La Parroquia de San Pedro Poveda vive una Intensa experiencia de Comunidad y encuentro con el Señor en el Camino de Santiago Destacado

Durante el curso 2017/18 en la Parroquia de San Pedro Poveda de Jaén nos propusimos trabajar como prioridad la familia. Diez matrimonios de nuestra Parroquia junto con el párroco participaron en la experiencia del Reloj de la Familia que las Comunidades de Vida Cristiana (CVX) de los jesuitas llevan años difundiendo.

Fruto de esta preocupación decidimos organizar actividades y experiencias que tuvieran como sujeto a la familia entera, padres e hijos. Entre otras propuestas, optamos por realizar a finales del mes de julio el Camino de Santiago en Familia. Para ellos nos pusimos en contacto con Proyecto Ulises, una asociación cultural de Córdoba, especializada en este tipo de eventos.

El día de Reyes de 2018 dimos a conocer la iniciativa sólo entre los catequistas de niños, jóvenes y adultos y los voluntarios de los diversos ministerios de la Parroquia: coros, Cáritas, Manos Unidas, Lectores, Alpha... Ese mismo día se inscribieron 120 personas y en los días siguientes llegamos a 150 y tuvimos que detener el proceso de inscripción porque nos parecía bastante complicado movilizar a tantas personas. La organización estuvo conforme con la viabilidad de la propuesta, y seguimos adelante. En marzo, tras una reunión explicativa de los responsables de Proyecto Ulises con las familias inscritas, dejamos pagada la peregrinación: 1080 € para una familia de dos adultos y dos niños (y el mismo precio si tenían tres o cuatro hijos). Al final, forzando un poco las cifras, hemos vivido la experiencia un total de 166 peregrinos: 68 adultos y 98 hijos con las siguientes edades: Ed. Infantil: 6; Primaria: 40; Secundaria: 30; Bachillerato: 11; Universidad: 11; padres de 31 a 40 años: 4; padres de 41 a 50 años: 54; mayores de 51 años: 10.

Conforme se acercaba el viaje comenzamos a entrenar y a caminar en grupos, y a preparar colchones, infladores, calzado, toallas, etc. La idea, en principio, nos la planteamos de manera idílica y simple: "¡Nos vamos de aventura con nuestros hijos a disfrutar del Camino de Santiago!". Pero cuanto más se acercaba la fecha más dudas y dificultades nos surgían: ¿Cómo vamos a dormir en el suelo? ¿Dónde cogeremos agua durante el camino? ¿Habrá enchufes para cargar los móviles? ¿Y duchas y aseos suficientes?... Lo cierto es que vivimos en una sociedad consumista que no deja de crearnos necesidades superfluas para después satisfacérnoslas, previo pago ¡claro está!

¡Por fin llegó el día! El sábado 21 de julio por la tarde nos reunimos en la Parroquia para celebrar la Misa, saludarnos, conocernos y sobre todo suplicar al Señor que nos cuidara. Queríamos dejar clara nuestra intención: No íbamos de turismo ni de mero senderismo, sino en peregrinación, en búsqueda de las fuentes de la fe en Jesucristo. Santiago fue discípulo de Jesús, amigo íntimo del Señor, y también nosotros queríamos recomenzar desde Galilea, como rezaba nuestro slogan: "El turista viaja, el senderista anda, el peregrino busca".

El domingo 22 de julio, a las 6 de la mañana, nos subíamos los 166 peregrinos a los tres autobuses de 59 plazas. A pesar de que habíamos avisado de que sería bueno no llevar exceso de equipaje, todos aparecimos con nuestros maletones (repletos de cosas, ¡por si acaso!), los mismos maletones que tuvimos que cargar, descargar y trasladar los ocho días, para descubrir que ciertamente no son necesarias tantas cosas en el viaje de la vida.
Sabíamos que el primer día era duro y pesado porque teníamos que hacer unos 1.000 km desde Jaén hasta el Ferrol (Coruña), pero lo cierto es que llegamos al destino antes de tiempo. Nos esperaban unas instalaciones muy amplias, pero nada que ver con un hotel de 3 o 4 estrellas. Al principio todos estábamos bastante cortados y extrañábamos a los vecinos, pero la ilusión de llegar a Santiago, de hacerlo en familia y con tu comunidad parroquial era suficiente para mantener la moral alta. Tras una presentación del equipo de organización (guías del camino, monitores de niños, cocina...) nos fuimos a dar una vuelta por la ría... Esa noche estábamos muy cansados: cena y pronto a la cama.

