Verdaderamente ha resucitado. ¡Aleluya!

El Obispo Álvarez Afonso presidió en la Catedral la Vigilia Pascual. En la misma renovaron el bautismo tres comunidades neocatecumenales y se bautizó un niño. Por otro lado, en el solemne pontifical del Domingo de Resurrección imparte la bendición papal.


“Ha resucitado! Es el anuncio que sostiene nuestra esperanza y la transforma en gestos concretos de caridad. ¡Cuánto necesitamos dejar que nuestra fragilidad sea ungida por esta experiencia, cuánto necesitamos que nuestra fe sea renovada, cuánto necesitamos que nuestros miopes horizontes se vean cuestionados y renovados por este anuncio! Él resucitó y con él resucita nuestra esperanza y creatividad para enfrentar los problemas presentes, porque sabemos que no vamos solos”. Con esta afirmación del Papa en la Vigilia Pascual, comenzaba el obispo Nivariense en la Catedral la homilía de la Vigilia de las Vigilias.

En la misma Álvarez sintetizaba su mensaje pascual, que entregó a todos los presentes en el primer templo de la diócesis, y del que ya le hemos dado cuenta en este medio diocesano: “A todos, creyentes o no, les decimos: Es la hora de la alegría porque el Señor Jesús ha resucitado y vive con nosotros para siempre”.

Nos alegramos por Cristo, “pero, además, también nos alegramos por nosotros mismos, “porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida y en su resurrección hemos resucitado todos”. Su vida, su palabra, su muerte y resurrección tienen que ver nosotros. Toda su existencia es una llamada a escucharle, conocerle y seguirle, pues todo lo que hizo y dijo –desde el principio hasta el final- fue “por nosotros y por nuestra salvación”- aseveró.

En la celebración, distintos miembros de las comunidades neocatecumenales de tres parroquias de La Palma: San Miguel Arcángel (Tazacorte); El Salvador (Santa Cruz de La Palma) y Nuestra Señora de Montserrat (Los Sauces), renovaron sus promesas bautismales al concluir su proceso de formación. Además se bautizó a un niño.

Por todo ello, y por el propio sentido para el día, el Obispo recordó la importancia del bautismo que toda la comunidad renueva en la Pascua. “Realmente, el bautismo realiza en nuestra vida una transformación profunda, ontológica. Jesús mismo lo llama “nuevo nacimiento”. Gracias a ello podemos andar en una vida nueva, pues, “por Cristo, con Él y en Él”, venciendo en nosotros el pecado, como quienes han vuelto de la muerte a la vida, el bautismo nos convierte en criaturas nuevas e instrumentos de Dios para el bien”- expuso.

Volvió a citar, posteriormente, la homilía del obispo de Roma para señalar que “celebrar la Pascua, es volver a creer que Dios irrumpe y no deja de irrumpir en nuestras historias desafiando nuestros «conformantes» y paralizadores determinismos. Celebrar la Pascua es dejar que Jesús venza esa pusilánime actitud que tantas veces nos rodea e intenta sepultar todo tipo de esperanza…Ahora la invitación va dirigida, una vez más, a ustedes y a mí: invitación a romper las rutinas, renovar nuestra vida, nuestras opciones y nuestra existencia. Una invitación que va dirigida allí donde estamos, en lo que hacemos y en lo que somos; con la «cuota de poder» que poseemos. ¿Queremos tomar parte de este anuncio de vida o seguiremos enmudecidos ante los acontecimientos?”.

Quiso terminar su disertación el prelado Nivariense, recordando el concierto que el próximo jueves acogerá la Catedral. En el mismo, entre otras piezas, se interpretará el Cantique de Jean Racine de Fauré, cuya letra citó: “El verbo de Dios es nuestra única esperanza, el día eterno de la tierra y los cielos, en la tranquila noche rompemos el silencio. ¡Divino Salvador, pon sobre nosotros los ojos! ¡Difunde por nosotros el fuego de tu gracia poderosa, que todo el infierno huya al sonido de tu voz, disperse el sueño del alma débil, que es conducida al olvido de tus leyes! ¡Oh, Cristo!, sé bondadoso para con este pueblo fiel que ahora te bendice reunido! Recibe los cantos que ofrece a tu gloria inmortal ¡y a tus colmados dones que nos devuelves!”