“Cuando se comunica qué se hace y su repercusión en la sociedad, muchos descubren otro rostro de la Iglesia” Destacado

Ha venido a Huelva a hablar de confidencialidad, de transparencia y de sostenimiento. ¿Cuáles son los retos de la Iglesia en este sentido?

Como siempre la Iglesia se tiene que actualizar, según los momentos de la sociedad. Tenemos en España una nueva Ley de Protección de Datos y la tenemos que cumplir. Para ello, hay que explicar cómo se aplica esa ley en el ámbito de las parroquias, de las diócesis. Tenemos que hacer un gran esfuerzo en España por la transparencia, porque sabemos que, cuanto mejor comunicamos lo que hacemos, el dinero que tenemos y en qué lo empleamos, es mucho mejor, además de que es una manera de evangelización. También vamos a hablar del sostenimiento de la Iglesia, de su financiación y de para qué necesitamos el dinero en estos momentos y cómo lo podemos emplear.

La Iglesia por antonomasia la institución de la verdad, porque es eso lo que predicamos. ¿Cree que tenemos por ello un nivel de exigencia mayor?

Creo que sí, es nuestra razón de ser. Tenemos una buena noticia que comunicar al mundo, una noticia que la gente no conoce y, por tanto, con nuestros defectos, tenemos que procurar contar lo que somos y lo que hacemos de la manera más transparente. Sabemos que cuando damos a conocer lo que se hace y la repercusión que tiene para la sociedad, hay mucha gente que descubre ese otro rostro de la Iglesia, que no siempre sale en los medios de comunicación, pero que es cierto y así lo tenemos que hacer.

El ejercicio de la transparencia es un esfuerzo que se nos pide, tanto a los técnicos como a todos los que formamos la familia diocesana. Es por ello que esta formación también la ha impartido a nuestro clero esta semana. ¿No es así?

¡Claro! Tenemos que ir avanzando poco a poco, por ejemplo, en la comunicación económica, donde no siempre somos todo lo transparentes que deberíamos ser. En las parroquias cuesta muchas veces contar esto pero es absolutamente necesario: para que haya comunicación cristiana de bienes, primero tenemos que saber con qué bienes contamos –materiales y espirituales-. Todo eso tenemos que ponerlo a disposición de los demás, que es lo que nos pide el Evangelio, y eso también es un ejercicio de transparencia.

Y, desde su experiencia como vicesecretario de Asuntos Económicos de la CEE, ¿cómo cree ha cambiado la imagen de la Iglesia tras este esfuerzo de los últimos años por la transparencia?

Ha cambiado mucho. Pensar hace un tiempo que todas las diócesis españolas iban a enviar sus cuentas a la conferencia episcopal era algo ilusorio y hace muchos años que las mandan, aunque no tienen obligación canónica de hacerlo; que desde la Conferencia Episcopal se iban a enviar unos auditores para revisar las cuentas y las actividades también parecía algo impensable… Hoy en día, para la memoria que hacemos a nivel nacional se están dando esos pasos. El 70 por ciento de las diócesis ya han sido evaluadas por estas empresas externas. Tenemos que seguir avanzando y conseguir que la Diócesis de Huelva elabore su propia memoria de actividades y su propia rendición de cuenta social.

¿Cómo valora la progresiva concienciación de los fieles respecto al sostenimiento de la Iglesia?

También ahí estamos dando un avance grande. Hay que pensar que sólo uno de cada cuatro euros que se gestionan en las diócesis viene de la asignación tributaria. Los otros tres euros vienen de los recursos que de una forma propia gestiona o administra u obtiene la Iglesia a través de las colectas. Se están dando pasos muy importantes, pero todavía es necesario concienciar. Hay muchos laicos que no se dan cuenta de que con el dinero de la caña que se toman después de misa, si también lo metieran en el cestillo, se arreglarían muchos de los problemas de sostenimiento de la Iglesia.