Contagiados de fe y esperanza en Honduras Destacado

Este verano, los lectores de DiócesisMálaga podrán disfrutar de una nueva sección: “El verano de mi vida”. En este nuevo espacio ofrecerán su testimonio personas de distintos ámbitos de la Iglesia malagueña que han vivido veranos cargados de espiritualidad. Un seminarista que ejerce de voluntario en las Hermanitas de los Pobres; un matrimonio que realiza unos ejercicios espirituales o una profesora que lleva a sus alumnos al Camino de Santiago nos acercarán sus experiencias de encuentro con Dios y los hermanos.
ANA GALACHE Y ÁNGEL TORRICO, ESTUDIANTES DE MEDICINA


Resulta difícil ponerle palabras a una experiencia tan profunda como la que ha significado para nosotros irnos a Honduras. Gracias a un proyecto de Cooperación Internacional entre la UMA (en nuestro caso desde la Facultad de Medicina) y la ONG ACOES, hace justo un año nos desplazábamos hasta allí para poder conocer una parte de la realidad hondureña, durante dos
meses.
ACOES, fundada por el Padre Patricio Larrosa, trabaja en las zonas más desfavorecidas del país, allá donde nadie más llega. No solo realiza una importante labor asistencial a unos 50.000 hondureños, sino que además lleva a cabo una gran labor evangelizadora. Como planteamiento inicial, nuestro proyecto se basaba en colaborar con una clínica de atención primaria recientemente abierta por la ONG, y conocer, además, la situación sanitaria desde el punto de vista hospitalario y rural. Pero, una vez que estás allí, te das cuenta de que lo más importante que puedes ofrecer no son solo tus conocimientos profesionales, sino que es incluso más importante poner en servicio nuestra vida a través
de la escucha, la comprensión, la cercanía y el amor, ya que todo se resuelve cuando se comparte y se sirve como hace Jesús en el Evangelio. Él mismo fue el primero en mostrarnos que aquellos que menos tienen, son las personas más ricas en espíritu y eso se siente de una manera muy especial entre nuestros queridos hondureños.
Quizás nuestra acción aislada no produjera grandes cambios, pero la cadena humana solidaria que allí se ha formado contagia de fe y esperanza a todo el que la descubre.

Ana María Medina