«Toda mi vida y mi futuro sacerdocio tienen sentido por Cristo, con Él y en Él», Francisco Jesús García Navarro

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La diócesis de Cartagena es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la catedral de Santa María, situada en la ciudad de Murcia.

Un mes después de cumplir los 27 años, Francisco Jesús García Navarro, volverá a pronunciar su fiat a Dios este sábado en la basílica de la Purísima de Yecla cuando el Obispo de Cartagena le pregunte si está dispuesto a servir a Dios y a la Iglesia y a unirse cada día más a Cristo a través de su ministerio sacerdotal.

Francisco Jesús ha vivido la fe en el seno de una familia que pertenece al Camino Neocatecumenal en la parroquia de San Juan Bautista de Yecla, primero en la comunidad de sus padres y más tarde en la suya propia: «He crecido con un grupo de personas que aún hoy permanecemos unidos con los lazos de la fe, en vocaciones distintas pero complementarias. En momentos de verdadera necesidad he sentido el amor de Dios a través de ellos».

Desde muy joven sintió la «voz clara» de Dios que le invitaba a ser sacerdote para llevar el amor que él experimentaba a todas las personas. Especialmente le llamó la atención una frase que escuchó en un encuentro de jóvenes en Ámsterdam: «Cristo viene a sanar, y cuando sana, te das cuenta de lo fundamental de la vida: que eres amado de Dios, Hijo de Dios». Asegura que poder experimentar el sentirse sanado y amado por Dios le hizo sentirse libre: «Obtuve una libertad muy grande, sobre todo de mí mismo, de mis proyectos, de mis gustos, y pude ser libre para ir detrás de Dios, que yo veía me llamaba cada vez con más fuerza y radicalidad».

Con 19 años entró en el Seminario Misionero Redemptoris Mater a la vez que comenzó a vivir su fe en la séptima comunidad de la parroquia de San Lorenzo de Murcia. En sus años de formación en el seminario ha estado de misión en Israel, Chile y Argentina. «La gente está deseosa de que alguien le anuncie que Cristo no quita nada, sino que da plenitud a nuestra vida, que realmente hay un tesoro para todo hombre que se encuentra en nuestra Madre, la Iglesia; el tesoro de que podemos ser curados en lo más profundo de nuestra alma y así poder conseguir lo que todo hombre busca, la felicidad».

Francisco Jesús ha realizado el ministerio de diaconado en la parroquia de San Pedro Apóstol de Alcantarilla, un tiempo que asegura le ha servido para ser más consciente del amor de Dios. «Dios me ama profundamente, me ha llamado así como soy, con mis debilidades, con mi precariedad humana, me ha dado la capacidad para entregarme a Él. No ha sido mérito mío, ni una convicción propia. Este tiempo de diaconado ha sido el cumplimiento de la promesa que Dios un día me hizo, por eso como digo en mi lema, toda mi vida y mi futuro sacerdocio tienen sentido «por Cristo, con Él y en Él».

A las personas que están alejadas de la Iglesia les anima a que no se conformen con ese sentimiento de desarraigo, que no juzguen a la Iglesia desde fuera, que se acerquen a ella «pues nadie puede amar algo que no conoce, que se fijen en aquellos que estamos dentro no por lo que somos, sino por lo que Dios obra en cada persona que se deja hacer por Él. La vida es una lucha y tarde o temprano se darán cuenta de que se descansa sabiendo que hay uno que ya la ha luchado por ellos, ese es Cristo».

Se siente dichoso porque asegura experimentar la paz de Dios «que no puede compararse a nada» y la certeza de que Él le acompaña cada día. «Hay gente que dice que Dios no habla, claro que no habla ¡Dios grita! Lo que pasa es que no estamos atentos a como Dios nos habla y habla para rescatarnos. Muchas veces pensamos que Dios calla, pero yo digo que el silencio grita en nuestro interior de una forma irremediable».

Anima a los jóvenes, y especialmente a los que estén sintiendo la llamada al sacerdocio, a que dejen atrás los prejuicios y los miedos y miren a la Inmaculada Concepción: «Ella nos enseña a escuchar. Siempre dijo «haced lo que Él os diga». Al adoptarnos como hijos nos prepara para la escucha».

A dos días de ordenarse sacerdote asegura que se siente nervioso, feliz y emocionado, «con ganas de que el Señor certifique y selle como un memorial la obra que hace ocho años empezó; que el pueblo que un día me vio nacer pueda dar gloria a Dios porque ese día nacerá un nuevo sacerdote para siempre. Los afronto con ansias de poder servir a su Iglesia, de poder ser un santo sacerdote y dar testimonio con mi vida de que el Señor ha sido fiel».

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