El Monasterio de la Concepción celebra sus 500 años con la “revolución” jubilar de la Inmaculada

El Monasterio de la Concepción celebró este sábado 4 de mayo sus 500 años de existencia y la celebración del Año Jubilar concedido por la Santa Sede, que estará vigente hasta el 25 de marzo de 2020.

El Monasterio de la Concepción celebró el pasado sábado por la tarde la apertura del Año Jubilar decretado por la Santa Sede en la conmemoración de sus 500 años de existencia. La duración de este tiempo de gracia, en la que podrá pedirse la indulgencia plenaria, se ha proclamado desde el 2 de febrero de 2019 hasta el 25 de marzo de 2020.
La Eucaristía celebrada en honor de esta dignidad, contó con la presencia de las Hermanas de la Tercera Orden Regular Franciscana. Una orden que habita el templo desde su fundación en 1518, y gracias a la cual, por mediación de la Madre Abadesa, Dña. Rosalía Nieto, ha sido concedido este Año Jubilar. Fue el arzobispo de Granada, Mons. Javier Martínez, que presidió la Eucaristía, el primero en agradecer la presencia de las hermanas franciscanas: “vosotras sois las que garantizáis la vida religiosa que nos acompaña y las que lleváis 500 años proclamando el Misterio de la Inmaculada concepción con vuestra vida”, les dijo.
Este Año Jubilar ofrecerá la gracia de la Indulgencia plenaria a todos los fieles que lo deseen, siempre que se visite el monasterio en forma de peregrinación y se cumplan las condiciones de la sacramental confesión, la comunión eucarística y la oración por el Sumo Pontífice.
Además de las hermanas de la orden franciscana, estuvieron presentes los miembros de la Comisión del V Centenario de la Fundación, el Vicepresidente de la Real Federación de Cofradías, el Hermano Mayor de la Cofradía del Amor y de la Entrega y representantes de la Real Maestranza, además de varios integrantes de la principal Hermandad de la Purísima. La Eucaristía estuvo presidida por el arzobispo de Granada, Mons. Javier Martínez, que centró su predicación en el Misterio del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
UN DOGMA REVOLUCIONARIO, NO UN ADORNO
Delante de todos los fieles y de las hermanas franciscanas, D. Javier empezó alertando sobre lo rutinaria que puede volverse la imagen de la Inmaculada, a pesar de las muchas imágenes que se prodiguen, incluso en una diócesis como Granada. “Corremos un riesgo muy grande y es pensar que la Inmaculada Concepción es como una especie de arbitrariedad de Dios, que ha querido que su madre fuera la más bella y el dogma de la Inmaculada Concepción se queda como si fuese un piropo a la Virgen” (…) “Bello, bonito, sin duda, pero que no nos dice nada sobre quién es Dios y sobre quienes somos nosotros”, señaló.
Haciendo memoria, D. Javier Martínez recordó que “cuando la Iglesia proclama la Inmaculada como dogma, el mundo estaba proclamando al superhombre”. En ese sentido, no dudó en calificar el dogma de la Inmaculada como un dogma revolucionario, pues significa todo lo contrario a la afirmación del superhombre implícito en nuestra sociedad actual. La veneración de la Inmaculada Concepción de María “nos desalienta justo de nuestra pretensión de que nosotros podamos apresar a Dios, de que podamos dominar a Dios, o meterle en un saco”.
No obstante, este dogma mariano, que afirma la primacía de la gracia, o el hecho de que Dios nos “primerea” en las palabras del Papa Francisco, de que va delante de nosotros, es precisamente lo contrario al pensamiento de que uno puede lograr obtener el favor de Dios por sus propios medios y, al mismo tiempo, lo impensable de pensar que nosotros somos cuerpo de Dios y que nuestra tarea cotidiana pueda serle útil a Dios mismo.
“El trabajo de la Virgen de cada día era necesario para que Dios pudiera hacerse hombre: el alimentarse ella, el cuidar de la familia, el ir a por agua a la fuente… Jesús, el Hijo de Dios, no hubiera podido crecer sin el trabajo de María y sin el trabajo de José”, afirmó el arzobispo. De este modo, también el trabajo humano tiene ocasión de llenarse de sentido, pero esto es algo “¡tan impensable!, tan revolucionaria, tan provocadora, tan inimaginable, que solo es posible porque antes Dios le regala al hombre la posibilidad de serle útil”, concluyó.
La celebración de esta Eucaristía por el medio milenio de vida del Monasterio de la Concepción y de la orden franciscana, concluyó con unas palabras de D. Severino Calderón, reconociéndose el primero en ser “primereado”, agradeciendo la presencia de todos y animando a la celebración de este Año de Gracia para todos aquellos que quieran peregrinar al Monasterio de la Concepción, empezando por el Triduo eucarístico que comienza hoy a partir de las 19:30 con el rezo del rosario y la Santa Misa.
Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

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