Quien reconoce a Jesús en la Hostia santa, lo reconoce también en el hermano que sufre. Infraoctava del Corpus de la Orotava Destacado

Las calles, plazas y el templo de La Concepción de La Orotava, acogieron la celebración de la Infraoctava del Corpus. Tanto la homilía, la alocución desde el balcón del Ayuntamiento, como el gran tapiz de la plaza remarcaron la unión entre eucaristía y caridad, entre la adoración a Jesús presente en la Sagrada Hostia y el compromiso por los más vulnerables.

En el templo parroquial se encontraban numerosos fieles, así como sacerdotes y miembros de la vida consagrada, de las hermandades y cofradías. Igualmente participaron el presidente del Gobierno de Canarias, el del Cabildo Insular, el alcalde de la Villa y su corporación municipal y otras autoridades civiles y militares.

“La Eucaristía hace posible que el amor de Dios se derrame en nosotros e impregne todo nuestro ser. Es lo que siempre nos ha enseñado la Iglesia: la comunión del Cuerpo de Cristo es el alimento espiritual que acrecienta en nosotros el amor a Dios y al prójimo”- aseveró el obispo Álvarez en la homilía. “La Fiesta del Corpus Christi reclama la “Fiesta de los Pobres”, que son el Cuerpo Sufriente de Cristo. No son dos fiestas, sino una sola con dos dimensiones. Cristo es uno solo: el que está presente en la Eucaristía es el mismo que está presente en los pobres. Sería una contradicción, y hasta sacrilegio, recibirle y honrarle en el Santísimo Sacramento y despreciarle en los pobres”.

Esa misma idea de la eucaristía como alimento y fuente de servicio a los demás, la expuso el prelado Nivariense desde el balcón del ayuntamiento, antes de proceder a la bendición con el Santísimo. “Jesucristo pelícano bueno es el Pan partido y repartido para la vida del mundo”. El que ha dicho esto es mi Cuerpo, dijo también lo que hacen a unos de estos pobres, a mí me lo hacen”.

Igualmente recordó algunas palabras de su predecesor, Felipe Fernández y del papa Benedicto XVI para afirmar: «Llevamos a Cristo, presente en la figura del pan, por las calles de nuestra ciudad –constató–. Encomendamos estas calles, estas casas, nuestra vida cotidiana, a su bondad. ¡Que nuestras calles sean calles de Jesús!»

«¡Que nuestras casas sean casas para él y con él! Que en nuestra vida de cada día penetre su presencia», deseó. «Con este gesto, ponemos ante sus ojos los sufrimientos de los enfermos, la soledad de los jóvenes y de los ancianos, las tentaciones, los miedos, toda nuestra vida», afirmó.

«La procesión quiere ser una bendición grande y pública para nuestra ciudad: Cristo es, en persona, la bendición divina para el mundo», aseguró.

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