Dar lugar a Dios en la vida y lo que eso implica. Retiro de adviento Destacado

La Catedral acogió este sábado el tradicional retiro del obispo que prepara a vivir los distintos tiempos litúrgicos, en esta ocasión el adviento. El obispo comenzó su reflexión haciendo referencia a la imagen y el lema diocesano de este tiempo: ¡Faltas tú! ¡Ven! En este sentido exhortó a “dar lugar a Dios en la vida”. La silla del cartel nos habla de esperar a alguien. No es cualquiera; es Dios, es el Señor. Dar lugar a dios y lo que eso implica para la vida fue, precisamente, el centro de este retiro.

Álvarez Afonso desarrolló su reflexión en dos momentos. El primero, más valorativo, destinado a “poner orden en nuestras vidas”. La Navidad es el cumplimiento de una promesa de Dios, al comienzo de la humanidad, cuando nuestros “padres” pusieron desorden en el orden existente. Partiendo del texto del Génesis: “La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas”, el obispo invitaba a ser conscientes que “Dios sale al encuentro de Adán después de haber pecado”. Ese Dios sigue saliendo a nuestro encuentro invitando a poner orden en la vida de cada uno.

Por ello el obispo invitaba a preguntarse a los presentes si existencialmente llevaban una vida ordenada y qué significaba eso. “Una vida ordenada es algo que tiene que ver, sobre todo, con nuestra identidad, más que con las tareas que hacemos”- afirmó. “Tiene que ver más con las actitudes, las intenciones y los fines que están al fondo de lo que hacemos”.

Desde esa aseveración sostuvo que es preciso tener en cuenta que el orden es “preferencia, jerarquía en la vida y es finalidad. Por ello invitó, siguiendo la expresión ignaciana, a tener en cuenta que más se aprovecha a las cosas espirituales, cuanto más se sale del propio amor, querer e interés. Por ello, es preciso “ir a la raíz de las debilidades y pecados, es decir, donde está aquel tesoro que nos aleja del Señor”.

La segunda intervención, en clave propositiva, fue precedida de un tiempo de meditación llevó al prelado Nivariense a presentar la figura del Bautista como paradigma para vivir el adviento. Como una invitación a tomar una postura interior, a pedir un cambio de corazón para vivir la Navidad. Por ello, invitaba a entrar en este Tiempo Litúrgico con una doble perspectiva: Don. Algo, alguien se me da. Ý Acogida. Lo que se ofrece solo incide en la vida de cada uno cuando se le acoge, cuando se le recibe.

Un tiempo de adoración eucarística, dejando la posibilidad de acercarse al sacramento del perdón puso punto final a este tiempo de retiro camino de Belén.