El lunes 23 de julio amanecimos radiantes, con un sol que acompañaba y un tiempo muy favorable. Desayunamos, rezamos laudes y con la bendición de los peregrinos, comenzamos el Camino. Este primer día fue casi un paseo, con la única salvedad de que nos hizo calor al final y comenzamos a tostarnos un poco. Llegamos al nuevo polideportivo de Neda junto al río y, tras una cerveza o refresco fresquito, nos acomodamos con más rapidez. Esa tarde hubo tiempo de paseo y un buen rato de reunión en familia para reflexionar sobre nuestras metas y objetivos en la vida. Tras la cena, tuvimos un bello rato de oración de vísperas con bastante participación.

El martes 24, tras el rezo de laudes, realizamos la segunda etapa: otro paseíllo de 16 km, alguna cuesta, pero poca cosa. Llegamos al bello puente que da nombre a la ciudad de Pontedeume, famosa por sus playas y su gastronomía. Dio la casualidad de que estaban de fiestas pues el patrón del pueblo es el apóstol Santiago. La tarde la dedicamos a recorrer esta preciosa villa turística y a degustar la gastronomía gallega. Por la noche, concierto en directo en la plaza del pueblo: ¡No había quien acostara a la juventud! Al final, hacia las 11 de la noche: breve oración y a dormir.

El 25 de julio, fiesta de Santiago Apóstol, nos esperaba una desagradable sorpresa: 21 km de cuestas arriba y abajo, a modo de montaña rusa. Algunas no eran cuestas, sino paredes. Para hacernos una idea: sería como subir al Castillo de Jaén y bajar tres o cuatro veces seguidas... Cuando llegamos a Betanzos, un pueblo importante que en la antigüedad era la capital de una de las siete provincias de Galicia, apenas pudimos disfrutar de sus bellos monumentos. Este día empezamos a darnos cuenta de donde nos habíamos metido, y de la dureza del Camino. Tras comer y descansar un poco, nos arreglamos y nos fuimos a pasear. A las 7 de la tarde tuvimos la Misa del Apóstol Santiago en la Iglesia del Convento de las Agustinas Recoletas que nos dieron una entrañable acogida. La Misa en comunidad nos levantó la moral pues nos recordó la meta y el objetivo principal de nuestra peregrinación. Tras la Misa, un paseíto y a cenar. Por la noche, bastante cansados tuvimos otra preciosa dinámica en familia: partiendo de las flechas y las señales del Camino, reflexionamos sobre las señales que hemos de saber aprender a leer e interpretar en nuestra familia.

