Entrevista a Joaquín Sierra Cervera, formador del Seminario de Huelva Destacado

“La gente acoge a los seminaristas porque ellos les cuentan una experiencia que no está de moda”

“Cerca de Dios y de los hermanos”. ¿Cómo busca el Seminario esa cercanía en su día a día?

El Seminario es un tiempo en el cual el que vas discerniendo la vocación al sacerdocio y, efectivamente, el Señor nos elige para que estemos de una manera especial durante un tiempo con él. Pero no es un estar con el Señor que no quiera implicarse con los hermanos, al revés, si ese encuentro es auténtico, ineludiblemente nos tiene que llevar al encuentro con el otro. En este tiempo, el seminarista se prepara en la oración, en la celebración de la Eucaristía, en su vida espiritual, en su proceso de crecimiento humano para poder servir de una manera mejor al hermano y al necesitado y ayudarlos a crecer en la fe y en tantas dimensiones en las que el hombre de hoy, como el de cualquier tiempo, está necesitado.

La cercanía se trabajará también el día a día, en la convivencia, en la oración…

Sí. Hay algunos que se plantean que en el Seminario tengamos que vivir en comunidad, cuando nuestra realidad como pastores va a ser diferente, pero la Iglesia sigue teniendo muy claro que la formación debe ser comunitaria. Tengamos presente que vamos a ser servidores de la comunión y que vamos a celebrar ese sacramento en el que vamos a alimentar al pueblo de Dios y en ese sacramento se realiza la comunión. ¿Cómo hablar de comunión sin una experiencia comunitaria? Además, el sacerdote se integra a la comunidad presbiteral y eso no se improvisa, sino que son lazos que se cuecen en la oración, en la convivencia, en compartir la fe y en diferentes experiencias, así como en esta campaña del Seminario, que es algo precioso. Yo me acuerdo en mi época de seminarista que esta experiencia me nutría e impulsaba y me reforzaba en la llamada. Todos estos elementos van configurando esa vocación en la que uno, además, comparte la misión con el Obispo, como colaborador suyo. No es una misión personal o particular, sino la misión de la Iglesia y a ella nos sumamos los sacerdotes.

Los seminaristas se están acercando esta semana a las diferentes parroquias, colegios… ¿Cómo se percibe esa cercanía del Seminario y cuál es la respuesta que se recibe?

Podemos pensar que al seminarista no se le acoge del todo bien, pero todo lo contrario. Año tras año tenemos esta experiencia de que los seminaristas son acogidos con alegría y la gente les escucha porque tienen algo que contar, tiene una experiencia que no está de moda y todo eso llama la atención. La gente en las parroquias es más común que esté atenta a las necesidades de su Seminario, pero en los centros educativos los chavales preguntan y les sorprende que todavía haya gente que quiera ser cura.

La campaña contará también mañana sábado con una convivencia vocacional. ¿No es así?

Sí, la tendremos en el Seminario y es una manera de ir trabajando y de presentar esa belleza de la vocación. Hay chavales que intuyen que el Señor los puede estar llamando y es muy importante que como Iglesia les acompañemos y les ayudemos a discernir en un mundo en el que no es fácil escuchar, en general, pero quizás menos la voz de Dios.

El Seminario no es sólo un espacio de formación para los futuros sacerdotes, también es un punto de encuentro dentro de la vida de la Iglesia.

Me gusta mucho esa imagen que acabas de transmitir, porque creo que es importante esa afirmación de que el Seminario es el corazón de la diócesis. Debemos sentir que esta casa no es de unos cuantos, sino que es la casa de toda la diócesis y de toda la Iglesia; que la gente cuando venga al Seminario esté a gusto.