de nosotros ha sido salvado gracias a la barca de la Iglesia, que es la Esposa de Cristo-Salvador.

3. Lo que interesa de la narración de la alianza de Dios con Noé y del diluvio universal no es su literalidad narrativa, sino su sentido religioso profundo. Pese al pecado del hombre, Dios vuelve a reconciliarse con él, con la historia y con la naturaleza. El pacto se hace con el hombre, con todos los seres vivientes y con toda la naturaleza: «Y recordaré mi alianza con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir a los vivientes» (Gn 9, 15).

El Señor también ha hecho una alianza de amor con cada uno de nosotros; y con cada uno de vosotros, queridos catecúmenos, que hoy celebráis el rito de la «Elección». Él os ha elegido a cada uno con vuestro nombre; y os ha elegido por amor. Os ha acompañado durante toda vuestra vida, aunque vosotros no fuerais conscientes de su presencia y de su amor. Ahora os habéis dado cuenta de que siempre ha estado a vuestro lado, cuidándoos con su providencia amorosa y dirigiéndoos hasta Él, que es Camino, Verdad y Vida (cf. Jn 14, 6). Encontrarse con Él es encontrarse con la Verdad, con la Libertad, con la Vida.

Al inicio de esta cuaresma necesitamos pedirle a Dios que perdone nuestros pecados, como hemos dicho en el Salmo: «No te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor» (Sal 24, 7). Todos necesitamos pedir perdón al Señor y hacer acto de conversión hacia Dios.

4. En este primer domingo de Cuaresma la Iglesia acoge maternalmente a los catecúmenos, que han sido elegidos como candidatos al bautismo. En todo el mundo las iglesias particulares están acogiendo a todos los catecúmenos que recibirán las aguas bautismales en la próxima Pascua. Os unís a tantos centenares o miles de adultos, que han seguido la llamada del Señor y han correspondido a esa llamada, como vosotros.

Con el «Rito de la Elección» la Iglesia os acoge para prepararos más intensamente para celebrar los sacramentos de la iniciación cristiana. Se llama «elección» porque la admisión, hecha por la Iglesia, se funda en la elección de Dios, en cuyo nombre actúa la Iglesia; habéis sido elegidos por Dios a través de la Iglesia. Se llama también «inscripción de los nombres», porque los candidatos, en prenda de fidelidad, escriben su nombre en el libro de los elegidos (cf. Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos [RICA], 22).

Vuestros nombres quedan inscritos en el Libro de los Catecúmenos; es como escribirlos en el libro de la «Vida», para formar parte del pueblo santo de Dios y poder participar un día de la Pascua eterna en el cielo. Participaréis en la próxima Pascua litúrgica, que es anticipo o prenda de lo que será la Pascua celeste; hacia ella nos dirigimos todos.

Con este segundo grado de la iniciación cristiana comienza el tiempo de la purificación e iluminación, destinado a la preparación intensa del espíritu y del corazón.¡Enhorabuena, queridos catecúmenos! El Señor os ha elegido para haceros hijos adoptivos en Cristo Jesús, su Hijo amado. Os animo a corresponder a la llamada de amor que Dios os ha hecho.

5. Queridos catecúmenos, recibiréis el bautismo y los demás sacramentos de la iniciación cristiana en la próxima Vigilia Pascual: la gran Noche Santa de la fe cristiana, la Fiesta más importante del año litúrgico, la Pascua de Resurrección del Señor.

¡Vivid este tiempo con alegría y con esperanza! Ahora tenéis la certeza de que Dios os ama y os amará siempre, a pesar de vuestras debilidades, de vuestros egoísmos y pecados. Os seguirá amando siempre hasta la eternidad.

Eso le da al cristiano una esperanza y una confianza inmensa, por encima de cualquier amor humano. El amor de Dios está infinitamente por encima de cualquier amor humano, que puede abandonarnos, como por desgracia tenemos experiencia de que ocurre no pocas veces. Sin embargo, el Amor divino nunca jamás abandona.

Pedimos a la Santísima Virgen María que nos acompañe a todos en nuestro itinerario cuaresmal, que es también un itinerario bautismal hacia la celebración de la Pascua. Amén.

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