Pisos tutelados de los Hermanos de San Juan de Dios

El Centro Asistencial San Juan de Dios lleva 22 años trabajando con éxito en Málaga la inserción de estos pacientes a través de un entorno doméstico y comunitario tutelado por profesionales sanitarios que favorece sus capacidades de autogestión y responsabilidad.

La oportunidad de vivir en comunidad para fomentar entre ellos valores como la responsabilidad y la colaboración es la mejor manera de trabajar por la desestigmatización del paciente de salud mental. Así lo demuestran los 22 años de existencia del dispositivo rehabilitador externo del Centro Asistencial San Juan de Dios, dedicado a la integración social de personas con problemas de salud mental en la sociedad malagueña.

El Centro Asistencial San Juan de Dios de Málaga es un referente en la atención a personas con problemas de salud mental en Andalucía. Actualmente, solo en el área de Salud mental cuenta con varios módulos que abarcan desde el ingreso, para la observación del paciente; corta estancia; alta dependencia; rehabilitación; y el módulo de rehabilitación externa, también conocido como ‘pisos en comunidad’.

Estos pisos en comunidad forman parte de un dispositivo destinado a personas con estabilidad psicopatológica, sin trastornos de conducta y un mayor nivel de funcionalidad. Porque los problemas de salud mental abarcan una horquilla muy amplia y diversa de patologías y trastornos y los pronósticos de cada uno de ellos pueden ir variando hasta la estabilización.

El dispositivo de rehabilitación externa de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Málaga se inauguró en 1996 y actualmente cuenta con 21 plazas y seis viviendas tuteladas por profesionales que les prestan cuidados integrales bajo el abrigo de un hogar. El director médico del centro, Diego Arenas, sostiene que esta experiencia, que se realiza en otros países, “contribuye a que los residentes estén mejor atendidos y se sientan mucho más integrados socialmente”, pues considera que la integración y socialización de los pacientes juega un papel muy importante en la mejora de su enfermedad.

Todos deben asumir las tareas cotidianas que se llevan a cabo en cualquier hogar, durante cualquier convivencia, es decir, desde lavar la ropa hasta hacer la compra, dedicar tiempo a sus aficiones, administrar el dinero propio y el comunitario, etc.

El paso de la hospitalización a la convivencia diluye de alguna manera los roles de paciente y doctor, de forma que se crea un ambiente más distendido que favorece el tratamiento y el crecimiento personal de los pacientes. Además, durante su etapa de convivencia en el piso, los pacientes, gracias al trabajo terapéutico que establecen con los profesionales sanitarios que intervienen en su proceso, ganan confianza en sí mismos, creciendo en autoestima y dignidad, de manera que se potencia de forma significativa, capacidades como la responsabilidad o la cooperación. El hecho de que, en una misma vivienda, en un entorno doméstico normalizado, convivan un grupo de cuatro o cinco pacientes, permite crear entre ellos una red de apoyos, responsabilidades y corresponsabilidades que hace que mejoren en tolerancia y reduzcan la dependencia institucional.

Una convivencia tutelada por profesionales

Las 21 personas que forman parte de este módulo están en situación de estabilidad con respecto a su enfermedad y mantienen conductas normalizadas, lo que permite que el proceso de integración social pueda llevarse a cabo sin problemas. Además, continúan participando en talleres y actividades ocupacionales y formativas tanto en el Centro Asistencial San Juan de Dios, como en otras instituciones comunitarias, de manera que fomentan su capacidad de relación, de resolución de conflictos y de manejo social.

Los usuarios de este módulo están acompañados durante las 24 horas del día por auxiliares de enfermería que se desplazan y conviven con ellos, además de la coordinadora asistencial, los psicólogos, facultativos y la trabajadora social que los acompañan en este proceso integrador.