Vivir en la Iglesia de Jaén un Nuevo Pentecostés

En este tiempo de gracia de la Misión Diocesana, es para nuestra Iglesia de Jaén como un nuevo Pentecostés. Así lo vivimos ayer en la parroquia de La Guardia.


Antes de ser recibida la Cruz de la Misión, que nos llegaba desde la parroquia hermana de Pegalajar, los niños y adultos de La Guardia, hacían suyo el sencillo lema que presidia la parroquia: “La Guardia en Misión”. De esta forma, en el corazón y mente de cada uno de los que allí estaban quedaba claro que esto de la Misión, no era algo venido de fuera, sino que nos toca a cada uno: “cada cristiano es un misionero”. Los niños tomaban conciencia de ser “pequeños misioneros” que quieren ver el mundo lleno, lleno de amor y de Dios.
La Cruz de la Misión fue recibida bajo el clamor de un pueblo que cantaba “alma misionera”; la alegría, el gozo, las palmas y la fiesta llenaban el convento al paso de la Cruz de la Misión. Una vez que quedó instalada en el centro del altar, se dio comienzo a un sencilla, pero emotiva oración con los niños. Una pequeña historieta hacía ver a niños y mayores que somos en La Guardia “pequeñas velas” que reciben la luz de Cristo y que nos vamos gastando desde dentro, que vamos consumiendo nuestras vidas, al tiempo que vamos irradiando la Luz y el Amor de Dios.
Finalizada la oración, formamos ese cortejo de discípulos y misioneros en torno a la Cruz de la Misión, casi un centenar de niños llenaban las calles de color, de júbilo, cantos y palmas en el recorrido de la Cruz de la Misión por las calles de La Guardia. Solo un mensaje era claro en la tarde de ayer: “La Guardia está en Misión”. El recorrido de la Cruz finalizó en la Iglesia de la Coronada. Allí quedó la Cruz y se dio comienzo la Adoración del Santísimo. Una hora de fijar los ojos en el Señor; un tiempo de oración para dejar que Cristo no atraiga hacia Él; un momento para renovar nuestro amor al Señor. Pero, sobre todo, un momento de abandono confiado en el que el clamor del pueblo era “Cuenta Conmigo Señor”.
La tarde del 5 de febrero se cerró con la celebración de la Eucaristía, culmen y centro de la vida cristiana, alimentados de la presencia de Jesús Eucaristía y nutridos de su Palabra de vida, renovamos nuestro compromiso de ser en la Iglesia del Señor fermento en la masa, luz en un monte alto, heraldos que anuncien la buena nueva, hombre y mujeres que solo tienen un mensaje que llevar: Todos somos amados en el corazón de Dios.
Quiero, como párroco de esta comunidad y unido como pastor a mi pueblo, entrar en el Año de la Misión con lo ojos fijos en Aquel que nos amó y se entregó por nosotros. La Virgen del Rosario y San Sebastián sean intercesores en esta hermosa misión de llevar y anunciar el gozo que nos trae el Evangelio.
Juan Pedro Moya
Párroco