Homilía en la ordenación de diáconos

Mons. Catalá ha señalado en la homilía pronunciada con motivo de la ordenación como diáconos de José Miguel Antequera e Isidro Calderón que son enviados por la Iglesia a trabajar en la viña del Señor y que tienen por delante una ingente tarea, un campo abierto y vasto que no pueden abarcar solos. Una tarea que tiene como referencia la misión encomendada por la Iglesia a los diáconos. Les ha pedido que trabajen en equipo y valorando la tarea realizada previamente sin desanimarse unidos a Cristo.

ORDENACIÓN DE DIÁCONOS

(Catedral-Málaga, 18 octubre 2014)

Lecturas:2 Tm 4, 9-17a; Sal 144, 10-13.17-18; Lc 10, 1-9.

(Fiesta de San Lucas, evangelista)

1. En este domingo celebra la Iglesia la Jornada de la Evangelización de los pueblos, comúnmente llamada en España «Domund», es decir, el Domingo Mundial de la Propagación de la fe.

Sigue habiendo hoy en día mucha gente que no conoce a Jesucristo. Algunos, demasiado llenos de sí mismos, pretenden saberlo todo y ser autosuficientes y totalmente autónomos, prescindiendo de Dios; cegados por su propia presunción, no dejan espacio en su corazón al Señor. El mismo Jesús amonestó a algunos de sus contemporáneosllamándoles «ciegos» (cf. Mt 23). San Pablo los describe como personas insensatas y llenas de toda clase de injusticia y enemigos de Dios: «Como no juzgaron conveniente prestar reconocimiento a Dios, los entregó Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene: llenos de toda clase de injusticia, maldad» (Rm 1, 28-29).La tentación de prescindir de Dios ha existido siempre y puede afectarnos también a nosotros.

2. Por eso se mantiene la necesidad de la misión ad gentes, en la que todos los miembros de la Iglesia estamos llamados a participar, cada cual según su estado de vida, ya que la Iglesia entera es misionera por naturaleza. La Jornada Mundial de las Misiones es un momento privilegiado para elevar nuestra oración a Dios y realizar gestos de fraternidad en ayuda de las iglesias jóvenes en territorios de misión. También es ocasión propicia para avivar nuestro compromiso evangelizador en nuestra sociedad, cristianizada ya desde hace siglos, pero necesitada de nueva evangelización, a la que nos han llamado los últimos papas.

Queridos seminaristas, Miguel e Isidro, vuestra ordenación diaconal se enmarca en esta celebración misionera. Estáis llamados a pregonar el Evangelio a creyentes y a no creyentes; a proclamar la Buena Nueva entre los fieles cristianos y entre los paganos. Pedimos al Señor que os ilumine y os dé fuerza para llevar a cabo esta noble misión.

3. El papa Francisco nos invita repetidas veces a ser discípulos misioneros: «En virtud del bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador» (Francisco, Evangelii gaudium, 120).

Ningún fiel cristiano, por tanto, debe renunciar a su compromiso evangelizador, nacido de la experiencia del amor de Dios que lo salva. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús y esa experiencia la comparte con otros.

4. Los presbíteros y los diáconos tenéis como misión propia, encomendada por la Iglesia, la proclamación de la Palabra de Dios, su estudio, su asimilación y predicación. Como dice el Concilio Vaticano II, es necesario que los sacerdotes y los diáconos se dediquen «al ministerio de la palabra, se sumerjan en las Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que ninguno de ellos resulte «predicador vacío y superfluo de la palabra de Dios que no la escucha en su interior» (Dei Verbum, 25).

En el rito de la Ordenación se os pedirá que acojáis con fe viva el Evangelio que anunciáis y que lo convirtáis en vida, para que dé frutos. El mensajero del Evangelio debe leer, estudiar, escuchar, contemplar, asimilar y hacer vida propia la Palabra de Dios. Él mismo debe dejarse guiar por la Palabra, de modo que ésta sea luz para su vida, transforme sus propios criterios y le lleve a un estilo de vida evangélica. ¡Dedicaos, pues, de manera entrañable, a esta hermosa tarea de conocer a Cristo en las Escrituras y ofrecerlo a los demás! ¡Y dedicaos también al ministerio de la liturgiay de la caridad, que hoy la Iglesia os confía! (cf. Lumen gentium, 29).