El jueves 26, al igual que el 25, también madrugamos algo más. Si la etapa del día de Santiago fue dura por las cuestas, la de Betanzos a Bruma fue con diferencia la más larga y la más dura: además de algunas cuestas esta etapa de 30 km nos llevó en torno a siete horas, con dos breves descansos. Muchos sintieron el cansancio de ambos días. A algunos se les acumulaban las ampollas, otros tenían dificultades para caminar, al grupo le costaba caminar unido... La pregunta más frecuente era "¿Cuánto queda?", y la respuesta que nos daban los guías era de estilo gallego: "Como un kilómetro y medio". Fue, sin duda, el día más duro, algunos sintieron la tentación de tirar la toalla, mientras otros se preguntaban qué sentido tenía seguir caminando... Sin embargo, a pesar del cansancio, la solidaridad de la comunidad y el apoyo de la familia se hicieron más presentes que ningún día. Nos dimos cuenta de que, al igual que ocurre en la vida, cuando más nos fallan las fuerzas y los propios recursos, más experimentamos la presencia del Señor y la ayuda de los demás... Este día tuvimos la tarde libre para que todos pudiéramos recuperarnos. Casi todos visitamos la farmacia. Y para más inri los mosquitos nos comieron a picotazos. Tras la cena trabajamos en familia la dinámica de los equipajes: en el Camino hemos descubierto que hemos cargado con excesivo peso; y en la vida ocurre igual: llevamos en la mochila muchas cosas del pasado, muchas culpas, muchas heridas de las que hemos de aprender a desprendernos. Dialogando en familia descubrimos que hay cosas esenciales que nos faltan, mientras otras muchas nos sobran y nos hacen caminar sobrecargados. Estábamos tan cansados que con un canto, el padrenuestro y la bendición dimos por clausurada la velada.

El viernes 27 nos levantamos más ligeros. En la oración de la mañana alabamos al Señor y dimos gracias por su poder que rompe nuestras cadenas. Este día la etapa nos pareció otro paseo comparada con las dos anteriores. Se percibía la alegría interior y comunitaria en los mojones que nos avisaban de que faltaban 30 km, 25 km, 20 km... para Santiago y vislumbrábamos cercana nuestra meta. Además, cuanto más nos acercábamos a Santiago, más bonitos eran los parajes y los bosques que atravesábamos. Este día pernoctábamos en el mismo polideportivo de Ordes y no había que mover equipajes, ni desmontar ni montar de nuevo el campamento... ¡Hay que ver cómo se valoran estas pequeñas cosas!
Desde hacía varios días el grupo estaba cohesionado, habíamos ganado en confianza, y estábamos perfectamente organizados. Teníamos la sensación de tener aprobado el curso 1º de peregrinaje.

La tarde del viernes fue muy tranquila. Llegamos a la meta con buena hora, hicimos pronto la comida y pudimos descansar un poco de siesta. Por la tarde, tuvimos una dinámica muy interesante sobre los miedos y cómo afrontarlos. Durante el Camino, no sólo se pone a prueba la resistencia física, sino que uno descubre la importancia de la fortaleza mental: muchos de los problemas y dificultades que experimentamos los peregrinos en el Camino tienen que ver más con nuestros propios miedos y barreras que con la realidad: ¡Importante lección para la vida! Tras la cena, tuvimos una oración preciosa de acción de gracias comunitaria al Señor. Sabíamos que al día siguiente llegábamos a Santiago y no habría más oraciones comunitarias de Vísperas, por lo que echamos los restos dando gracias al Señor por nuestras familias, por el Camino, por la comunidad, por su Amor...

Llegó el día más esperado: el sábado 28 de julio: la etapa era simplemente de 16 km, un paseíllo, con el aliciente de la llegada a la Catedral de Santiago, a la meta de nuestro Camino... El día amaneció lluvioso, lo que se conoce por allí como orvallo, y en el país vasco sirimiri... Fue una sensación muy agradable y refrescante, que hizo más entretenida esta etapa que transita por verdes bosques de hadas hasta la llegada a Santiago.
La entrada a la Plaza del Obradoiro es indescriptible: al principio, cuesta creerlo; sientes que has cumplido una meta; percibes que han merecido la pena los sacrificios y penalidades; ves la alegría de los compañeros de camino; y al final prorrumpes en abrazos y besos, llenos de lágrimas y emociones con tu familia y tu comunidad. Sabes que sin ellos no habría sido posible alcanzar la meta y que ellos son los ángeles que Dios te ha enviado para hacerte más fácil el Camino... ¡Una metáfora de la vida misma!

