Última oración vocacional del curso

"Id por todo el mundo" Con este lema evangélico nos reuníamos el pasado 8 de junio en la Capilla Mayor del Seminario para rezar por las vocaciones al sacerdocio. En la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno sacerdote, poníamos especial interés en la oración por los sacerdotes y además poníamos en manos del Señor una de las intenciones que el Papa Francisco nos pide que recemos: por la Iglesia perseguida, sobre todo acordándonos de nuestros hermanos seminaristas que sufren esas persecuciones.


La oración comenzaba con un pequeño vídeo que mostraba la realidad de un "seminario clandestino" con sus formadores y seminaristas debido a la persecución. Hay lugares en los que los cristianos no pueden confesar su fe públicamente, y en este caso también nos encontramos con jóvenes que son llamados por Dios para ser sacerdotes y tienen que hacerlo de forma oculta y con medios muy precarios para no sufrir la persecución. Al exponer el Santísimo Sacramento ofrecíamos al Señor esta oración por ellos. Después escuchamos el evangelio (Mt 28,16-20) en el que Jesús envía a sus discípulos a llevar su mensaje y persona a todo el mundo. En la reflexión nos preguntábamos ¿qué vocación tiene el Señor para mí? ¿Qué tengo que hacer para responderle? Solamente abriendo el corazón escucharemos su voz y sabremos la urgencia de llevar el evangelio a todas las personas, mostrándoles la razón principal que no es otra que Jesús ha puesto su mirada en cada uno.

Con un canto vocacional nos disponíamos a ver otro pequeño vídeo. En esta ocasión era el Papa Francisco, nos pedía a toda la Iglesia rezar por la intención de la Iglesia perseguida. Nos hacía la propuesta teniendo en cuenta que es un verdadero reto y compromiso. Nosotros somos como los discípulos llamados a llevar su mensaje de una forma u otra. Con un salmo y con intervalos de silencio para reflexionar y orar le mostrábamos al Señor nuestra disponibilidad para hacer su voluntad, confiando en Él. Después le presentamos al Señor con las peticiones las necesidades de la Iglesia y el mundo, todos juntos nos pusimos alrededor del altar para rezar el Padrenuestro. Finalmente recibíamos la bendición del Señor Sacramentado y dirigíamos a María una oración como modelo de discípulo en Jesús.

Al final de este curso no podemos dejar de agradecer a tantas personas que han pasado por nuestro Seminario para orar por las vocaciones. Desde aquí, desde la Comunidad del Seminario, os decimos que sois nuestra familia y que juntos caminamos con fe hacia el Señor para responderle con generosidad cada día. Os pedimos de corazón que nunca dejéis de pedirle al dueño de la míes que mande obreros, es una tarea de todos. Pero sobre todo el Seminario sigue con las puertas abiertas para llegar a vosotros siempre. Gracias de corazón.

Seminario diocesano