Viernes Santo: acción de gracias, perdón y solidaridad Destacado

La Catedral acogió los cultos del Viernes Santos. El obispo, Bernardo Álvarez, presidió la celebración que comenzaba en silencio, con el gesto de "postración" por parte del que preside la celebración, delante del altar.

En su homilía subrayó la pertinencia de dar gracias a Jesucristo que "me amó y se entregó por mi"; de pedir perdón porque "con nuestros pecados contribuimos a la cruz de Cristo"; y de la solidaridad con tantas "llagas dolientes y abiertas en la humanidad" que prolongan la pasión de Cristo.

El Obispo invitó a vivir el momento "como si estuviéramos allí". "Se condena a muerte a un inocente porque dice que es Hijo de Dios". Hay en la Pasión un signo muy elocuente. El ajusticiado no responde a la violencia con violencia, sino con amor y perdón. Incluso rezando por los que le hacen daño"- subrayó.

Hay un misterio en la lectura de la pasión- prosiguió el obispo. Dios parece que no está, que ha desaparecido, que es indiferente ante el daño que le hacen a Jesús. No interviene, sino que "convierte la muerte de Jesús en vida y salvación para los propios verdugos".

"Por nosotros y por nuestra salvación, padeció, murió, fue sepultado, resucitó". Este "por nosotros" está muy presente en el Viernes Santos - aseveró.

En otro momento de su homilía, Bernardo Álvarez, manifestó su deseo de que los actos de Semana Santa despierten en algunos la luz de la fe. También se refirió a los presentes en el templo a quienes recordó que "por nosotros" supone que Cristo murió por nuestros pecados, a causa de nuestros pecados y para perdonar nuestros pecados. La Pasión permanece extraña hasta que no se entra a través de la puerta de lo que significa "por nosotros". Si "Cristo ha muerto por mi. Si me amó y se entregó por mí", ello quiere decir, como afirma la Carta a los Hebreros, que "quienes pecan, crucifican de nuevo a Cristo Jesús y le exponen a la infamia". Por todo ello, señaló la pertinencia de acudir a las fuentes de la Salvación.

La Pasión tiene, además, otra perspectiva continuó el obispo Álvarez: Se prolonga hasta el final de los tiempos. Jesús dijo: "lo que hagan a uno de éstos mis hermanos, a mí me lo hacen". "Cristo continúa muriendo entre los acontecimientos trágicos que suceden en cualquier lugar del mundo" - expuso.

Continúa su agonía en tantos, señaló Álvarez recordando no pocas situaciones de injusticia, odio, violencia. "Son las llagas de la humanidad abiertas y dolientes en todos los rincones dolientes del planeta". "Son las llagas de Cristo que siguen abiertas en tantas personas. Llagas que desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanas y hermanos nuestros que tantas veces se les ignora. Llagas que esperan ser obtener alivio y ser curadas por la llaga gloriosa del Señor Resucitado y por la solidaridad de cuantos siguiendo las huellas de Cristo y en su nombre, realizan gestos de amor, se comprometen activamente en favor de la justicia y difunden a su alrededor signos luminosos de esperanza en los lugares ensangrentados por los conflictos, donde quiera que la dignidad humana continúa siendo denigrada y vulnerada. Es de desear, que los que seguimos a Jesucristo multipliquemos nuestra solidaridad con los pobres y los que sufren. Que nos hagamos solidarios de los que tienen que cargar esa cruz tan tremenda en el día a día de la vida".

Para finalizar reiteró el obispo que ante la Pasión de Cristo hay tres actitudes: acción de gracias, pedir perdón y solidaridad.

Después de la homilía se realizó la oración universal, la adoración de la Cruz y se pudo Comulgar a partir del pan consagrado en la Misa del Jueves Santo.

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