Tras una vuelta por los bares y tascas de Santiago, a comer, a ducharse y a aprovechar. Por la tarde, uniformados con nuestra camiseta blanca con el logo de la Parroquia y la concha de Santiago, tuvimos el tiempo justo para ver la Catedral, abrazar al Apóstol, rezar un Credo ante sus reliquias, y dar gracias al Señor por tantos regalos como nos hace. A las 7 de la tarde, foto de grupo en la fachada de la Catedral; y a las 7:30 MISA DEL PEREGRINO, en la que dos miembros de nuestra Parroquia leyeron las lecturas y el párroco hizo una invocación al Apóstol Santiago, discípulo misionero de España, pidiendo su intercesión por la Iglesia de Jaén, por los enfermos, las familias y especialmente por la evangelización para que todos podamos llegar a ser discípulos misioneros como nuestro Santo Apóstol Patrón. El canónigo de la Catedral de Santiago que presidió la Misa tuvo el detalle de nombrar a nuestra Parroquia que estaba presente allí el día de la onomástica de su titular San Pedro Poveda, martirizado el 28 de Julio de 1936.

El resto de la tarde-noche fue libre y cada familia se organizó con amigos para disfrutar de la estancia en la capital autonómica de Galicia, que ese sábado por la noche estaba a tope.

A la mañana siguiente, el domingo 29 de julio a las 6 de la mañana, con algo de sueño y con bastante cansancio, pero con gran paz y unción, nos subimos a los autobuses. Durante varias horas todo fue silencio para dormir, descansar o meditar todo lo vivido que parecía un sueño y una proeza inimaginable, y más aún con tanto niño.

A la ida a Santiago, cada uno de los peregrinos fue llamado al asiento delantero para hacerle entrega de la credencial del peregrino y pedirle que se presentara por el micrófono él y su familia. En el viaje de regreso, cada peregrino -niños incluidos- fue llamado para invitarle a comentar su experiencia del Camino y resumir todo en una palabra, mientras se le hacía entrega de la credencial, sellada por los diferentes lugares visitados, y de la Compostela que acreditaba la realización de su Camino. Los testimonios fueron preciosos y se oyeron bellas palabras-resumen como comunidad, familia, ilusión, superación, alegría, amistad, encuentro con el Señor...

En resumen, ¿qué podemos decir de la experiencia del Camino? Pues que ha superado todas nuestras expectativas; que hemos visto la presencia y protección del Señor durante estos ocho días; que hemos disfrutado de la belleza de nuestra familia, a pesar de sus dificultades; que hemos convivido con gente maravillosa y generosa que ha hecho todo más fácil; que hemos experimentado el poder de la superación, con la ayuda del Señor y los hermanos, caminando por bellas tierras; que hemos vuelto a la vida familiar sencilla sin TV, sin consolas... y que hemos constatado que este tipo de experiencia no sólo es posible, sino deseable y sanadora.

Cuando, a la llegada a Jaén, nos bajamos de los autobuses y tras dar abrazos a todos los compañeros del Camino, había como algo que nos impedía despedirnos, decir adiós y marcharnos... Era como si quisiéramos más de esto... Los testimonios de la semana siguiente en el grupo de WhatsApp del Camino han sido también preciosos y ponen de manifiesto que el Señor ha estado en medio de nosotros y ha caminado con nosotros, abriéndonos nuevas metas y nuevas esperanzas personales, familiares y comunitarias.

Como Parroquia, se nos abren nuevos campos de trabajo: seguir apostando por la familia toda como sujeto; realizar salidas a la naturaleza en diversos formatos; seguir creciendo en comunidad y en seguimiento de Jesús... En fin, como muy bien dice la película The Way: "Nunca es demasiado tarde para encontrar el camino".

Para concluir queremos mostrar nuestro agradecimiento a Proyecto Ulises que se ha encargado de manera excepcional de toda la parte organizativa. Sin ellos no habría sido posible esta maravillosa experiencia del "Camino en familia" y en comunidad.

Julio Segurado Cobos
Párroco de San Pedro Poveda de Jaén