Comenzó la Semana Santa: "Por mí, por mi salvación" Destacado

El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. Poco después de las diez de la mañana el obispo seaprestaba a bendecir las palmas y olivos en el exterior de la casa de las Siervas de María en La Laguna. Allí ante numerosos fieles de todas las edades, el prelado nivariense invitaba a acompañar y participar en la procesión litúrgica de este día, camino de la Catedral.

Bernardo Álvarez destacaba la humildad de Jesús que en estos días se adentra en su pasión, muerte y resurrección. Desde esa realidad, exhortaba a los presentes, después de ser proclamado el evangelio del día, a vivir también con humildad, puesto que los cristianos "sabemos que no nos gobernamos nosotros mismos. Tenemos un Dios. Un Salvador. Un Mesías". De ahí que "todo lo que celebramos estos días Santos en calles e iglesias contenga un mismo mensaje: Es por mi y por mi salvación". El Obispo pidió que hiciera cada uno suya aquella afirmación hecha vida por S. Pablo: "me amo y se entregó a la muerte por mi".

A continuación entonando el Aleluya, el Señor es nuestro Rey, se inició la procesión camino de la Santa Iglesia Catedral, donde se celebró la Misa del día cuya liturgia de la Palabra está centrada en la lectura, en esta ocasión, de la Pasión según S. Mateo.

El Obispo centró su reflexión en la llamada oración colecta, aquella que se realiza antes de comenzar la lectura de La Palabra de Dios. Por ello subrayó la pertinencia de "imitar el ejemplo de humildad de Jesucristo" y "aprender las enseñanzas de la Pasión" siendo mejores discípulos misioneros, de modo que podamos así participar de la "resurrección gloriosa".

Álvarez explicó que el Domingo de Ramos concentra en una sola jornada todo lo que se vive en la Semana Santa. Por ello es una especie de "pregón de la Semana Santa" porque anticipa todo lo que se va a celebrar.

Por otra parte recordó que la Catedral está presidida en la cúpula por un Cordero que representa a Cristo. Porque él se ofreció a sí mismo como víctima por la salvación del mundo y de todos -subrayó. Es un sacrificio que ahora se realiza en el altar cuando se celebra la eucaristía. "Por ello, cuando vamos a comulgar decimos: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo".

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