Nos preparamos para la jornada de las familias. Del capítulo 4: «El amor en el matrimonio» (viernes 9-VI-2017)

“Sin violencia interior"

103. Si la primera expresión del himno nos invitaba a la paciencia que evita reaccionar bruscamente ante las debilidades o errores de los demás, ahora aparece otra palabra —paroxýnetai—, que se refiere a una reacción interior de indignación provocada por algo externo. Se trata de una violencia interna, de una irritación no manifiesta que nos coloca a la defensiva ante los otros, como si fueran enemigos molestos que hay que evitar. Alimentar esa agresividad íntima no sirve para nada. Sólo nos enferma y termina aislándonos. La indignación es sana cuando nos lleva a reaccionar ante una grave injusticia, pero es dañina cuando tiende a impregnar todas nuestras actitudes ante los otros.

104. El Evangelio invita más bien a mirar la viga en el propio ojo (cf. Mt 7,5), y los cristianos no podemos ignorar la constante invitación de la Palabra de Dios a no alimentar la ira: «No te dejes vencer por el mal» (Rm 12,21). «No nos cansemos de hacer el bien» (Ga 6,9). Una cosa es sentir la fuerza de la agresividad que brota y otra es consentirla, dejar que se convierta en una actitud permanente: «Si os indignáis, no llegareis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo» (Ef 4,26). Por ello, nunca hay que terminar el día sin hacer las paces en la familia. Y, «¿cómo debo hacer las paces? ¿Ponerme de rodillas? ¡No! Sólo un pequeño gesto, algo pequeño, y vuelve la armonía familiar. Basta una caricia, sin palabras. Pero nunca terminar el día en familia sin hacer las paces»[112]. La reacción interior ante una molestia que nos causen los demás debería ser ante todo bendecir en el corazón, desear el bien del otro, pedir a Dios que lo libere y lo sane: «Responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición» (1 P 3,9). Si tenemos que luchar contra un mal, hagámoslo, pero siempre digamos «no» a la violencia interior.”

Comentario: La vida es un maratón, no una carrera de corta de velocidad. ¿Soy una brisa tranquilizadora o una tormenta inminente? Debemos equilibrar, priorizar y controlarnos; porque la indignación frente a la injusticia está bien, pero no puede ser actitud de vida permanente pues enferma, destruye y aísla.

Irritarse con facilidad indica que hay un área escondida de egoísmo e inseguridad en donde se supone que debería reinar el amor. El amor siempre te llevará a perdonar en lugar de guardar rencor, a buscar el bien del otro en vez del mal. El amor te alienta a ser feliz y a hacer feliz.

Frente a las circunstancias difíciles en el matrimonio y la vida familiar hay que decidirse a reaccionar con amor en vez e irritación.

Antonio Travé


Nos preparamos para la Jornada de las familias (24 de Junio en Guadix). Cada día se nos ofrece un pequeño texto de La Exhortación del Papa Francisco Amoris laetitia. Nos ayudará un breve comentario que acompañará al texto magisterial. Se trata de que dediquemos un rato a meditar la reflexión del Papa. Quedan invitados los matrimonios a trabajar juntos el texto. Y por supuesto, esta ventana quiere estar abierta a posibles comentarios, reflexiones compartidas, sugerencias. Ojalá que la meditación diaria de Amoris laetitia suscite un diálogo fluido a través de este medio web.