La gran familia diocesana celebró en la oratava el encuentro "En tus manos" Destacado

La Villa de La Orotava fue este domingo, 11 de marzo, el marco de una cita diocesana singular. Varios miles de personas, que forman parte de esta gran familia que conocemos como Diócesis Nivariense, no quisieron perderse el encuentro “En tus manos”. Una jornada que quiso unir, en una sola iniciativa pastoral, a pequeños y medianos, grandes y mayores, laicos y consagrados. En definitiva, a todos los cristianos de estas islas occidentales que desearon compartir un tiempo de convivencia, oración y júbilo.


En torno a las 10 horas, comenzaba la acogida en la plaza Franchy Alfaro. Un momento de la jornada en donde los miembros de la organización se tuvieron que emplear a fondo, ya que la numerosa participación de todas las edades, así lo requería. Los más pequeños pasaron estos prolegómenos de la cita en una zona acotada de la plaza, mientras se divertían jugando.

Tras un cierto tiempo de espera, sobre todo, por los que venían de más lejos y otras islas, daba comienzo este encuentro. El alcalde de La Orotava, Francisco Linares, se dirigió a los asistentes para mostrar su satisfacción por elegir la villa orotavense para celebrar esta cita y señaló que era una gran alegría ver una expresión de fe en las calles como esta. Posteriormente, el obispo nivariense también quiso saludar a los diocesanos. Monseñor Álvarez indicó que esta era una magnífica oportunidad para que todos se llenaran del Espíritu de Dios necesario para continuar esperanzados este tiempo de Misión diocesana.

Tras las palabras de bienvenida, mientras se ultimaban algunos aspectos organizativos, la plaza Franchy se convirtió en una gran pista de Zumba. De la mano de una experta en este deporte, los asistentes al encuentro hicieron sus pinitos en esta disciplina que combina el baile y los ejercicios aeróbicos. Un momento distendido que sirvió también para divertirse y perder alguna que otra vergüenza.

Posteriormente, los participantes se fueron distribuyendo, por edades, en los diferentes talleres. Los más pequeños se dirigieron a las canchas inferiores del colegio Salesianos. Allí, acompañados por diversos catequistas y divididos por zonas de pertenencia, pudieron jugar y trabajar una dinámica cuyo fin era caer en la cuenta de que todos somos obras de Dios. Para ello, los niños disfrutaron realizando una mano con masa moldeable.

Mientras, en las canchas superiores del colegio, los padres y las madres, a través de un “Happening”, pudieron revivir la historia de sus familias y el paso de las diversas etapas, desde el conocimiento de la pareja, el matrimonio, momentos felices, tiempos de pruebas, el fruto de los hijos, etc. Todo ello, complementado con la intervención de varios especialistas y miembros del movimiento Familias Cristianas que acercaron a los presentes diferentes herramientas que pueden ayudar en la vida conyugal y en la educación de los hijos.

Durante ese tiempo, en la Plaza Franchy, quienes lo deseaban, podían conocer de primera mano la labor de Manos Unidas, ya que en una esquina de este reciento público se ubicó un taller de la referida organización de la Iglesia. Allí se proporcionaba a los asistentes información y se les orientaba en cuanto a campañas emprendidas y maneras de colaborar.

Otra realidad presente en esta jornada fue la pastoral de la Salud que contó con un taller para mostrar su realidad en la sala salesiana del colegio. Los participantes pudieron ver un powerpoint y compartir por grupos.

También Cáritas hizo algo similar mediante un taller en la iglesia de Santo Domingo. La participación fue la nota característica de este taller que pretendió que los asistentes se pusieran en la piel de la organización para conocer las diferentes campañas que se llevan a cabo en la actualidad. Para ello, los participantes podían visionar un peculiar informativo en el que se reflejaban todas las acciones que se están desarrollando en nuestra diócesis.

Por su parte, los preadolescentes (chicos y chicas de entre 10 y 14 años), participaron en la Casa de la Cultura, en la dinámica denominada “Escape Room”, emulando una especie de mazmorra donde eran apresados. A partir de esta situación ficticia, y a través de la resolución de diferentes acertijos, los jóvenes participantes tenían que escapar de ese lugar para encontrarse con aquel que es la persona más importante para un cristiano, Jesucristo.

En esos enclaves estuvieron también los adolescentes y jóvenes profundizando en el lema del Encuentro desde la perspectiva del alfarero. Hubo tiempo para la oración, para el teatro de sombras y para compartir.

