Vio y creyó. Misa Solemne del Domingo de Resurrección

“Vio y creyó”. Con esta afirmación del evangelio proclamado, comenzó el obispo la homilía de la Solemne Misa Pontifical del Día de Pascua. Bernardo Álvarez felicitó a los presentes por las fiestas pascuales. “Cristo ha resucitado, vive para siempre y camina con nosotros”. Esa certeza- dijo- es el fundamento de la fe.

En una Catedral especialmente preparada para esta solemnidad singular, la más importante de la Iglesia Católica, Álvarez recordó que la Resurrección de Jesús no solo le afecta a Él, sino que sus beneficios nos alcanzan a los demás. “Nosotros vivimos la pascua cuando pasamos del pecado a la gracia, de la tristeza a la alegría” – subrayó.

"El que acompañamos en la imagen del Cristo difunto el Viernes Santo, hoy lo celebramos vivo y Resucitado”. Para Álvarez, no tiene sentido celebrar la Pasión y Muerte de Jesucristo, si no se hiciera en la esperanza que ese acontecimiento es como una “medicina”. Cristo es el remedio que va a la raíz del mal y la vence- continúo explicando.

“Hemos pedido a Dios y nos ha dado ‘un corazón y espíritu nuevo’, tras habernos purificado de los pecados. Renovados y rejuvenecidos queremos seguir adelante”- continuó. Por lo que, la Semana Santa no es un paréntesis, sino una preparación para emprender una vida nueva.

Álvarez Afonso recordó el contenido de su mensaje de pascua. «Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, elprincipio y el fin. Al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente». "Hecho está". Dios ya ha puesto su parte y no se vuelve atrás. La fuerza salvadora de la resurrección de Cristo es para todos. Nadie está excluido. Él quiere que todos se salven” - subrayó.

“Dios siempre nos busca, nos llama a cada uno por nuestro nombre y nos invita a ser sus hijos y por tanto hermanos unos de otros. Nos busca a todos”. Solo pide una cosa a cambio: tener sed. Nos pide dejar la autosuficiencia y reconocer la propia necesidad. Él nos hace sentir su mano cariñosa sobre nosotros y nos dice: «No temas; yo soy Primero y el Último, el Viviente» (Apoc. 1,17)- aseveró.

Finalmente, volviendo de nuevo al mensaje de Pascua, pidió que “con fe, acudamos a Él, pongámonos en camino. Una vida buena, plena y feliz es posible. Andemos desde ahora en una vida nueva. Que el recuerdo de sus obras y de sus palabras sea la luz resplandeciente que orienta nuestros pasos hacia la construcción de la civilización del amor, de la libertad, de la justicia y de la paz”. Con el deseo de paz y alegría terminó el obispo su homilía

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