San Juan María Vianney celebra una Eucaristía recordando la importancia del trabajo

La HOAC celebró el 1 de mayo, Día del Trabajo y de San José Obrero, una Eucaristía presidida por el Vicario General D. Francisco Espigares en la parroquia San Juan María Vianney, en la que se habló de la perspectiva cristiana del trabajo y se reivindicaron unas condiciones adecuadas para el hombre de modo que no caiga en la precariedad laboral.

En estos días en los que se han sido días de manifiestos, como el de la Iglesia por un Trabajo Decente, de iniciativas como las de las XVIII Jornadas de la Pastoral Obrera, que abogaron por la “esperanza de un trabajo decente” y también de celebraciones eucarísticas, como la celebrada ayer en la parroquia de San Juan María Vianney.

Durante esta Eucaristía decenas de fieles se congregaron para interceder por este problema del trabajo, de su falta y de sus condiciones muchas veces precarias, que afecta a tantas personas en la diócesis, también especialmente a los jóvenes, siendo Granada una de las provincias con una mayor tasa de paro juvenil de España.

La celebración estuvo presidida por el Vicario General y párroco de San Juan María Vianney, D. Francisco Espigares, cuya homilía se centró en ahondar dentro de la importancia del trabajo para la realización de la persona, hecha a imagen de un Dios que, como recordaba Jesucristo hablando de Dios Padre, “siempre trabaja”.

Se habló del trabajo como “la forma que tiene Dios para perpetuar su obra en el mundo. El mismo Dios que crea la tierra nos crea a nosotros con la capacidad de intervenir en esa Tierra que ha creado, en esa obra preciosa para que nosotros continuemos con su labor creadora y creativa”, señaló D. Francisco Espigares.

La importancia del trabajo para la persona es algo innegable. Una persona parada siente que le falta algo, “se siente mal, porque le falta algo, pierde contenido; no solamente no enriquece su personalidad sino que va empobreciéndose”, señaló. El trabajo como tal es además algo que se aprende, recalcó, en la iglesia doméstica del hogar, en donde los niños aprenden a hacer una serie de labores manuales que no son puramente intelectuales. Incluso citó un texto del maestro de novicios de una orden monástica en África, que afirmaba que “el mejor maestro de novicios es el trabajo, puesto que el trabajo educa a veces mucho más de lo que tu puedas educar a un novicio”, dijo.


DIGNIDAD, CONCILIACIÓN, PENSIONES

La celebración hizo presente las numerosas facetas importantes afectadas por la situación actual, desde la dignidad de las condiciones del trabajo que se realiza, la importancia de la conciliación laboral y familiar, las pensiones, los contratos de trabajo precarios, las malas políticas en sectores como el agrario, etc.

El párroco de San Juan María Vianney matizó que no existe ningún trabajo impresentable, puesto que “todo es necesario”, sino más bien unas “condiciones indecentes”, que son las que lo vuelven indigno. “La vocación al trabajo la tenemos como algo inherente a nosotros. Hay que descubrirla. El derecho al trabajo es un derecho que va en la condición misma de la persona, que está hecha a imagen de Dios, y que transforma y cambia”, remarcó.

La figura de San José, de tanta importancia en este día, es una figura de la que se aprende la escucha a la hora de saber la vocación y el sentido del trabajo. “San José lo descubrió, y lo descubrió en su descanso. Es importante el descanso tanto como el trabajo. San José en su descanso percibe la vocación del Señor. También un joven debe de ver su vocación en el trabajo”. Por eso hay que acompañar a los jóvenes a descubrir por dónde Dios les llama y sobre qué trabajo pueden tener más querencia.


NO A LAS FALSAS DIALÉCTICAS

Por último, D. Francisco Espigares se apoyó en parte de la doctrina del Papa Francisco, para denunciar ciertos equívocos a la hora de entender el mundo del trabajo.

El Papa habla sobre cómo muchas veces hemos contrapuesto el binomio ‘empresario-proletario’, cuando el empresario es ante todo un trabajador, y ser un buen empresario es primero trabajar, y el ser un trabajador entre sus trabajadores. “Un buen empresario no es especulador. Si un empresario debe despedir a alguien le dolerá más que si se tuviera que despedir a él mismo”, apuntó.

Sobre los sindicatos, habló de cómo también el propio Santo Padre ha denunciado muchas veces su falsedad, de forma que “más que defender al trabajador, han defendido la bandera, y eso hace daño, entrando también en la corrupción y el engaño”.

Agradecida la presencia de los representantes de la Pastoral Obrera diocesana presentes como la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Juventud Estudiante Católica (JEC) o la Juventud Obrera Cristiana (JOC), la Eucaristía sirvió para sacar del anonimato todas las realidades incómodas con respecto a la precarización del mundo del trabajo y como medio de esperanza renovada en que la lucha por un trabajo decente pueda dejar de ser una utopía.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

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