Devoción en torno a la Patrona de Canarias Destacado

Todos los caminos llevan estos días a la Basílica de Candelaria. En ella el obispo, Bernardo Álvarez, ha presidido este martes la solemne eucaristía de la fiesta de agosto de la Virgen de Candelaria, en el día de la Asunción de María a los cielos.
La eucaristía comenzó tras la procesión cívica, la parada militar y el recibimiento de la representante del Rey que, en esta ocasión, ostentaba la alcaldesa de la Villa mariana, María Concepción Brito. Junto a ella había una amplia representación de las primeras autoridades autonómicas, insulares y locales.


Citando al padre Espinosa, en su homilía señaló que la imagen de la Candelaria "fue medio para que los guanches vinieran a la fe evangélica y tuvieron conocimiento del uno y verdadero Dios. Aunque con palabras no divulgó el Evangelio, con su presencia dispuso los ánimos a recibirlo con mucha facilidad y a guardarla con toda fidelidad y entereza".
"Así ha sido desde hace 600 años. Ininterrumpidamente, generaciones de canarios, desde la aparición de la imagen en la playa de Chimisay hasta hoy, han despertado, mantenido y acrecentado su fe en la veneración a la Virgen María, en su advocación de Nuestra Sra. de Candelaria, Patrona de Canarias. También la generación actual" - fue explicando. Además, recordó la desaparición de la primera imagen para explicar que "se perdió la imagen, pero no la devoción".
Siguiendo el sentido de la solemnidad de la Asunción de María que celebra este quince de agosto toda la Iglesia Católica, el prelado nivariense subrayó que "podemos decir con certeza, que María, tras haber sido llevada al cielo en cuerpo y alma, no deja de visitar la tierra. Igual que hemos visto en el Evangelio de hoy, como María "se puso en camino y fue aprisa a la montaña" a visitar y servir a su prima Isabel, así la Virgen María nos visita y sirve a sus hijos que peregrinan en este mundo.
Citando al papa Francisco afirmó que María, "ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano". "Ella viene constantemente a socorrer a los débiles, a curar a los enfermos, a invitar a todos a la conversión a Jesucristo y acoger su mensaje, a darnos esperanza de que, al final, podremos reunirnos con ella en el cielo"- aseveró. "Como María, no dudemos de atar nuestra vida a Jesús para que Dios pueda hacer cosas grandes en nuestro favor y a través nuestro en favor de los demás".
Una parte importante de la homilía la centró Bernardo Álvarez en explicar la afirmación evangélica "el poderoso ha hecho obras grandes por mí", la cual tiene un doble sentido: expresa la gratitud por la obra de Dios en María, y también la obra de Dios en favor nuestro a través de ella. "La gran, la más importante obra que Dios hace en nosotros es que Cristo sea engendrado por la fe en nuestros corazones. Ciertamente, como hizo María, podemos decir en primera persona: el poderoso ha hecho obras grandes en mi".
En la parte final de la homilía Álvarez Afonso volvió a centrarse, al comenzar a celebrar la fase celebrativa de la Misión diocesana, en el gran honor y responsabilidad que supone que, como con María, Dios cuente con cada uno de los bautizados. "El Papa nos repite constantemente: "todo cristiano, por el hecho de serlo, es discípulo misionero de Cristo". Es impensable que alguien haya acogido la Palabra de Dios y crea en Jesucristo, y no se convierta en alguien que a su vez da testimonio de Él y lo anuncia a los demás".
Es como si la Virgen María nos dijera: "Ya ven, yo puse mi vida en manos de Dios, hice en todo su voluntad, y no me ha ido mal. Nada me haría tan feliz como el verlos a todos junto a mí en el cielo, como les veo tantas veces junto a mí en la tierra cuando se acercan a las imágenes que me representan. Pero, para ello, no lo oliven, es necesario que sean verdaderos discípulos misioneros de Jesús como lo fui yo" - finalizó.
Al término de la Misa la imagen de la morenita de Candelaria fue sacada en procesión alrededor de la plaza. Ya en la noche, con un nuevo formato, se realizó, la ofrenda de flores y alimentos.