Necesitamos la Cuaresma. El obispo preside un retiro en la Catedral

El prelado Nivariense, Bernardo Álvarez, guió un retiro cuaresmal este sábado en la Catedral. “Necesitamos la Cuaresma” – sostuvo al comenzar el tiempo de reflexión. “Es una realidad que tiene que ver con nuestras vida, ya que es un tiempo para “ir disfrutando” de la Salvación que Cristo nos ha traído”.

La diócesis vive estos 40 días bajo el lema: ¡Vuelve a casa! !Faltas tú! El obispo recordó que el Papa se refirió a este “volver” en su homilía del pasado Miércoles de Ceniza: “Vuelve a la casa de tu Padre” dijo el Santo Padre. “Sin miedo”, vuelve a los brazos de un Padre “rico en misericordia”, recordando que éste es el “tiempo para dejarse tocar el corazón” y “experimentar la ternura sanadora y reconciliadora de Dios”. “Deja que el Señor sane las heridas del pecado y cumpla la profecía hecha a nuestros padres: ‘Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo’.

Precisamente, Álvarez, en las dos partes del retiro, realizó una presentación del mensaje del Obispo de Roma para esta cuaresma “«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12).

En un primer momento, destinado a que cada uno hiciera un diagnóstico de la realidad y de la propia vida, la pregunta de fondo era la del Papa: ¿Qué formas asumen los falsos profetas? Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren.

Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles…No es una sorpresa -señala Francisco: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas.

Por otro lado, a partir de esa mirada, el Obispo presentó la reflexión del Papa en torno a la cuestión de ¿Cómo se enfría en nosotros el amor y cuáles son las señales de ello? Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por lo material, por el dinero, «raíz de todos los males». Tanto las personas como la propia creación son testigos de este enfriamiento.

También- dice el mensaje pontificio de Cuaresma- el amor se enfría en las comunidades. Las señales más evidentes de esta falta de amor son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero.

Tras un tiempo de silencio y meditación, la segunda parte del retiro trataba de responder al interrogante: ¿Qué podemos hacer? Álvarez comentó el final del mensaje del Papa centrado en “el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

“Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo”.

Con la exposición del Santísimo, se abría un tiempo de adoración y de celebración del Sacramento de la Reconciliación. Además, se distribuyó a los presentes la homilía del Papa del Miércoles de Ceniza.

La Cuaresma – sostiene- es un tiempo rico para desenmascarar tentaciones y dejar que nuestro corazón vuelva a latir al palpitar del Corazón de Jesús. El Pontífice focalizó su homilía en las múltiples tentaciones a las que estamos expuestos, constatando cómo “frente a las vicisitudes cotidianas, se alzan voces que, aprovechándose del dolor y la incertidumbre, lo único que saben es sembrar desconfianza”.

“Desconfianza, apatía y resignación son los tres demonios que cauterizan y paralizan el alma del pueblo creyente” afirmó Francisco, señalando tres palabras guía para ‘recalentar el corazón creyente’: “Detente, mira y vuelve”.