La catequesis y la realidad

CARTA ABIERTA. Manuel Márquez Córdoba, delegado diocesano de Catequesis. Con motivo del Día de la Catequesis, el 15 de octubre de 2017.

La catequesis, en teoría, se sitúa después del anuncio misionero y tiene la misión de consolidar y madurar la fe inicialmente despertada en todos aquellos que han sentido la necesidad de conocer a Jesús y vivir el Evangelio, para hacerlos cristianos.

Pero la realidad es otra, guste o no, porque en estos momentos, la mayoría de los destinatarios de la catequesis (niños, jóvenes y adultos) no tienen interés por conocer a Jesús y su mensaje de salvación.

Solo quieren recibir los sacramentos bien por la fiesta y los regalos, o en este momento, porque quieren ser padrinos o madrinas de bautismo o confirmación. Así asisten a la catequesis porque no les queda más remedio, aguantando todo lo que se les dice, aunque no estén de acuerdo, con la esperanza de que todo lo que comienza también acaba. ¡Es duro para los catequistas compartir su experiencia con personas que están esperando, con impaciencia y desinterés, que termine de hablar!

¡Que difícil le resulta al catequista conectar con un niño/a que no sabe ni porqué ni a qué viene, seguramente por la edad y porque nadie le ha despertado a la fe! Suelen venir por los amigos, porque algún familiar se lo ha pedido… Y si preguntas, son muy sinceros: “para hacer la primera comunión”, y el cura piensa “y la última”, porque después desaparecerá. Es duro para un catequista comprobar que, a pesar de su esfuerzo, no consigue conectar con los niños, porque no les interesa. O ver cómo los niños dejan de asistir a la catequesis sin despedirse.

Qué duro es para el catequista pedir a los padres que colaboren, y escuchar cada día con más frecuencia esta frase: «Yo no creo, es el niño el que quiere ‘hacer la comunión’. Es más, le he dicho que si es por los regalos, que no se preocupe, que yo lo llevo a Disney». Unos padres que recibieron el sacramento del matrimonio, y que, con el bautismo de sus hijos, se comprometieron a educarlos en la fe… Cuando se lo insinúas, descubres que ni están casados, ni han bautizado a sus hijos… ¡qué puede hacer un catequista en menos de una hora a la semana, frente al ejemplo diario de toda una vida!
Hermanos, la realidad es dura, siempre cuestiona y si intentamos darle respuesta, muchas veces transforma. Hablar claro no es ser pesimista, sino realista, para vivir en la verdad.

Manuel Márquez Córdoba