“He visto en un asentamiento a niños jugar con una bombona vacía como si fuera una pelota”

Con la Memoria General de 2016 hacemos balance del curso pero, ¿Cómo han ido, especialmente, los últimos meses?


Pues muy centrados en los asentamientos. Hemos celebrado unas jornadas en las que hemos querido poner de manifiesto la invisibilidad en la que viven muchas personas en nuestra provincia y hemos querido cuestionarnos desde el punto de vista político, social y de Iglesia cuál es la respuesta que nosotros damos para que estas personas puedan tener una vida más digna y mejor. Es cierto que estamos trabajando en red con muchas entidades sociales que conocen muy bien el terreno, pero pensamos que sigue habiendo muchas administraciones y mucho mundo social y muchas veces hablamos de boquilla sin saber lo que sufren otras personas.

Aunque tenga que hacer un esfuerzo literario. Si tuviera que describir a alguien un asentamiento. ¿Cuál sería el resultado?

Un asentamiento es un lugar lleno de basura donde se instalan una serie de chabolas hechas con los plásticos de los invernaderos, construidos unos sobre palés, otros sobre la arena y otros sobre cemento, depende de la perpetuidad que vaya tener la chabola que se instala, porque hay algunos que se van y otros que se quedan (estos usan puertas, ventanas o ponen candados para que nadie entre). Colchones, basura, candela, bombonas de butano vacías que sirven de juguete para los niños, porque la hacen rodar como si fuera una pelota. Pino, calor, hace falta sitio donde cocinar o donde coger el agua (contenedores y botellas de productos químicos con el triángulo de advertencia que usan para almacenar el agua para beber)… Miseria.

Los asentamientos no se apartan de nuestra mente, pero hay otras personas que también necesitan atención, como los usuarios de Puertas Abiertas o la Casa de Enfermos de Santa María de los Milagros…

Claro, las necesidades duran 24 horas al día para muchas personas y tanto los servicios diocesanos que tenemos en Cantero Cuadrado como los servicios parroquiales están abiertos todo el año para atender a las personas que más lo necesitan y las más vulnerables.

Y en cuanto a la Memoria, ¿qué nos cuentan los datos?
Bueno, 22.491 personas atendidas en 2016 en la provincia de Huelva y los rasgos siguen siendo los de siempre: familias, desestructuración, falta de empleo, personas sin hogar, migrantes, situaciones complicadas de viviendas…

En muchas ocasiones hemos oído eso de que la pobreza tiene rostro de mujer, así lo han reflejado los datos otros años. ¿Sigue siendo así?

Pues sí. La mujer suele ser la persona que acude a los centros de Cáritas y a las parroquias a solicitar algún tipo de ayuda. La mujer, por su forma de ser, se echa las cosas encima (los hijos, los padres, las personas dependientes) y tiene muchas veces más dificultad a la hora de acceder al mundo laboral.

Siempre decimos que detrás de las cifras y de las situaciones que se dan hay personas concretas, con sus nombres y apellidos y esta Memoria es una buena oportunidad para reflejare el rostro de Dios en cada una de ellas.

Sí, por eso presentamos la Memoria junto con la celebración del Corpus, porque al fin y al cabo significa celebrar la presencia de Jesucristo real en nuestras vidas, que nos anima y nos ayuda a vivir de una forma más comunitaria, superando nuestros egoísmos y nuestros individualismos que tanto están llevando a la sociedad a que nos desinteresemos y a que vivamos con total indiferencia hacia los problemas de los demás y siempre centrados en nuestro ombligo. El Corpus es sentirnos cuerpo a través de la Eucaristía, pero es una celebración para los cristianos muy fuerte, representado en el día de la Caridad.


Hoy por hoy, ¿Cuál es la propuesta y la apuesta de Cáritas?

Cáritas invita a superar el individualismo y el afán de centrarnos en nosotros mismos, a pensar en los hermanos y un poco trabajar lo que es la comunidad, pensando que los demás van a encontrar también en nosotros ese consuelo que uno encuentra cuando vive en familia. La sociedad debería ser un reflejo de todo eso, para sentirnos todos integrados, sin que nadie quede fuera de nuestras miras.