«La Resurrección es la mañana en la que empiezan todas las cosas de nuevo»

Palabras del Arzobispo Mons. Javier Martínez en el programa «Iglesia Noticia», de Cadena COPE Granada, emitido el pasado 8 de abril de 2012.

Buenos días Paqui.

Es la mañana que empiezan todas las cosas de nuevo, es la primera mañana de la creación. En la Resurrección de Cristo hay un dato nuevo que jamás había existido en la historia, que ha unido hasta tal punto el cielo y la tierra que desde aquel momento podemos decir que el cielo está entre nosotros porque en nuestra experiencia humana marcada por el nacer y por el morir, y limitada a todo aquello que se da entre el nacer y el morir, ha aparecido algo que lo transforma todo, y es la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte. Es por eso tan importante el hecho de que la primera lectura de la primera liturgia que anuncia la Pascua sea justamente la de la creación, porque la creación de Cristo es una creación nueva.

En esa creación todo el sufrimiento humano, todo ese océano que parece inabarcable del sufrimiento humano queda purificado y transfigurado por el amor infinito que ha llenado estos días de la pasión y de la muerte del Señor. Y al revés, todas las alegrías humanas dejan de ser una especie de evasión absurda del dolor que tiende a apoderarse y a dominarlo y a adueñarse de todo, porque también Cristo hace más bellas las cosas bellas de la vida: la amistad, el trabajo, y los frutos del trabajo, el amor, todo aquello que hay del arte: la poesía, la música, la belleza de la vida sobre todo. Sería algo, diríamos, vano si todo hubiese terminado con la muerte; si todo, en nuestra experiencia humana, y también en la de Cristo, hubiese sido la muerte quien tenía la palabra última. El hecho de que haya sucedido esto ha cambiado la historia, y ese cambio lo has dicho tú muy bien en la introducción: es decir, es, por supuesto, para todos los cristianos el origen, la fuente, y la plenitud de toda alegría porque Cristo está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, porque Cristo vive para siempre.

Y no sólo en la memoria, como decimos a veces acerca de los artistas, sino que su triunfo sobre la muerte ha, realmente, introducido el cielo en la tierra y ha introducido, al revés, la tierra y la carne humana, y la vida humana, en el corazón mismo del cielo. Y eso es una fuente de gozo inmenso que los cristianos apenas nos asomamos a arañar su superficie, pero porque es tan grande y el amor que expresa tan inefable, literalmente, tan imposible de expresar con palabras, que la vida entera es demasiado corta como para asomarse a ese misterio, a esa belleza, a ese amor. Pero el acontecimiento ha sucedido, y ha sucedido para todos los hombres, si una vez que la muerte ha sido vencida, una vez que Dios se ha entregado a sí mismo, a nosotros y por nosotros, la condición humana, incluso de las víctimas, que jamás han oído hablar de Jesús, incluso de aquellos que viven atormentados por la desesperación, incluso de aquellos que no entienden por qué este mundo está tan lleno de mal, y se revelan, se indignan y arañan las paredes del misterio como encerrados en una celda, digamos, casi respirable. No puedo decir que no importa, porque claro que importa. Pero Cristo ha muerto y ha resucitado para todo hombre y para toda mujer, y eso significa que ese dolor o esas injusticias, o esa desesperación, no son ni lo último ni lo definitivo en la vida de nadie.

Y por eso puede decir la Iglesia a veces: en el mundo entero se habla de alegría, o el mundo entero aclama y proclama tu alabanza, porque la última palabra la tendrá esa alabanza el día que se desvele por completo el significado, y se desvele en la conciencia de todos los hombres para cada uno de nosotros el significado último de lo que estamos celebrando estos días, de este amor ante el cual no cabe más que el silencio que adora.

Un abrazo para todos.

+ Javier Martínez

Arzobispo de Granada

8 de abril de 2012

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