Justo al lado de la Casa de la Cultura, en la iglesia de San Agustín, se desarrolló una expo-vocacional. En ella, a través de material audiovisual y paneles, se mostró la riqueza de vocaciones y carismas diversos que existen en nuestra diócesis.

Quienes salían de la iglesia de San Agustín se topaban con una invitación, en forma de música, proveniente de la Plaza de la Constitución. Varios cantautores desplegaron sus repertorios en un concierto en donde no faltó la parte testimonial. Además, los asistentes pudieron corear en directo el himno de la Misión diocesana.

Este itinerario de expresión de fe en la villa orotavense se completaba con un taller para los mayores en la iglesia de La Concepción. En este templo, totalmente lleno, se compartieron sentidos testimonios sobre la vida familiar y la educación en la fe de los hijos y nietos. En este sentido, los asistentes quisieron culminar el taller con un tiempo de oración por el presente y futuro de las familias cristianas.

Además, hubo espacios para la adoración eucarística y sacerdotes disponibles para el sacramento de la Reconciliación.

A las 13:30 horas comenzó el tiempo para almorzar y, posteriormente, los diocesanos se desplazaron hasta la plaza del Ayuntamiento donde se realizó el emotivo traslado de la imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, desde la Capilla del Cementerio a la citada plaza.

Tras el ensayo de los cantos, se celebró la Eucaristía presidida por el obispo, con la que finalizó el encuentro. En la misma, fueron presentadas unas especiales Jornadas Vocacionales que la Diócesis Nivariense promueve este año, de un modo singular, bajo el lema: “Escucha”.

El obispo, tras dar las gracias al ayuntamiento de La Orotava y a todos los miembros de diferentes ámbitos encargados de la organización de este encuentro por la acogida y el apoyo para que todo saliera adelante, comenzó su homilía recordando la figura del arzobispo emérito de Zaragoza, recientemente fallecido, D. Elías Yanes. Asimismo, debido a que pocos minutos antes de la Misa se conoció la noticia del hallazgo del cuerpo sin vida del niño Gabriel, desaparecido en Níjar, el prelado pidió al Señor que ponga cabeza y paz en los corazones de quienes sufren en estos momentos esta situación. “También pedimos para que él cambie los corazones. Que nunca acudamos a la violencia, a la agresividad para resolver los conflictos. Que Dios nos dé paz para con nosotros y para con los demás”.

Seguidamente, monseñor Álvarez recordó que este tipo de encuentros se deben a que, secundando el deseo del Papa, en nuestra diócesis estamos intentando ser una “Iglesia en salida”. “No nos contentemos con tener fe. Demos testimonio de ella. Ofrezcamos este gran regalo. No se trata de captar adeptos sino de ofrecer un amor grande que es el de Dios, en el cual creemos. Se trata de ofrecer”, indicó Bernardo Álvarez.

Refiriéndose a las Jornadas Vocacionales que comenzaron en este día y que se prolongarán hasta el 27 de mayo, el obispo expresó que la palabra vocación significa “llamada”. “Dios nos está llamando a todos. A unos a una cosa y a otros, a otra. Por lo tanto: ¡Escucha! Estate atento”. En este sentido, invitó a los presentes a buscar un momento de silencio para que cada uno se plantee las llamadas que les ha hecho Dios y que están pendientes de respuesta.

Al hilo de estas jornadas presentadas, monseñor Álvarez repasó las diferentes iniciativas que se han programado y recordó la cita más cercana; la ordenación diaconal del próximo domingo en la Catedral de La Laguna.

Para concluir, el obispo hizo memoria de una historia que sucedió cuando él era párroco en la isla de La Palma. “En Puerto Naos, hubo un turista que se estaba bañando. Vino un golpe de mar y lo arrastró hacia fuera. Inmediatamente, los que estaban por allí llamaron a emergencias. Un guardia civil que llegó a la zona se lanzó al agua y lo cogió. Con un salvavidas lo trajo hasta la orilla. Pero cuando el turista se estaba incorporando por las rocas, un golpe de mar arrastró al guardia civil y no se le volvió a ver. Dar la vida para que otros se salven. Eso es lo que ha hecho Jesucristo. No lo olvidemos”.

La Eucaristía finalizó con el traslado del Santísimo Cristo al templo de la Concepción, donde un buen número de personas había seguido la Misa a través de una gran pantalla, debido a que todos los participantes no cabían en la plaza.