La Misa Crismal y la Pasión de Cristo

Palabras de Mons. Javier Martínez en el programa «Iglesia Noticia», de Cadena COPE Granada, emitido el pasado 1 de abril.

Muy buenos días Paqui, muy buenos días oyentes todos, de COPE.

Serían tantas las cosas que decir para ayudar a vivir la Semana Santa que no cabrían en el breve espacio de que dispongo. No cabrían en la vida entera, de hecho no caben en la vida entera. Por eso, la Iglesia nos las recuerda año tras año, para darnos la posibilidad de asomarnos al corazón del misterio redentor, del misterio de Cristo que ilumina nuestra vida.

Yo quiero invitaros hoy a participar en una celebración que una gran parte del pueblo cristiano no conoce en la Semana Santa: es la celebración de la Misa Crismal. El Jueves Santo por la mañana se celebra en Granada. Según la tradición de la Iglesia, ése es el momento adecuado para celebrarla, aunque se permite que se pueda celebrar el martes o el miércoles, siempre lo más cerca posible al día de Jueves Santo. Es la única Eucaristía, la única Misa del año, que no se puede repetir, donde el Obispo no puede confiar, diríamos, su celebración a otra persona. Ni siquiera el Obispo mismo la puede hacer en dos sitios diferentes, sólo se celebra en un momento, en la Catedral, y su valor es esencial para comprender lo que todos estos días en los Oficios, pero también en las Estaciones de Penitencia, estamos celebrando.

Porque en esa Misa suceden varias cosas: se consagran los óleos que han de ser usados después, se consagra el óleo de los catecúmenos, se bendice el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos, y se consagra el Crisma, con el cual se unge a los niños en el bautismo, a los que reciben la confirmación, y a los sacerdotes y a los obispos en el Sacramento del Orden.

El hecho de que esa celebración no se pueda repetir, indica varias cosas, que son extraordinariamente importantes: una es que lo que estamos celebrando es un acontecimiento que sucedió una sola vez, pero que ese acontecimiento no pertenece al pasado. Ese acontecimiento, a través de los Sacramentos de la Iglesia, llega hasta nosotros. Tiene su fuerza, la Resurrección de Cristo, que ilumina su muerte e ilumina nuestra muerte, que ilumina la condición del Hijo de Dios y que nos hace a nosotros, nos da la posibilidad de ser hijos de Dios.

Es un acontecimiento contemporáneo nuestro, y que para esa contemporaneidad, de los Sacramentos (del Bautismo, de la Eucaristía, del perdón de los pecados), la sucesión apostólica -es decir, el hecho de que Jesús pasase el Espíritu Santo de una forma especial a los Doce, y que los Doce después lo pasaran a sus sucesores, y que sus sucesores lo distribuyan a los presbíteros- es esencial para la garantía de que cuando yo estoy celebrando en la última parroquia del último rincón del mundo, con un presbítero a lo mejor mayor que casi no puede pronunciar bien las palabras porque no tiene fuerzas ni para articular bien, sin embargo lo que estoy recibiendo es el cuerpo de Cristo. O cuando un sacerdote me perdona los pecados, quien me está perdonando es Cristo. Cuando yo recibo la ordenación sacerdotal, estoy recibiendo un poder que Cristo dio a los Doce.

La Misa Crismal es la que pone de manifiesto que la Pasión de Cristo sigue siendo un acontecimiento contemporáneo para nuestra vida, para la vida de nuestros padres, de nuestros hijos, de nuestras familias, para la vida de nuestro mundo. En ella también los sacerdotes, que es ese Sacramento personal que luego administra los demás sacramentos, que es esencial para la Eucaristía y para el perdón de los pecados, renuevan sus promesas. Es una Eucaristía única, muy poco conocida del pueblo cristiano porque se celebra el Jueves por la mañana.

A todos aquellos que podáis yo os invito a que vengáis porque justamente en esa Eucaristía se hace presente todo el misterio de la Iglesia, el misterio de la Iglesia representado en la presencia del Pastor, en los sacerdotes que lo acompañan y que renuevan sus promesas, en los Sacramentos que hacen presente, actual, contemporáneo el misterio de la Pasión y de la Resurrección de Cristo. Si la Pasión y la Resurrección fueran un recuerdo del pasado, no sería la Resurrección, Cristo no habría resucitado; en el fondo, estaríamos recordando algo ficticio, porque Cristo ha resucitado y ha vencido a la muerte y ha empezado una historia nueva. Nosotros tenemos esperanza.

Y esa Eucaristía -la Misa Crismal- recuerda que aquel acontecimiento de hace 2.000 años se hace a través del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, contemporáneo nuestro, que está vivo para nuestra esperanza, para nuestra esperanza como hombres y mujeres del siglo XXI.

+ Javier Martínez

Arzobispo de Granada

1 de abril de 2012

Para escuchar el programa completo.

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