José Francisco Serrano: "estamos llamados a ser una comunidad «en salida»" Destacado

Cuando leemos el Evangelio observamos que se nos pide a todos los cristianos que seamos personas que vivamos en contacto con el mundo, que pisemos tierra y que seamos creativos a la hora de anunciar un mensaje que no ha caducado después de dos mil años. Una petición tan sencilla pero que el mismo hecho de plantearla cuestiona nuestro trabajo y el objetivo último de nuestras acciones. En nuestro quehacer diario es fácil quedarse en el escaparate, en lo superfluo, en lo externo y desde ahí plantear aquello que queremos, pero cuando toca aterrizar... ¡cuánto cuesta!.

Este verano he tenido la ocasión de compartir con un grupo de muchachos del Secretariado de Infancia y Juventud de nuestra diócesis, el trabajo en primera persona de Patricio, Ramón y Andrés. Sacerdotes diocesanos de Guadix que están en Honduras dedicados, en cuerpo y alma, al servicio de la educación, la sanidad y la atención pastoral, respectivamente. Al igual que José Luis Campoy en la ONG Solidaridad Honduras intentan aliviar, la situación de marginalidad que encuentran en los barrios de Tegucigalpa y del resto del país.
Cuatro personas que trabajan, en la medida de sus posibilidades, por menguar las fronteras de la desigualdad, dando una oportunidad a quienes menos tienen, menos saben y menos pueden. Son muchos los proyectos que tiene entre manos, y es mucha la creatividad que muestran para estirar la productividad del último céntimo. Pongamos un ejemplo en cada uno de ellos.
Patricio, ofreciendo hospedaje a los estudiantes que no tienen posibilidades de acercarse a los institutos y a la universidad, casas llamadas Populorum Progressio. Allí estudian y viven muchachas y muchachos con escasos recursos económicos. Ellos son quienes administran y gestionan cada una de las Populorum: Divina Providencia, San José, Santa María, San Francisco de Asis, San Eugenio, Santa Teresa de Calcuta, Santa Teresa de Jesús, Santa Clara, San Fermín, Padre Damián, San Juan Apóstol, San Antonio de Padua, Santa Rosa y Santa María de la Paz. Catorce residencias en distintos lugares del país, por nos hablar de las guarderías en diferentes barrios, colegios y las 10.000 comidas que reparten a diario.
El tema de los enfermos lo atiende Ramón con el proyecto Betania. Un consultorio de atención a las personas con menos recursos. Y la atención a los hospitales de la ciudad.
Andrés se prodiga en el cuidado espiritual de una parroquia, Sabana Grande, cercana a la capital catracha. Ha puesto a disposición de quien lo solicita un servicio de microcréditos donde los beneficiarios son mujeres que se encargarán de llevar a cabo el proyecto devolviendo parte de aquello que han solicitado.
Y José Luis dedicado a la educación y atención de personas con discapacidad en Tegucigalpa y un comedor para niños en Oropolí, lugar a noventa kilómetros de la capital pero a dos horas de camino.
Cuatro personas que hacen que las fronteras de este mundo desaparezcan en los detalles concretos y diarios. Cuatro personas que son evangelio vivo de aquello que Jesús anunció y sigue vigente en nuestros días. Cuatro personas que se desviven por acercar la mano de Dios a quiénes más lo necesitan.
En nuestra tierra y en nuestra ciudad de Baza también es necesario la colaboración para erradicar las situaciones de desigualdad y pobreza, ¡que las hay!. Y también estamos llamados a ser creativos, a ponernos en camino, a estar dispuestos, a ofrecer la mano ante quien se siente discriminado y abatido en la cuneta. A ser una comunidad «en salida», que gusta de abrir sus puertas y acoger a quienes soliciten y tengan necesidad. Éste es el espíritu que ha de inundar Cáritas, ésta es su misión.
José Francisco Serrano Granados

Vicario General
(Artículo para la revista de Cáritas Interparroquial de Baza)