¡Éste es el día que hizo el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo! Destacado

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«¡Éste es el día que hizo el Señor,
sea nuestra alegría y nuestro gozo!» Salmo 117

Así, hemos cantado con el salmista. Fiel reflejo de nuestra alabanza y alegría en el día radiante de esta mañana. Hoy, como cada Domingo de Pascua, la Iglesia celebra el don recibido de Dios. Nos trae de la muerte a la Vida. Nos trae a quien nosotros hemos facilitado la muerte, nos lo devuelve victorioso. «¿Donde está, muerte, tu victoria, dónde tu aguijón?» 1 Cor 15,55. Con su victoria sobre la muerte entramos de lleno en la resurrección que hoy se anuncia. Hoy participamos de la Vida Eterna en la que Jesucristo fue garante.

El dedo de Dios ha apuntado a la humanidad para divinizarla, para elevarla, para rescatarla, nos dice San Ireneo y lo secundan los santos padres.

Esta mañana de Pascua, nos ha de poner en camino, como a las santas mujeres, al lugar donde estaba Jesús. ¿Dónde lo han colocado? ¿Dónde lo hemos colocado? En nuestra vida, Jesús ha estado presente y lo hemos recibido por medio del Bautismo, lo hemos recibido en nuestra primera comunión, lo reafirmamos y celebramos en numerosos sacramentos de salvación. Pero el mal, el pecado, hace que ocultemos y velemos su presencia.

Busquemos esta mañana la luz de su presencia. El cirio que encendíamos anoche, es Jesucristo Resucitado. Visible como un estandarte en esta cincuentena pascual. Será faro que ilumine y guíe las sombras de nuestro camino. Pongamos en El nuestra esperanza. Será el Camino seguro que nos conduzca hacia Dios, la Verdad eterna que nos hará libres, la Vida sin fin que nos colmará de alegría (Cfr. Prefacio de Jesucristo, Divino Maestro).

Busquemos al Señor porque Él sólo tiene palabras de vida eterna. Hay quien se mantiene y prefiere quedarse en un espíritu de derrota ante los hechos que acontecen. No podemos vivir bloqueados por historias pasadas, por la incertidumbre que nos rodea o quejándonos constantemente de los males que nos acechan e intentan lastimar el costado de nuestra felicidad.
La resurrección de Cristo es una gran noticia y una alegría que ha de llevar al discípulo a ser testigo de su misericordia. Testigo del amor que Dios nos ha tenido y que nosotros hemos de transmitir a nuestros hermanos. Nos hacemos eco de la referencia constante del Santo Padre, el Papa Francisco a la misericordia y al testimonio ¿De qué nos sirve alimentarnos de él y no poner por obra las cosas aprendidas?

La Resurrección de Cristo es una llamada a seguir adelante. Una llamada a mirar la luz que anoche se encendía en la Vigilia Pascual.

Buscamos al Señor porque, en medio de tanta negatividad, y explosiones violentas que hay en nuestro entorno, la Resurrección es una gran noticia. Un surtidor que, al acercarnos hacia Él con fe y confianza, nos contagiamos inmediatamente de su luz, de su fuerza y de su futuro.

En este día de Pascua, todos tenemos una gran misión: animar a los demás a disfrutar y a ser conocedores de los frutos de la Resurrección. Esta mañana de Resurrección es una llamada a mirar a Cristo e intentar llevarlo a nuestro ambientes. La aurora de este día, del triunfo de la vida sobre la muerte, nos llena de inmensa alegría. ¡Hay que aprender a estar alegres en medio de la adversidad! Entre otras razones porque, los cristianos, poseemos la alegría de la fe. La alegría de un Cristo con rostro glorioso, la fecundidad y el amparo que sus Palabras nos traen.

Que la luz de Cristo Resucitado, lejos de apagarse, se mantenga encendida con nuestro testimonio, con nuestras actitudes positivas, con nuestros pequeños detalles.

Que el grito, que desde hace más de veinte siglos decimos los cristianos en estas tierras accitanas: ¡Resucitó! ¡Aleluya, aleluya!, siga cruzando fronteras y continentes. Pero, sobre todo, que nosotros vivamos y estemos convencidos de la presencia del Señor resucitada y resucitadora.

¡Feliz Pascua de Resurrección, hermanos! ¡Feliz Pascua de nueva vida!