El centro Naim pone con sus graduaciones una sonrisa final a un año de dificultades

Eran siete, pero dificultades familiares y laborales hicieron que sólo pudieran acudir Antonio, Rafael, Rober y Manolo. Son cuatro nombres que reflejan el gran trabajo que, recién cumplidos sus veinticinco años de edad, desarrolla la comunidad terapéutica Naim. El pasado domingo, 25 de junio, sus instalaciones, ya recuperadas del fuerte azote que padecieron en diciembre por las intensas lluvias y un incendio en las calderas, acogieron la graduación de estas cuatro personas, que ya se ‘destetan’ del centro, para seguir luchando en el camino de la vida con plena autonomía.

No estaban solos Antonio, Rafael, Rober y Manolo, sino muy bien acompañados por sus familiares y arropados por el equipo de monitores que trabajan con los chavales que padecen algún tipo de adicción. El acto de graduación se inició con las palabras del sacerdote Francisco Echevarría, director del centro Naim, quien explicó el sentido de lo que iba a suceder en los momentos posteriores y el orden de tan emotivo acontecimiento.

Seguidamente, se realizó la entrada a la sala de los cuatro graduados con el sonido de fondo de la canción “Vente a la Vida”, que es la misma con la que inician en el centro su proceso de recuperación. El visionado de un vídeo con sus testimonios y recuerdos y las palabras de diferentes personas constituyó el desarrollo de la graduación. En primer lugar, habló un chaval en nombre de los residentes actuales en el centro; a éste le siguió otro que se encuentra en proceso de reinserción y, para completar la perspectiva, hablaron otra persona ya graduada y dos de los monitores del centro.

Muchos de los testimonios hicieron referencia al papel crucial de las familias en el proceso de acompañamiento, por lo que también especialmente afectivas fueron los breves discursos de familiares de cada uno de ellos.

Tras la entrega por parte de Francisco Echavarría (Padre Paco, como cariñosamente le llaman ellos) de una cruz de hierro y el diploma a cada uno con el lema de la casa –“Lo viejo ha pasado, lo nuevo ha comenzado, y todo es obra de Dios”-, se leyó el relato bíblico de la viuda de Naim y se procedió a la escucha de la canción “Héroe”, que todos cantaron con gran emoción. A la finalización del acto de graduación, todos compartieron un aperitivo en el recién estrenado comedor del centro.