Festividad del Santo Hermano Pedro

Hoy 24 de abril es el día del Santo Hermano Pedro, el primer santo de Canarias. El obispo preside esta tarde de miércoles, a las 19 horas, la Eucaristía en el espacio religioso de la cueva del Hermano Pedro. Asimismo, concelebrarán los sacerdotes de la zona y Daniel Padilla que es el delegado apostólico para la Orden de Belén. Además, se harán presentes diferentes congregaciones religiosas como los bethlemitas, la Asunción y los Hermanos de la Cruz Blanca, entre otras.


El próximo sábado 27 de abril tendrá lugar la peregrinación desde Vilaflor hasta la Cueva del Santo. La Eucaristía en la que se realizará la ofrenda será a las 6:30 horas en la parroquia de Vilaflor.

Biografía
Pedro de San José Betancur nace en Vilaflor de Tenerife el 21 de marzo de 1626 y muere en Guatemala el 25 de abril de 1667. La distancia en el tiempo no opaca la luz que emana de su figura y que ha iluminado tanto a Tenerife como a toda la América Central.
San Pedro de San José Betancur supo leer el Evangelio con los ojos de los humildes y vivió intensamente los Misterios de Belén y de la Cruz, los cuales orientaron todo su pensamiento y acción de caridad. Hijo de pastores y agricultores, tuvo la gracia de ser educado por sus padres profundamente cristianos; a los 23 años abandonó su nativa Tenerife y, después de 2 años, llegó a Guatemala, tierra que la Providencia había asignado para su apostolado misionero.
Apenas desembarcado en el Nuevo Mundo, una grave enfermedad lo puso en contacto directo con los más pobres y desheredados. Recuperada inesperadamente la salud, quiso consagrar su vida a Dios realizando los estudios eclesiásticos pero, al no poder hacerlo, profesó como terciario en el Convento de San Francisco, en la actual La Antigua Guatemala, con un bien determinado programa de revivir la experiencia de Jesús de Nazaret en la humildad, la pobreza, la penitencia y el servicio a los pobres.
En un primer momento realizó su programa como custodio y sacristán de la Ermita del Santo Calvario, cercana al convento franciscano, que se convierte en el centro irradiador de su caridad. Visitó hospitales, cárceles, las casas de los pobres; los emigrantes sin trabajo, los adolescentes descarriados, sin instrucción y ya entregados a los vicios, para quienes logró realizar una primera fundación para acoger a los pequeños vagabundos blancos, mestizos y negros. Atendió la instrucción religiosa y civil con criterios todavía hoy calificados como modernos
Construyó un oratorio, una escuela, una enfermería, una posada para sacerdotes que se encontraban de paso por la ciudad y para estudiantes universitarios, necesitados de alojamiento seguro y económico. Recordando la pobreza de la primera posada de Jesús en la tierra, llamó a su obra «Belén».
Otros terciarios lo imitaron, compartiendo con el Beato penitencia, oración y actividad caritativa: la vida comunitaria tomó forma cuando el Beato escribió un reglamento, que fue adoptado también por las mujeres que atendían a la educación de los niños; estaba surgiendo aquello que más tarde debería tener su desarrollo natural: la Orden de los Bethlemitas y de las Bethlemitas, aun cuando estas sólo obtuvieron el reconocimiento de la Santa Sede más tarde
El Santo Hermano Pedro se adelantó a los tiempos con métodos pedagógicos nuevos y estableció servicios sociales no imaginables en su época, como el hospital para convalecientes.Sus escritos espirituales son de una agudeza y profundidad inigualables.
Muere apenas a los 41 años el que en vida era llamado «Madre de Guatemala». A más de tres siglos de distancia, la memoria del «hombre que fue caridad» es sentida grandemente, viva y concreta, en su nativa Tenerife, en Guatemala y en todos los lugares donde se conoce su obra.
El día 25 de Julio de 1771, el Papa Clemente XIV reconoció que el Hermano Pedro había practicado las virtudes teologales y morales en grado heroico, declarándolo Venerable. Fue beatificado por S. Santidad Juan Pablo II el 22 de Junio de 1980. El 30 de julio de 2002 fue canonizado por el mismo Sumo Pontífice en una solemne Eucaristía celebrada en el Hipódromo Sur de la Capital guatemalteca con asistencia de todo el episcopado de Guatemala y muchos obispos de otras naciones americanas y ante cerca de un millón de fieles entre los que estaban presentes más de cuatrocientos canarios, la mayoría de Tenerife, acompañados por el Sr. Obispo de la Diócesis tinerfeña, D. Felipe Fernández, una representación oficial de la hermana Diócesis de Canarias, el Presidente del Gobierno Autónomo de Canarias, el Presidente del Cabildo Insular de Tenerife, los Alcaldes de Vilaflor, Granadilla y Arona y otras autoridades.
Después de más de tres siglos, el mensaje del Hermano Pedro sigue siendo de palpitante actualidad, como el mismo Evangelio, que él vivió con fidelidad y generosa entrega hasta el heroísmo, según ha reconocido la Iglesia, inscribiéndolo en el Catálogo de los Santos. Su ejemplo anima a los creyentes al compromiso de un amor de amistad con Cristo humilde y paciente; a vivir el mensaje de las bienaventuranzas y a la práctica de las obras de misericordia para con los necesitados y enfermos, procurando ser fieles a la oración y a la búsqueda y cumplimiento de la voluntad de Dios en la sencillez de la vida diaria.

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