Inauguración y bendición de un busto del Padre José Rodríguez Moure

En la tarde de este lunes 29 de enero, el obispo nivariense ha inaugurado y bendecido un busto del padre José Rodríguez Moure, en la plaza del doctor Olivera, a la entrada de La Concepción de La Laguna.

Este busto realizado en bronce es obra del escultor lagunero Ibrahim Hernández. El acto ha coincidido con el aniversario del nacimiento de este recordado sacerdote.

Se trata de una iniciativa que ha sido posible gracias a los condes de Barbate, el ayuntamiento de Aguere, la Cátedra Cultural Viera y Clavijo, la Económica y el Obispado de Tenerife.

Durante el acto de inauguración y bendición, monseñor Álvarez recordó estas palabras suyas publicadas hace tres años, en un homenaje al Padre Moure, bajo el título extraído del libro del Eclesíastico, “Hagamos el elogio de los hombres de bien”:

Es para mí una satisfacción participar con unas sencillas palabras en este reconocimiento y Homenaje Póstumo al jurista y presbítero de nuestra diócesis, el Rvdo. D. José Rodríguez Moore. Que un cristiano tenga un reconocimiento público por su buen hacer en la sociedad, es señal de que la fe católica vivida, como en este caso, en el ministerio sacerdotal, no queda reducida al ámbito estrictamente religioso ni impide desarrollar otras actividades más seculares. La fe católica, hay que decirlo sin complejos, estimula, posibilita y orienta la creatividad humana hacia la construcción del bien común, porque está marcada por el mandamiento principal del amor al prójimo.

A lo largo de su dilatada vida (1855-1936), D. José Rodríguez Moore, destacó por la excelencia de su ministerio sacerdotal al servicio a la Iglesia, donde dejó muestras de su capacidad y buen hacer en todas las tareas que le fueron encomendadas, muchas de ellas de gran responsabilidad, realizadas por “un hombre admirable, además de un religioso de perfecta vocación”, en palabras de D. Antonio Rumeu de Armas.

Pero, además de todo eso, su relevancia pública perdura en el tiempo, de un modo especial, por su contribución al desarrollo cultural de la sociedad que le tocó vivir, particularmente en el campo de la investigación histórica, dejando para la posteridad un ingente legado documental que, por su cantidad y calidad, constituye hoy uno de los tesoros bibliográficos más preciados de Canarias. De la riqueza y variedad de su trabajo, así como del interés por su persona, dan fe las páginas de esta publicación.

Fue autor de obras singulares, de marcado carácter histórico y que siguen siendo un referente para los investigadores, como las dedicadas a su ciudad de La Laguna, a la Catedral, a la Iglesia de la Concepción, a la Siervita y a la Virgen de Candelaria, se aventuró también con la narrativa dejándonos dos relatos novelescos: “El Vizconde de Buen Paso” y “El ovillo o el novelo”.

Pero, son muchos los que coinciden en afirmar que su mayor aportación a la cultura de las islas Canarias es el haber recopilado “el archivo más importante de manuscritos, folletos y documentos realizado en el Archipiélago” (D. Antonio Rumeu de Armas). Un archivo que este insigne sacerdote, Hijo predilecto de La Laguna, donó en su totalidad a la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, a la que pertenecía desde 1916. Una Sociedad Económica que ahora, con motivo de la recolocación de sus restos mortales en la iglesia de la Concepción en la que fue bautizado y sepultado, se honra en reeditar el Homenaje Póstumo efectuado a su memoria en 1940.

El libro del Eclesiástico nos invita a hacer memoria de nuestros antepasados y a que “hagamos el elogio de los hombres de bien”, porque “su esperanza no se acabó; sus bienes perduran en los que vienen detrás”… “Su recuerdo dura por siempre, su caridad no se olvidará. Sepultados sus cuerpos en paz, vive su fama por generaciones; el pueblo cuenta su sabiduría, la asamblea pregona su alabanza” (Cf. Ecclo. 44, 1.10-15).

Ciertamente, estas hermosas palabras de la Biblia son aplicables a nuestro Sacerdote D. José Rodríguez Moore. Admirados por su vida y su obra, su fama perdura en el tiempo y nosotros, hombres y mujeres de esta generación, contamos su sabiduría y hacemos alabanza de su nombre. Ojalá que su ejemplo nos atraiga de tal modo que nos sintamos empujados a imitarle en su fe y amor a Dios, así como en su amor a nuestra tierra y a su historia. Él, ya es parte de nuestra historia y, por eso, debemos darlo a conocer a las nuevas generaciones. Sin duda, este Homenaje Póstumo contribuirá a ello.