Misa en la fiesta de la Virgen María

Homilía del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Excmo. Rvdmo. Sr. Arzobispo emérito, Mons. Francisco Gil Hellín
Ilmo. Sr. Deán de la Santa Iglesia Catedral y Cabildo Catedralicio
Sacerdotes y religiosos
Excmo. Sr. Alcalde y corporación municipal
Camarera de la Virgen, Damas de la Corte y Caballeros de la Fuensanta
Hermanos y hermanas

De la Santísima Virgen María decimos que nos enseña a vivir la fe como un camino que compromete e implica, y que en todas las edades y situaciones de la vida requiere audacia y perseverancia constante. Este año se hace más necesario acercarnos a Ella, con más fuerza, con más confianza, porque sentimos que la necesitamos; la sentimos como intercesora nuestra y como Madre. Por eso, podemos decirle con la confianza de los hijos que le presente nuestras necesidades a Jesús, como hizo con los novios de Canaán, que nos mire y nos proteja, después de la tremenda experiencia que hemos vivido en esta tierra. No nos quejamos de la fuerza de la naturaleza, ni de nuestras debilidades, eso ya lo sabemos, lo que le pedimos al Señor es mantener la serenidad para dar la cara, para seguir adelante y para desarrollar un músculo importante, el del corazón, para estar cerca de los que han perdido mucho y poderles ayudar.

Muchos obispos de España me han llamado para interesarse por estos acontecimientos que nos han llevado a dolores y sufrimientos, a todos les he manifestado que a los murcianos nos ha tocado afrontar muchos y graves retos, pero de todos hemos salido por la fuerza de la fe, que nos ha llevado a confiar en Dios y porque este pueblo es grande, con esperanza, generoso y valiente, rozando la heroicidad.

Hoy, Madre te traigo nuestros corazones rotos por el dolor que nos ha venido a causa de las inundaciones, con el manto de terribles desgracias y perdidas de todo tipo. Pero, a la vez, como la otra cara de la moneda, te traigo un corazón agradecido. Estoy pensando en la gracia de vivir en esta Región que tantas alegrías nos permite vivir. Pero en esta ocasión te traigo –porque hemos tenido la suerte de tener, en medio de este fenómeno de la naturaleza– a unas personas que han sabido coordinar y trabajar con fina competencia; pienso en este momento en las autoridades que se les ha visto muy implicadas en la coordinación de las labores de respuesta a las necesidades que iban surgiendo. Pienso en tantas instituciones de gente maravillosa que ha estado a pie de obra: los cuerpos de seguridad del estado, como Guardia Civil, Policía Nacional, el ejército con la Unidad Especial de Emergencias y también a todos los miembros de las policías locales. Pienso en las personas de Protección Civil, Cruz Roja y las empresas que han puesto a disposición de la unidad de control de esta aventura la maquinaria y personal necesario para facilitar los trabajos de rescate, salvamento que se están realizando. Pienso en tantos voluntarios que al oír la voz de alarma han estado y siguen estando dispuestos a colaborar en cualquier tarea que se les asigne, hombres y mujeres con las botas puestas, sin corbata, ni maquillaje, sino embarrados hasta el cuello para ayudar a sus vecinos y hacer la vida más fácil a los que han perdido hasta los sueños. Pienso en las familias, en los mayores, enfermos y niños que con una madura resignación le están dando la cara a las adversidades, con verdadero ejemplo de serenidad; pienso en los que habéis visto vuestros negocios inundados y echadas a perder las provisiones, materiales y todos los demás productos… ¡otra vez más¡, y no habéis perdido la esperanza para levantar de nuevo el ánimo… Pienso también en la gente de Cáritas que nunca desaparece ante las necesidades y en esta ocasión ha vuelto de decirle al Señor, como la Virgen María: “Aquí estoy para hacer tu voluntad”.

Pienso también en las personas de las comunidades autónomas vecinas, que han perdido la vida a causa de esta DANA, que se ha llevado grabado a fuego el nombre de las seis personas, hasta este momento, que ya no están con nosotros. Madre, intercede ante el Padre por ellos y que descansen en paz.

No se si nos quedan aún lágrimas para tanto sufrimiento, pero de lo que estoy seguro, Madre, es de que los murcianos hemos tenido muchos retos de todo tipo en estos tiempos y siempre hemos sacado fuerzas de debilidad, incluso cuando parecía imposible que pudiéramos levantar la cabeza, porque los golpes siempre han sido muy fuertes, pero hemos salido adelante y no creo que sea porque seamos “murcianos de dinamita”, sino porque hemos sabido apoyarnos en la roca que no se mueve, en el fundamento que da consistencia a nuestras vidas, en el Señor. A Cristo le hemos gritado, vamos con lágrimas en los ojos, pero con una esperanza grande y la fuerza que nos da la fe. Tú, Madre, nos conoces bien, sabes de nuestros ruegos y súplicas, sabes de nuestras necesidades y siempre estás cerca, siempre cerca, sentimos el palpitar de tu corazón, porque nos tienes muy cerca y lo podemos oír, por eso no nos dejas solos.

Virgencica de la Fuensanta, míranos hoy con la ternura de tu maternidad e intercede ante Jesús por nosotros, que ya no nos quedan lágrimas.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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