María Dolores López Guzmán: «El sufrimiento no tiene la última palabra, hay vida más allá» Destacado

María Dolores López Guzmán es doctora en Teología Dogmática y Fundamental y profesora en la Universidad Pontificia Comillas. Recientemente visitó la ciudad de Málaga para impartir una conferencia sobre cómo "vendar heridas, aliviar el dolor y vivir los sufrimientos".


“Vendar las heridas, aliviar el dolor: el oficio de consolar” es el título de su ponencia en Málaga, ¿es el consuelo un oficio y todo un arte?
Ciertamente sí. Uno no puede acercarse al sufrimiento de las personas de cualquier manera. La delicadeza, la prudencia, la humildad y el cariño, deberían ser los cuatro pilares que toda persona que quiera “vendar heridas” debe cultivar. Y siendo verdad que algunas personas las poseen de forma natural, siempre será necesario discernirlas y potenciarlas.
Tiene usted toda la razón, nadie quiere sufrir, pero el sufrimiento es muchas veces inevitable, ¿cómo nos podemos preparar?
Lo primero de todo es hacerse consciente de que el dolor existe y forma parte de la vida. Negarlo o intentar sortearlo conduce a la frustración porque tarde o temprano aparece en la vida de toda persona. Lo segundo, afrontarlo desde la convicción de que el sufrimiento no tiene la ultima palabra. Que hay “vida” más allá del dolor. Por eso es clave mantener la esperanza y no dejarse vencer por el desánimo y la sensación de oscuridad. Lo tercero, confiar en que, aun a pesar del sinsentido que pueda haber en el dolor, se puede encontrar el modo de vivirlo que nos ayude a ser más compasivos y más sensibles al sufrimiento de los otros. Por lo tanto, ser mejores para los demás. Y, por último, que en cualquier circunstancia, por muy dolorosa que sea, el amor es siempre más fuerte que el sufrimiento, porque ni el dolor más profundo puede impedirle a nadie apostar por seguir amando.
Si pudiéramos evitar el sufrimiento de nuestros hijos, haríamos cualquier cosa, pero ¿es también importante que los niños aprendan lo que es sufrir, la decepción, que las cosas salen mal...?
Es fundamental. Si se les evita el sufrimiento y no los preparamos para que aprendan a experimentar el dolor y a manejarse en situaciones complicadas, estaremos incapacitándolos para la madurez, y cada vez que se encuentren en momentos difíciles se vendrán abajo y cuestionarán la existencia de Dios como incompatible con su existencia y su bondad. Aunque es doloroso para nosotros, debemos permitir que se forjen también en la dificultad y el dolor. Intentar a toda costa que no conozcan el sufrimiento es un error que los hijos pagan caro.
Entonces, ¿por qué se valora tanto el éxito, que todo nos vaya bien?
Porque todos necesitamos y buscamos ser aplaudidos, reconocidos y admirados. Y porque el ser humano no está “hecho” para el dolor sino para el amor, y por tanto, para el “bien-estar” (pero no el bienestar económico sin más, sino para la bondad, el bien y la belleza). Hemos sido creados para vivir en paz, armonía... Hasta llegar ahí el camino puede estar lleno de dificultades, pero nuestro fin no es el sufrimiento ni lo que nos causa desagrado y malestar.
Una última pregunta, en la Iglesia hablamos del valor del sufrimiento y el dolor, ¿cuál es?
Para entender esta cuestión es importante diferenciar el tipo de dolor que estamos viviendo. Porque no todos son iguales ni pueden ser tratados de la misma manera. El sufrimiento que tiene valor es el que se asemeja al de Jesucristo. Eso quiere decir que es valioso aquel que nace como fruto del amor. Amar es un riesgo, expone a la persona. Quien ama a “corazón abierto” se cansará, será objeto de comentarios y murmuraciones, pedirá perdón por sus ofensas, pondrá la otra mejilla ante el mal que recibe...

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