Málaga, una Iglesia de brazos abiertos Destacado

La llegada del Aquarius y el Open Arms ha llevado a primera plana la llegada de inmigrantes a nuestro país, que ha recibido por mar en el mes de junio a más personas que Italia y Grecia juntas. Muchos de ellos llegan a la Diócesis de Málaga y encuentran respuesta en la Iglesia.


Málaga está en la primera línea de la inmigración: en lo que va de año casi 1.500 personas han llegado a nuestra costa, el doble que en el mismo periodo de 2017 y cinco veces más que en el año anterior.
En estos meses, la Diócesis de Málaga no ha sido ajena al sufrimiento que hay detrás de cada una de esas personas y ha expresado su dolor por la pérdida de vidas humanas que deja la migración irregular, como la de los veinte inmigrantes subsaharianos ahogados a cuatro millas de Melilla en el mes de febrero y la de otros cuatro en el mar de Alborán en el mes de junio. «No debemos permitir que la frecuencia de estas tragedias termine insensibilizándonos», expresaban en un comunicado conjunto la Delegación Diocesana de Migraciones y Cáritas Diocesana. «Son hermanos nuestros y no “material descartable”.»
En nuestra diócesis, la Iglesia viene trabajando para llevar a la práctica los cuatro verbos propuestos por el papa Francisco en su último mensaje para la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado: acoger, proteger, promover e integrar.
En la acogida, destaca la labor realizada por las parroquias, a cuyas Cáritas han acudido, en 2017, 11.237 personas, de las que el 39% eran inmigrantes. Además de la escucha y acogida inicial, se atienden sus carencias con ayudas concretas, para cubrir sus necesidades básicas. Gracias a Cáritas Diocesana, hay 41 personas acogidas en pisos de reinserción sociolaboral de inmigrantes, además de estar también presentes en los centros sociosanitarios (para personas mayores con carencias económicas y familiares, personas enfermas de sida, ex-reclusos o personas que viven en la calle). Además, Cáritas pone a disposición de ACCEM y CEAR 17 viviendas para refugiados, en las que han sido acogidas 105 personas en 2017, y la Casa del Sagrado Corazón, “Cottolengo de Málaga”, ha acogido ocasionalmente a personas llegadas en pateras ante la petición de las administraciones públicas.
En la protección, la Diócesis trabaja en coordinación con otras asociaciones civiles que defienden los derechos de los migrantes, y en la atención directa, un equipo jurídico de Cáritas atiende las consultas de las personas atendidas en las parroquias y en los Servicios Generales.
En la integración, la Iglesia Católica trabaja para que los inmigrantes se sientan uno más en la sociedad y en la Iglesia. Para ello, organiza, a través de la Delegación de Migraciones, una convocatoria pública cada mes para que la ciudadanía reflexione y ore sobre ellos y su situación. El “Círculo de Silencio” se empezó celebrando en la capital, pero se ha extendido también a las localidades de Arriate, Churriana y Alhaurín de la Torre; y a la Ciudad Autónoma de Melilla.
En la promoción, muchas parroquias ofrecen talleres y orientación para el empleo, clases de español para adultos y refuerzo escolar para los niños. En 2017 participaron 6.870 personas, de las que el 66% eran inmigrantes.

Ana María Medina