5. El Señor Jesús nos exhorta a pedir trabajadores, que se afanen en los trabajos apostólicos: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Lc 10, 2).

Hoy sois enviados por la Iglesia a trabajar en la viña del Señor, queridos nuevos diáconos. Tenéis una ingente tarea, un campo abierto y vasto, que no podéis abarcar solos. Se os envía a trabajar junto con otros viñadores: obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos. Tampoco sois los primeros; muchos, antes que vosotros, han dejado sus sudores y fatigas, han proyectado sus planes, han acariciado sus ilusiones, han cavado la viña, la han podado, regado y abonado. ¡Valorad el trabajo de vuestros mayores y agradeced los frutos que podáis encontrar y que no habéis sudado vosotros! Otros, tal vez, recogerán los frutos que sembréis. Ésta es una tarea de Iglesia, de equipo en comunión; no puede uno ir cavando donde le dé la gana.

Seguid las recomendaciones del Señor de la viña: «¡Poneos en camino! (…). No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias» (Lc 10, 3-4). El que anuncia el Evangelio debe ir ligero de equipaje y debe ir configurando y conformando sus criterios a los de la Palabra. Y, sobre todo, anunciad que el reino de Dios ha llegado, que está ya entre nosotros (cf. Lc 10, 9).

6. Como hemos escuchado en la carta a Timoteo, en las correrías apostólicas de san Pablo y en las dificultades sufridas por el Evangelio encontramos momentos de soledad y de abandono de los amigos y cercanos.

Pablo se queja de que se ha encontrado solo al tener que defenderse de sus enemigos: «En mi primera defensa, nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron» (2 Tm 4, 16); y él pide que no les sea tenido en cuenta este abandono. Hoy celebramos la fiesta de san Lucas evangelista, que acompañó a Pablo en su ministerio. Sólo Lucas se mantuvo al lado de Pablo en sus tribulaciones: «Lucas es el único que está conmigo» (2 Tm 4, 11). Pablo no confió en sus propias fuerzas, ni en la ayuda humana de quienes deberían haberle apoyado y consolado; él se fio plenamente de Dios, quien le permitió ser instrumento de evangelización, como reconoce con estas palabras: «El Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones» (2 Tm 4, 17). Sea siempre el Señor para vosotros, queridos candidatos al diaconado, la fuente de vuestra inspiración, el único fundamento de vuestra vida, el apoyo verdadero en todas vuestras actividades. ¡Él nunca os fallará! Los demás pueden fallaros; incluso nosotros podemos fallaros; pero Cristo jamás.

7. Con motivo del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús hemos comenzado el Año Jubilar Teresiano, que el papa Francisco concede a todas las diócesis de España, desde el día 15 de octubre de 2014 hasta el 15 de octubre de 2015. ¡Aprovechemos este tiempo de gracia y de misericordia! Iniciáis vuestro ministerio diaconal en este Año Teresiano. ¡Aprended de esta buena y santa maestra de vida espiritual! Todos debemos aprender de esta santa maestra de vida espiritual.

La Virgen María es la Estrella de la Evangelización. Llevando en su vientre a Jesús, el Evangelizador, encuentra a Isabel y canta el Magnificat, exultando de gozo en el Espíritu Santo. Debemos estar en la escuela de María. Termino con una oración del papa Francisco: «Dirigimos nuestra oración a María, modelo de evangelización humilde y alegre, para que la Iglesia sea el hogar de muchos, una madre para todos los pueblos y haga posible el nacimiento de un nuevo mundo»(Francisco, Mensaje para la jornada mundial de las misiones 2014, 5. Vaticano, 8.06.2014). Amén.

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